OPINIÓN

Escuela concertada o libertad educativa

La legítima reivindicación de los padres de poder elegir dónde se escolariza a sus hijos no evita que la escuela concertada sea un modelo financiado por el Estado y no por los padres, y modelado por el Estado a través de la extenuante legislación educativa española.

Escuela concertada o libertad educativa.
Escuela concertada o libertad educativa.

"Por la libertad de enseñanza", ese fue el lema de la manifestación que reunió a unas 30 mil personas en Valencia recientemente en defensa de la escuela concertada. En Asturias también se ha organizado otra manifestación. En Aragón van por el mismo camino después de que la Administración también haya cerrado un porcentaje de aulas concertadas.

"Los padres tienen el derecho a poder elegir el centro educativo que quieran para sus hijos"

Algo que no será sorpresa para nadie desde que partidos como Podemos manifestaran en las últimas elecciones autonómicas y locales su intención de priorizar la escuela pública en detrimento de la concertada. De nada vale argumentar que legalmente, según el artículo 108.4 de la Ley 2/2006 de Educación, la educación pública esté compuesta por los centros educativos de titularidad pública y los de titularidad privada en régimen de concierto. En realidad es más importante discutir argumentos de fondo como el frecuentemente utilizado por los partidarios de la concertada: "los padres tienen el derecho a poder elegir el centro educativo que quieran para sus hijos".

Y, efectivamente, España no es el único país que tiene más de un tipo de escuelas "públicas" y, por tanto, cierta capacidad de elección. En Estados Unidos u otros países, además de la escuela pública existen las charter schools, escuelas con mayor autonomía pero subvencionadas, o las magnet schools (escuelas imán), escuelas públicas pero especializadas en algún área en concreto (por ejemplo, tecnología, ciencia o arte), y que tienen el permiso legal de atraer a estudiantes fuera de su distrito escolar con intereses más definidos.

En algunos estados de EEUU y en otros países, además, opera el denominado cheque escolar

En algunos estados de EEUU y en otros países, además, opera el denominado cheque escolar, un programa desarrollado por Milton Friedman en Libertad de elegir y Capitalismo y Libertad, consistente básicamente en que el Estado asigna una cantidad al ciudadano para que este la destine a la escuela que quiera para sus hijos.

Es decir, el de Estados Unidos es un ejemplo de cómo el sistema público puede albergar algo más de variedad en cuanto al sistema de financiación y al proveedor del servicio educativo que el prusiano modelo educativo estatal al que parecen tender algunas Comunidades Autónomas. En este sentido, se crearía un minúsculo abanico de posibilidades de actuación que tienen los padres en lo que a la educación de sus hijos se refiere.

Sin embargo, ¿existe libertad educativa teniendo escuelas concertadas? La legítima reivindicación de los padres de poder elegir dónde se escolariza a sus hijos no evita que la escuela concertada sea un modelo financiado (y por tanto sometido) por el Estado y no por los padres, y modelado por el Estado a través de la extenuante legislación educativa española. Luego esos centros no obedecen a las demandas y preocupaciones de los padres sino a la burocracia educativa y a los intereses políticos. 

La competencia entre diferentes suministradores tiende, precisamente, a utilizar mejor los recursos existentes siempre escasos

A veces se hace referencia a la mayor eficiencia que se deriva de esta variedad en el esquema de provisión de la educación. En EEUU, por ejemplo, es habitual que los defensores del cheque escolar o de las escuelas charter demuestren, a través de diferentes estudios empíricos, que la existencia de la variedad de escuelas abarata la educación. Un hecho que no debería extrañar puesto que la competencia entre diferentes suministradores tiende, precisamente, a utilizar mejor los recursos existentes siempre escasos.

Pero qué decir de España en el que uno de los principales recursos educativos, el propio maestro, opera en un mercado en el que no se puede fijar sus precios libremente. En donde los factores que le son complementarios también están sometidos a infinidad de regulaciones que hacen, en conjunto y en definitiva, que pueda ganarse poca eficiencia con respecto a lo que ocurriría si hubiera mayor flexibilidad (libertad) legal e institucional. ¿Cómo van a modificarse los precios a la baja si, por ejemplo, hay sueldos mínimos impuestos, o al alza, si hay impuestos como el de la Seguridad Social o el IRPF que socava la justa remuneración de la productividad del capital humano?

Al final, no es sólo que exista una leve mejora en la posibilidad de elección o gestión de los centros educativos, sino que cuando existe un sistema de subvención, como en las concertadas, termina por matar la industria sobre la que recae, por lo que mejorar la elección de centros moldeados bajo el mismo patrón es una mejora insustancial si la comparamos con lo que ocurriría si lo que reclaman los padres de la concertada realmente existiera: libertad educativa.

Si quien paga es el Estado, el cliente de las escuelas no son los padres, y por tanto sus preferencias, demandas, necesidades y preocupaciones, no van a contar

Si quien paga es el Estado, el cliente de las escuelas no son los padres, y por tanto sus preferencias, demandas, necesidades y preocupaciones, no van a contar en el proceso de provisión del servicio. El proceso democrático es lo suficientemente centralizado, sesgado y defectuoso que es imposible que sea un sustituto a la simple y libre relación que existiría entre un conjunto de personas que libremente ofrecen el servicio educativo a un conjunto de padres que libremente deciden contratar sus servicios para sus hijos. 

Con las subvenciones, se mata la evolución de una industria, se anquilosa y se la hace dependiente del político y de la burocracia educativa pues se crean incentivos perversos para que no se desvíe del único modelo establecido permitido y merecedor de subvención, eliminando la creatividad educativa que sí existe y que con la revolución de internet y la tecnología está más al alcance de la mano que nunca.

La capacidad de elección de la que gozan los padres con las escuelas concertadas es superior a la nula capacidad de elección sin escuelas concertadas pero no deja de ser un espejismo

Por tanto, la capacidad de elección de la que gozan los padres con las escuelas concertadas es superior a la nula capacidad de elección sin escuelas concertadas pero no deja de ser un espejismo de libertad entre centros diseñados desde arriba, sin competencia, puesto que si no hay un vínculo entre padres y escuelas y no pueden crearse libremente éstas últimas, todo el sistema está, en última instancia, diseñado y dependiente de un único proveedor, el Estado.

Si se priva a los padres de elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos y a las personas de crear y dirigir el tipo de escuelas que crean convenientes, los más perjudicados son los usuarios de este servicio, nuestros hijos.


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