OPINIÓN

En las tripas de la (no) inflación. La Curva de Phillips (I)

Lo que sabemos hoy, aunque aún con importantes lagunas, es que los cambios en los salarios y en los precios no son solo causados por variaciones en el desempleo.

En las tripas de la (no) inflación. La Curva de Phillips (I)
En las tripas de la (no) inflación. La Curva de Phillips (I) Europa Press

El gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi pidió el pasado 20 de Noviembre un esfuerzo para que los salarios de los trabajadores aumentaran cuanto antes. El argumento planteado que subyace a esta petición es sencillo: necesitamos mayor dinámica salarial para que las economías europeas entren cuanto antes en la zona de confort que permita a la institución que dirige el economista italiano normalizar la política monetaria. Si aumentan los salarios aumentarán los precios. La mayor inflación permitirá, en consecuencia, elevar los tipos nominales y “despegarlos” de los niveles actuales cercanos al cero. Así estaremos preparados para la siguiente recesión.

Para “entender” a Draghi (y al conjunto de los banqueros centrales de las economías occidentales) es necesario comprender las razones de su discurso y el modelo económico que subyace en él

Esta lógica, correcta desde el punto de vista teórico “mainstream”, es compleja de asimilar por muchos, ya que puede resultar contra intuitivo pedir subidas salariales para estabilizar la economía. Por esta razón, algunos exponen su rechazo a estas propuestas por considerarlas descabelladas. Otros lo hacen por considerarlas absurdas. Otros, simplemente porque se lo pide el cuerpo o compran las opiniones de aquellos que pertenecen a los dos primeros grupos. Sin embargo, para “entender” a Draghi (y al conjunto de los banqueros centrales de las economías occidentales) es necesario comprender las razones de su discurso y el modelo económico que subyace en él.

En 1958, el economista británico de origen neozelandés William Phillips escribió un artículo donde mostró que entre dos de las más relevantes variables económicas, inflación y desempleo, parecía existir una correlación negativa. Observó, para Gran Bretaña en el período 1861-1957, que a mayor desempleo, menor inflación. En el período de análisis se incluían los años de la Gran Depresión, durante la cual, la tasa de desempleo de numerosos países ascendió a niveles estratosféricos (desgraciadamente muy normales en España). A su vez, para el mismo tiempo, se observó que a la evolución del desempleo le acompañaba la deflación. La profundización de una crisis que no se quiso, pudo o supo frenar, provocó una espiral deflacionista que amenazó la estabilidad económica y política de numerosos países mientras que, en otros, dicha amenaza se cumplió. Para el resto de los años de su periodo analizado los pares de inflación y desempleo fueron diferentes, pero en general, y visto en su conjunto, lo que Phillips mostró es que existió una relación negativa entre ambas variables en el Reino Unido.

Muchos hicieron de esta evidencia una ley. Figuras similares para otros países en otros periodos llevó a considerar que esta relación empírica podría tener una base teórica que habría que desarrollar. Además, este “trade-off” regalaba a los bancos centrales una restricción importante a la hora de fijar objetivos de inflación y desempleo en el corto plazo. Desde ese preciso momento, la Curva de Phillips entró en los bancos centrales para no salir jamás.

Para comprender de dónde nace esta relación negativa entre desempleo e inflación tenemos que concentrar nuestra atención en cómo funciona el mercado de trabajo

Para comprender de dónde nace esta relación negativa entre desempleo e inflación tenemos que concentrar nuestra atención en cómo funciona el mercado de trabajo. Siga mi lógica. Suponga, en primer lugar, que la siguiente afirmación es cierta: cuanto menor es el desempleo (solemos decir que el mercado de trabajo se tensa), mayor es el poder de negociación de los trabajadores . La ley de la oferta y de la demanda impone su fuerza. Evidentemente esta afirmación tendrá muchos matices y “peros”, como comentaré a continuación, pero como base y punto de partida es una relación que creo muchos de nosotros no tenemos reparos en defender.

Si esto es así, entonces podemos a su vez afirmar que los sueldos reales (aquellos ajustados en la negociación colectiva a la inflación o nivel de precios esperado futuro) serán mayores cuanto menor sea el desempleo. Por lo tanto, a menor desempleo, mayor inflación salarial.

En segundo lugar, asumamos que las empresas fijan sus precios en función de los costes de producción por unidad de producto más un margen. Para que este último paso sea correcto, debemos realizar un nuevo supuesto: las economías son de competencia imperfecta, es decir, aquella en la que las empresas tienen la capacidad de fijar precios diferentes porque pueden explotar su poder de mercado. Si esto es así, ya lo tenemos, a menor desempleo, mayor inflación salarial y mayor inflación de precios. Fin.

La Curva de Phillips nace de la relación entre desempleo y los salarios reales. Si esto último no es así, no podríamos argumentar que a menor desempleo mayor inflación salvo que se introduzcan nuevos factores en esta ecuación

Tome en cuenta que la Curva de Phillips nace de la relación entre desempleo y los salarios reales. Si esto último no es así, no podríamos argumentar que a menor desempleo mayor inflación salvo que se introduzcan nuevos factores en esta ecuación. ¿Existe esta relación negativa entre desempleo y salarios reales? En los dos gráficos que muestro a continuación se puede ver la relación tanto para los Estados Unidos como para España de la tasa de paro y de la inflación de salarios reales. En ambos casos, más en España, la relación es perceptiblemente negativa. En España resulta hasta una relación preciosa. Aunque existen, como pueden ver, años “extraños” motivados por los años más duros de las recesiones y por la particular cadencia de las renovaciones de convenios, la capacidad de explicación de los datos es importante.

Gráfico 1
Gráfico 1 Fuente: FRED ST. LOUIS y elaboración propia @manuj_hidalgo

Gráfico 2
Gráfico 2 Fuente: INE y elaboración propia @manuj_hidalgo

Fuente: INE y elaboración propia @manuj_hidalgo

Mientras exista un vínculo bien definido entre empleo y salarios en el sentido descrito anteriormente, habrá una relación inversa entre desempleo e inflación, al menos a corto plazo. Si esto es así, entonces, ¿por qué los años setenta certificaron la desaparición de la relación entre inflación y desempleo? Desde entonces, si algo era evidente, es que a cada nivel de desempleo le podía corresponder varios niveles de inflación posibles.

Al difuminarse la relación, algunos descorcharon las mejores botellas de champán. Unos, porque así creían demostrar que reducir el desempleo gracias a políticas inflacionistas era un grave error. Otros, por lo contrario, porque aplicar políticas monetarias y fiscales que redujeran el desempleo no estaba reñido con la inflación. Al mismo tiempo, pero ya desde la propia economía mainstream, algunos académicos negaban que pudiera existir una relación en el largo plazo entre ambas variables y por ello se negaba a su vez la posibilidad de que la política monetaria redujera el desempleo en horizonte temporal.

Mientras la última de las críticas abría una agenda de investigación en el marco de redefinir la Curva de Phillips, las dos primeras simplemente negaban la existencia de dicha relación, tanto para el largo como para el corto plazo. Sin embargo, y a pesar de todo ello, con el tiempo, la Curva de Phillips se ha mantenido dentro del corpus teórico económico. La agenda abierta dentro de la academia llevó a tratar de comprender las razones por las cuales la relación observada por Philips se difuminara durante los setenta y ochenta.

Los cambios en los salarios y en los precios no son solo causados por variaciones en el desempleo

Lo que sabemos hoy, aunque aún con importantes lagunas, es que los cambios en los salarios y en los precios no son solo causados por variaciones en el desempleo. Por un lado, existen otras razones de calado que pueden llevar a los trabajadores a negociar más o menos subidas salariales más allá del desempleo existente. Por ejemplo, las propias expectativas de inflación (años setenta), que en el caso de ser elevadas se incorporarán a los salarios pactados. Esto llevará a aumentos de la inflación, aunque el desempleo no cambie. Además, en el momento en el que la empresa fija precios debe asumir la existencia de otros costes no laborales. Si estos otros “factores” tienen una fuerte influencia sobre la determinación de los salarios y de los precios, la relación entre tasa de paro e inflación quedará mitigada, o difusa, aunque esta exista.

Sin embargo, centrándonos en la actualidad, la falta de relación entre paro e inflación parece tener un origen diferente. Parecen existir ciertos factores que impiden que las tensiones en el mercado de trabajo se trasladen a los salarios. Esta falta de relación debilita la política monetaria pues impide elevar la inflación y con ello los tipos de interés. Lo que Dragui desea es que la relación se reactive, que los salarios respondan al ajuste del mercado de trabajo. La razón de esta falta de reacción merece un nuevo post. Para ello nos citamos la semana que viene salvo que los elementos y la actualidad exijan prestar la atención en otros horizontes.


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