La Economía explicada

Mi querida España

No se preocupen. No pretendo disertar sobre la canción española en los estertores del franquismo, ni hacer elogios, o lo contrario, a cantantes de la época. Simplemente quiero hacer uso de aquél título que sin censura lamentaba una España que no conseguía despertar del letargo de más de tres décadas de dictadura y represión, para alargar un paralelismo con la España de hoy. Una España, que al igual que entonces, aunque por razones muy diferentes, en eso debemos al menos encontrar cierto consuelo, sigue sin despertar y sin levantar cabeza.

España, desde hace justo 30 años, desde el trienio 1984-1986 vive un período de estancamiento relativo de su economía 

A muchos les sorprenderá tal afirmación. Incluso más de un lector considerará mi afiliación a aquél partido que pretende pivotar su crítica sobre la herencia del 78. No, no voy por ahí. Mi interés es más sencillo. Es señalar que España, desde hace justo 30 años, desde el trienio 1984-1986 vive un período de estancamiento relativo de su economía, algo que justo las tres décadas anteriores no había ocurrido. Hablo en términos relativos, es decir, comparándonos con otras economías de nuestro entorno más cercano. En cierto modo no lo hacemos mejor, sino que lo hacemos peor que otros países. La pregunta es ¿por qué? Para responder permítanme caer en mi manía de introducir algún tecnicismo, aunque les aseguro que será sencillo y muy útil. Hablemos de la Productividad Total de los Factores.

Suponga que es empresario. Suponga que realiza una inversión en su empresa que multiplica por dos la disposición de capital. Por ejemplo duplica el número de ordenadores, o los metros cuadrados de su oficina o fábrica. Suponga además que ha duplicado también el número de operarios, mandos intermedios, personal cualificado, peones, etc. Si le describo esta situación y le pregunto cuánto aumentará la producción de su empresa, apuesto que me responderá ¡dos veces! Pero suponga que de algún modo, disponer de más metros cuadrados le permite ser más eficiente, o que los trabajadores contratados poseen un mayor know-how, o saber hacer, o que encuentro una manera diferente de organizarlos, o que el capital invertido es más eficiente dado su nuevo contenido tecnológico, o que puedo acceder a mejores canales de financiación. Supongamos también que ha mejorado las relaciones con otras empresas con las que colabora, o que ha externalizado ciertos servicios. Suponga que las instituciones que envuelven la actividad de su empresa han dejado de ser un estorbo y han pasado a ser una ayuda para su crecimiento. Suponga todo ello. Ahora seguro que dudará en decirme que dos veces

¿Qué ha pasado? Ha pasado que los factores productivos, trabajo y capital, de su empresa, se han multiplicado por dos, pero es posible que con la suma de los demás “cambios”, que por cierto son difíciles de medir, la producción haya crecido en más de dos veces. Lo que ha ocurrido es que su actividad se ha vuelto más eficiente, por su concurso como gran empresario, o porque las condiciones de su entorno económico, social o político así lo han permitido. En resumen, la eficiencia conjunta de ambos factores, trabajo y capital, ha mejorado. 

Se intenta aproximar esta eficiencia mediante la productividad aparente del trabajo, esto es, la división entre el producto y el número de trabajadores o de horas de trabajo. Sin embargo, esta productividad englobaría otras razones

Muchas veces se intenta aproximar esta eficiencia mediante la productividad aparente del trabajo, esto es, la división entre el producto y el número de trabajadores o de horas de trabajo. Sin embargo, esta productividad englobaría otras razones que no son originadas propiamente por el factor trabajo, como puede ser el cambio tecnológico. Es por ello que en macroeconomía preferimos utilizar la productividad total de los factores o PTF, y que es ni mas ni menos que el crecimiento de la producción que no puede explicarse por el mayor uso de factores, y que englobaría, como cajón de sastre, todo aquello que influye en la eficiencia de su empresa y que no podemos medir. Es un residuo, una laguna en nuestra observación. No es de extrañar que otras veces se denomine residuo de Solow, en honor al economista que por primera vez la definió.

Esta PTF mide en cierto modo las ganancias en eficiencia de una economía agregada. Si su tasa de crecimiento es positiva, decimos que la economía mejora. Esto se suele traducir en mayor rentabilidad del capital así como en mayores salarios. Si ésta cae, la retribución de los factores se reduce, generando por lo tanto una pérdida de riqueza para la economía en su conjunto. Mide por lo tanto la eficiencia general de una economía, y sus determinantes pueden ser muy diversos, aunque todos con efecto directo en dicha eficiencia. 

Pues bien, en los paneles del gráfico adjunto se muestran dos cálculos de la PTF, la primera (panel A) con datos del Penn World Tables para el período 1950 y 2011, la segunda (Panel B) con datos de EU-Klems y actualizado con datos del Conference Board para el período 1980-2013. Aunque representan lo mismo, conjuntamente ayudan a explicar qué ha pasado en los últimos 60 años con nuestra eficiencia. Así, podemos comprobar que la PTF creció en España desde los años 50. Este crecimiento finaliza en la segunda mitad de los ‘80, desde cuando se observa una caída continua.

Aunque escapa de esta columna poder explicar con detalle las razones de esta debacle, sí puedo apuntarles algunas de ellas. No obstante, déjenme advertirles que en gran parte estas razones son objeto de estudio en la actualidad sin que aún podamos afirmar con absoluta seguridad su participación en la evolución final. 

España ha perdido más de tres décadas en su tarea de mejorar su eficiencia y por lo tanto el bienestar posible para sus ciudadanos

Así, infinidad de trabajos han tratado de descomponer y estudiar la evolución de la PTF para muchos países desde hace más de tres décadas. Entre sus principales explicaciones encontramos una serie de variables reconocidas por todos. En primer lugar el capital humano, y que en España ha aumentado en cantidad pero no está claro si en calidad. En segundo lugar, la tecnología o cambio tecnológico, y que varios trabajos enseñan que su incremento ha sido muy inferior al de otros países. En tercer lugar, las instituciones sociales, políticas, e incluso religiosas. Para los dos primeros les recomiendo el ya famoso libro de Acemoglu y Robinson de 2012 de título Por qué fracasan las naciones así como un artículo de Acemoglu con Johnson de 2001 sobre los orígenes del desarrollo y su asociación con el colonialismo. En cuarto lugar, la composición del sistema productivo, etc.  El problema es conocer el peso que cada una de estas explicaciones, y otras, han podido tener en la evolución de la PTF española. Este análisis es pertinente pues facilita plantear medidas de política económica para revertir dicha evolución.

En definitiva, España ha perdido más de tres décadas en su tarea de mejorar su eficiencia y por lo tanto el bienestar posible para sus ciudadanos. Es muy complejo poder determinar las razones que han guiado esta caída, aunque todos tenemos alguna idea de cuáles pueden ser las más importantes. El análisis y debate están abiertos, sólo hay que coger al toro, emblema de mi querida España, por los cuernos, y hacer lo que sea que haya que hacer.


Fotografía: Alejandro Lanoël-D'Aussenac. Monumento al Seat 600.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba