OPINIÓN

¿Por qué exportamos más?

Nuestra cuota en las exportaciones mundiales, en particular las europeas, sigue siendo inferior a nuestro tamaño relativo. Debemos continuar y seguir por esta senda, diversificando aún más nuestros productos y mejorando si cabe nuestra calidad.

¿Por qué exportamos más?
¿Por qué exportamos más? Álvaro Ibáñez

Ya lo he comentado alguna vez. Cuando contemplamos con interés lo que llama nuestra atención, muchas veces lo hacemos de cerca, porque es quizás donde pensamos que nuestra percepción es más nítida. Sin embargo, como cuando vamos al museo D’Orsay o contemplamos un Sorolla, a veces es necesario apartarse, retroceder, levantar la mirada, otear el cuadro en su totalidad y así, desentrañando lo que vemos, comprender qué vemos, qué ha pasado y dónde y porqué estamos donde estamos.

La magnifica la evolución de nuestras exportaciones no es algo muy reciente, es la prolongación de una tendencia que se iniciara 30 años atrás, o incluso según algunos 50 atrás

En estos tiempos de crecimiento económico, de alabanzas y auto-prebendas, dos grandes ideas circulan por los mentideros económicos y que de tanto circular se han dado por ciertas. Yo mismo he llegado a aceptarlas y a divulgarlas en alguna ocasión. La primera es aquella que relaciona causalmente el incremento de las exportaciones con el ajuste de los salarios, algo que es negativo en sí mismo, que no lo deseo a ninguna economía con pretensiones de crecimiento sostenible, pero que pudo sacarnos del pozo de la recesión en la que estábamos metidos después del crack del 2009. La segunda, aquella que magnifica la evolución de nuestras exportaciones como algo muy reciente, en vez de ser simplemente una prolongación de una tendencia que se iniciara 30 años atrás, o incluso según algunos 50 atrás. Sin embargo, un análisis profundo de los datos y para períodos temporales más amplios confirman que dichos argumentos son, cuando menos, erróneos y que la realidad se nos muestra tozudamente diferente.

Un trabajo de los economistas Enrique Moral-Benito y Francesca Viani del Banco de España explican el ajuste de la balanza por cuenta corriente española desde el inicio de la crisis, aunque extienden su análisis hasta el año 2000. En este análisis, exponen un hecho muy relevante, y para algunos realmente desconcertante. Los autores se preguntan por las razones que han permitido a España reducir su importante saldo negativo de la balanza, y que llegara a alcanzar casi el 10% del PIB en 2007, justo antes del inicio de la Gran Recesión. Su respuesta es fácil de aprehender: los principales causantes de la evolución de la balanza desde 2000 hasta 2012, para bien o para mal, son componentes cíclicos, principalmente la evolución de la demanda interna (aquí la relevancia de las importaciones) y del precio del petróleo. Estos componentes, que explicarían el 80% de la evolución del déficit hasta 2008, se dieron “la vuelta” a partir de entonces. Entre los componentes “estructurales”, ayudaron a reducir el déficit exterior el ajuste del déficit público a partir de 2012 y en mucha menor medida la reducción de los costes laborales unitarios.

Si bien las ganancias de competitividad pudieron ser en parte debidas a caídas en los precios de los productos, estas no fueron particularmente relevantes

En un informe del Banco de España más reciente, y en un ejercicio basado en un trabajo de Elvira Padres y Coral García , se vuelven a estimar las causas de este ajuste pero en este caso centrando la atención particularmente en las exportaciones. De nuevo, las ganancias de competitividad vía precios explican poco del aumento de las mismas, siendo el principal determinante de su evolución, en este caso, la demanda exterior. En sendos trabajos de Ramón Xifré y de Aránzazu Crespo y Abián García Rodríguez nuevamente se encuentra que si bien las ganancias de competitividad pudieron ser en parte debidas a caídas en los precios de los productos, estas no fueron particularmente relevantes si se comparan con otras causas como la mejora de la demanda externa. Por último, en un trabajo más antiguo, Miguel Cardoso, Mónica Correa-López, Rafael Doménech explican cómo la evolución de las exportaciones españolas no están particularmente gobernadas por los cambios en la competitividad-precio, sino por otras razones.

Las exportaciones llevan más de tres décadas creciendo a ritmos importantes, con sus diferentes fases cíclicas, y desde luego deben explicarse por factores de carácter estructural

Y es que la evolución de las exportaciones se ajustan mucho mejor a otras explicaciones. Las ventas de las empresas españolas en el exterior muestran una tendencia a largo plazo que difícilmente pueden reconciliarse con que estas crezcan gracias al ajuste de salarios, o que sea un cambio experimentado solo recientemente. Al contrario, las exportaciones llevan más de tres décadas creciendo a ritmos importantes, con sus diferentes fases cíclicas, y que desde luego deben explicarse por factores de carácter estructural.

A continuación muestro un gráfico elaborado por el Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid Rafael Myro a partir de los datos de la Organización Mundial del Comercio. Aprovecho estas líneas no solo para agradecerle sus consejos para la realización de este post, sino especialmente para recomendarles su seguimiento, aprenderán mucho de él. Pues bien, este gráfico es muy llamativo pues muestra la evolución de la cuota exterior de las exportaciones españolas desde 1985 hasta 2016 en una selección de países. Huelgan los comentarios.

Gráfico.
Gráfico. A.H.

El mensaje que nos manda el extensísimo trabajo del Profesor Myro es que la evolución de las exportaciones españolas ha sido exitosa desde muchos años antes de la Gran Recesión. La incorporación de España a las CCEE en los años 80 implicó un impulso a nuestras exportaciones en un entorno de mayor competencia. Al contrario de lo que muchos creen, estas exportaciones se basaron no solo en sectores maduros y de elasticidad demanda baja (aquellos productos cuya importancia en nuestra cesta de bienes suele caer cuando ganamos más) sino además en productos intensivos en capital y de elasticidad alta, como por ejemplo la química o la automoción. Este proceso de maduración fue, además, trasversal al tejido productivo, implicando no solo a grandes empresas, sino también a medianas y pequeñas empresas. Incluso ya adentrados en este siglo, este proceso de internacionalización de la empresa española fue seguido de un proceso de inversión exterior, con efectos de arrastre evidentes de nuestras exportaciones gracias a las cadenas de valor que con estas se crean. Sin obviar los efectos claros de una devaluación en los años 90, podemos afirmar, sin lugar a dudas, que gran parte de nuestro aumento de las exportaciones se podría explicar por el cambio en el tejido productivo en el que estas se basan.

La mejor penetración de nuestros productos en los mercados maduros así como la conquista de mercados emergentes da una idea de la capacidad que tiene la empresa española para acceder a los consumidores a los que antes o estábamos vetados

La reciente evolución no marca un cambio. Es cierto que muchas empresas se han internacionalizado gracias a la caída de la demanda interna. Pero no es menos cierto que este aumento responde a una tendencia ya observada años atrás. Tampoco podemos argumentar que nuestras exportaciones aumentan gracias al turismo, pues gran parte de estas, el 68% en el segundo trimestre de 2017, es en bienes y el 18,2% son servicios no turísticos. Además, las exportaciones de servicios no turísticos crecen a ritmos del 7% de media. Todo ello lleva a que las exportaciones crezcan a tasas superiores a las del resto del mundo, especialmente en Europa. La mejor penetración de nuestros productos en los mercados maduros así como la conquista de mercados emergentes da una idea de la capacidad que tiene la empresa española para acceder a los consumidores a los que antes o estábamos vetados, o simplemente éramos minorías.

Sin embargo, esta evolución tan positiva es aún insuficiente. Nuestra cuota en las exportaciones mundiales, en particular las europeas, sigue siendo inferior a nuestro tamaño relativo. Debemos continuar y seguir por esta senda, diversificando aún más nuestros productos y mejorando si cabe nuestra calidad. Pero lo que debemos tratar de evitar es ganar mercados fomentando devaluación internas. Debemos, por el contrario, mejorar nuestros productos y hacerlos atractivos. Solo de ese modo nuestra capacidad de crecimiento sostenido a largo plazo podrá mantenerse.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba