La Economía explicada

Los efectos de la austeridad en el crecimiento

A finales del siglo XVIII, un italiano, Alessandro Volta, mantuvo una “discusión” académica con su compatriota Luigi Galvani. El segundo encabezaba una línea de investigación que proponía que los seres vivos generaban, incluso después de muertos, su propia electricidad. Esta hipótesis surgió al observar accidentalmente Galvani que al poner en contacto la médula espinal de un animal muerto (lo hizo incluso con cadáveres de seres humanos) con ciertos tipos de metales, sus extremidades sufrían espasmódicos movimientos. Por el contrario, Volta dedujo que no hay nada en el desgraciado cadáver que determine estos movimientos, y que su causa era la electricidad proveniente de la combinación de metales. Después de un intenso debate académico, Volta ganó la partida, de la cuál surgió un resultado por todos conocidos: la pila.

El nacimiento de la pila eléctrica es uno de los muchos resultados de la dialéctica científica entre académicos en su defensa de posturas antagónicas. Este antagonismo es, a veces, el motor que mueve el conocimiento. En economía ocurre algo similar. Muchas veces se discuten hipótesis económicas sin que al parecer se vislumbre ningún resultado convergente o decisivo a favor de una de las propuestas. Sin embargo, estas luchas intelectuales, de vez en cuando, terminan gracias a la aparición de un trabajo o un análisis que prácticamente deja cerrada la discusión. Recientemente, un trabajo de los economistas del Fondo Monetario Internacional, Jaime Guajardo, Daniel Leigh y Andrea Pescatori –con el último compartí tanto doctorado como buenos momentos–, no deja cerrada una de estas dialécticas pero sí pone en clara ventaja a una de las partes en una discusión de enorme calado: ¿es la austeridad buena o mala para el crecimiento económico a corto y medio plazo?

Es un trabajo muy simple en cuanto a su pregunta, y es en ella en dónde debe enmarcarse el debate: ¿qué pasa con el PIB a corto y medio plazo si hay una política fiscal contractiva?

Antes pongamos las cosas en su sitio. El artículo que les cito no entra en la cuestión de si más Estado o menos Estado es bueno o malo. No entra en la cuestión sobre el efecto de la deuda pública en el crecimiento a largo plazo. No entra en la cuestión sobre la curva de Laffer. Tampoco habla de la equivalencia ricardiana, esa que dice que las políticas fiscales son neutrales a largo plazo. Es un trabajo muy simple en cuanto a su pregunta, y es en ella en dónde debe enmarcarse el debate: ¿qué pasa con el PIB a corto y medio plazo si hay una política fiscal contractiva?

Desde luego ellos no son los primeros en hacerse esa pregunta, ni los primeros en dar respuesta, de ahí el debate. Es más, aunque hasta la fecha la evidencia era mixta, los más relevantes señalaban la relación negativa entre déficit y crecimiento (una consolidación fiscal elevaba el crecimiento económico a corto y medio plazo). Por ejemplo, Alesina y Ardagna en 2010, o el propio Alesina anteriormente con Ardagna, Perotti y Schiantarelli en 2002 y con Perotti en 1997. En todos estos trabajos los resultados señalaban que una reducción del déficit fiscal provocaba un aumento del crecimiento económico. Buenas noticias para liberales.

Sin embargo estos trabajos tenían un problema. Al igual que Galvani, confundían las relaciones de causa-efecto. Me explico: muchos de estos trabajos utilizan como indicador de política fiscal el déficit primario. Así, identifican una reducción del déficit primario con una política fiscal austera. Correlacionando (de un modo complejo, eso sí) estos cambios en el déficit con el crecimiento del PIB, encuentran una expansión del segundo cuando la diferencia entre gasto público y recaudación se reduce. Por lo tanto, la medida de política económica aconsejada en estos casos es de austeridad pública para fomentar el crecimiento económico a corto y medio plazo. ¿Todo correcto? Como se deduce del inicio de este párrafo la respuesta es no.

La correlación entre la evolución del déficit fiscal primario y el PIB va a ser negativa aunque no haya causalidad directa entre ellas

Guajardo, Leigh y Pescatori señalan que este déficit primario no es un buen indicador para medir las políticas de austeridad ya que sesga las conclusiones en términos positivos. ¿Por qué? Pues porque este indicador es endógeno. ¿Y eso qué significa? Me explicaré utilizando dos ejemplos. Suponga que hay un shock positivo en los mercados financieros. Por ejemplo buenos resultados empresariales que hacen prever un aumento de ventas y mejora los fundamentales de las acciones y bonos corporativos en general. O por ejemplo, una caída brusca del precio del petróleo. Quédese con el shock que más le apetezca. El primero elevará los rendimientos de estos activos, incrementando a su vez el consumo y la inversión. El segundo elevará los segundos directamente. En consecuencia el PIB crecerá. El efecto será también positivo sobre el déficit fiscal, pues lo reduce. Es más, es posible que esta evolución positiva del PIB implique acciones de los gobiernos como subidas discrecionales de impuestos o bajadas de gasto (muchas de ellas automáticas) que consoliden tal tendencia. ¿Qué observamos? Que existe una correlación negativa entre déficit fiscal primario y crecimiento (el primero baja y el segundo sube). Nada que objetar. ¿Pero cuál es el problema? Que si los cambios en la demanda u oferta que provocan los ciclos no provienen en su mayoría de cambios discrecionales de la política fiscal (es decir, no asociados a decisiones exógenas de un gobierno en cuestión), la correlación entre la evolución del déficit fiscal primario y el PIB va a ser negativa aunque no haya causalidad directa entre ellas ya que en realidad lo que estamos midiendo son reacciones de ambas variables ante un shock común, y motivadas por un efecto de la mejora económica sobre el déficit. Esto es lo que miden Alesina y colegas.

Para poder analizar convenientemente esta relación lo que los autores hacen es algo muy sencillo. Para 17 de países de la OCDE entre 1978 y 2009, han rebuscado, literalmente, programas fiscales contractivos y que hayan sido aplicados. ¿Cuál es la estrategia? Usar esta base de datos para identificar los cambios en el déficit primario originados por políticas fiscales discrecionarias, exógenas, originadas por programas políticos frente a cambios en el déficit determinados por su relación endógena (y automática) con el ciclo.

Básicamente la austeridad genera una contracción en el PIB que es persistente en el tiempo

¿Y qué encuentran? Si miramos la figura que les adjunto y que he tomado directamente de su trabajo, a diferencia de los resultados de las estimaciones que utilizan el déficit fiscal primario como indicador para las políticas de austeridad (CAPB en el gráfico), su estimación usando las políticas (“narrative shocks”) muestran una relación en el mismo sentido entre el déficit primario y el consumo y PIB (GDP) en el corto y medio plazo. Así, una caída del déficit del 1% reduce el consumo un 1,96% y el PIB en un 1,57% en los dos años siguientes. Este efecto es persistente ya que 5 años después de realizarse la contracción del gasto en 1%, el PIB es un 1,6% inferior al de 5 años antes. No hay retorno a una tendencia.

En conclusión este trabajo si no es conclusivo sí pone en ventaja el postulado de los “austericidas”. Básicamente la austeridad genera una contracción en el PIB que es persistente en el tiempo. De nuevo, no discuten la pertinencia o necesidad de realizar tales ajustes. Muchos de estos ajustes ­­–los autores lo comentan– se realizan en función de la necesidad de consolidar presupuestos a la vista de la sostenibilidad del mismo. Lo que se dice, simplemente, es que una reducción del gasto público reduce el PIB. Y punto.


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