OPINIÓN

La economía de la escasez: desde las plantaciones sureñas a la Barceloneta

Debemos pensar qué tipo de ciudad queremos sin malograr lo que a corto plazo es un seguro de crecimiento económico: el turismo.

La economía de la escasez: desde las plantaciones sureñas a la Barceloneta.
La economía de la escasez: desde las plantaciones sureñas a la Barceloneta. EFE

Esta semana un amigo mío vino a visitarme a Sevilla. Es de Barcelona. Concretamente de una pequeña localidad de la provincia, Pallejá, situada a unos veinte kilómetros de la capital, en la margen derecha del Llobregat. Es un pueblo pequeño, coqueto, sin nada especial salvo porque está lleno de buena gente. Muchos de ellos inmigrantes andaluces o hijos de estos. Mi amigo, un tipo normal, vive en una casa alquilada junto con su pareja. Me contaba estos días que, si este año volvía a hacerle una visita, posiblemente ya tendría que ser en su nuevo piso. Busca un nuevo alquiler. “Una tarea penosa”, me decía. Algo más pequeño a lo que en estos momentos disfrutan, ya que, al acabárseles el contrato, el propietario les renovaba, pero no antes de una subida de la renta, un 20 %. Como esta oferta no encaja con su presupuesto, se mueven de vivienda.

La “expulsión” de familias de la urbe catalana lleva a elevar los precios de los alquileres en las ciudades de alrededor

Aunque intuía las razones de este hecho, le dejé que me las contara sin condicionarlo por mi parte. Según él, empieza a ser habitual que inquilinos que antes vivían en Barcelona se desplacen a estas localidades de su cinturón urbano. Dado que los precios en la capital eran mayores que en este pequeño pueblo, llegan al mismo dispuestos a pagar más de lo que en este se acostumbraba hasta el momento, aunque menos que en Barcelona. En consecuencia, la “expulsión” de familias de la urbe catalana lleva a elevar los precios de los alquileres en las ciudades de alrededor.

Es este un claro ejemplo de que cambios en la demanda de un bien de consumo o de inversión, como es el caso de la vivienda, puede generar efectos en cadena, modificando precios de otros bienes o de los factores que participan en su producción. La historia está llena de ejemplos interesantes de los mismos. Este de Barcelona es uno más de muchos. Como otros ejemplos históricos podemos utilizar, por ejemplo, la Peste Negra del siglo XIV o la esclavitud en los estados del sur de los Estados Unidos. También, más recientemente, la polarización provocada por el cambio tecnológico. De todos ellos se pueden extraer consecuencias curiosas, inesperadas o incluso paradójicas. Pero de cada uno de ellos se pueden extraer principalmente lecciones sobre cómo el análisis de efectos de cambios en oferta o demanda en un mercado puede provocar efectos mucho más allá de los inmediatos.

La Peste Negra

La Peste Negra acabó con la vida de un tercio de la población europea, posiblemente más. Una consecuencia inmediata fue la subida de los salarios, al reducirse la población capaz de laborear, así como la reducción del volumen de tierras cultivadas. La caída de demanda de productos agrícolas llevó al abandono de las tierras menos fértiles, aumentando por ello la productividad agrícola. Sin embargo, el aumento del coste de la mano de obra obligó a buena parte de los propietarios a tomar medidas en el asunto. Una de ellas, buscar inversiones en capital más baratas. Así, en muchas zonas de Europa en las décadas posteriores a 1340, se frenó la secular sustitución de los bueyes por caballos como animal de labranza. Los primeros eran más rudos, se alimentaban mejor de los terrenos sin cultivar que los caballos, en expansión en aquella época, y ofrecían servicios similares a los equinos necesitando menos requerimientos en mano de obra. A pesar de que el caballo se iba imponiendo por ser una inversión que a largo plazo ofrecía mayor rentabilidad, la expansión de tierras sin labrar abarató relativamente al buey. El cultivo de forraje ya no era una prioridad, por lo que alimentar a caballos era más costoso que a un buey. No eran buenos tiempos para ser caballo.

De la Peste Negra podemos aprender que un aumento de los salarios puede implicar un aumento en la productividad

Así, cuando un factor se encarece junto con una caída de la demanda del producto, se observa un cambio en los modos de producción, en este caso una inversión en capital, que sustituye al factor caro o simplemente lo “abarata” relativamente. De la Peste Negra podemos, por ejemplo, aprender que un aumento de los salarios puede implicar un aumento en la productividad. En particular por un aumento en la inversión en capital, que sustituya al factor trabajo cuando es posible o que lo abarate relativamente cuando no lo es.

Esclavitud

Durante los dos primeros tercios del siglo XVII, las nuevas tierras cultivables del sur de los Estados Unidos eran en parte trabajadas por esclavos europeos, unos convictos que cumplían pena por delito cometido, otros pobres que se “vendían” durante unos años a cambio de un pasaje que les permitiera abandonar su país de origen en búsqueda de un futuro mejor. Solo una minoría eran esclavos negros provenientes de África Occidental ya que estos eran relativamente “más caros” que los condenados o los pobres “voluntarios”.

Según el profesor Peter Kolchin , la continua oleada de inmigrantes a las colonias norteamericanas, en especial a partir de la Restauración, modificó este escenario. El aumento de la demanda de productos agrarios exigía poner en producción más tierras con más hombres. Sin embargo, la oferta de convictos o “voluntarios” europeos no aumentaba al mismo ritmo, lo que elevó el salario o renta que había que pagar a quienes quisieran dedicarse a estas labores. Esto abarató relativamente el coste de un esclavo africano, lo que llevó a considerar su importación masiva. Dicha importación comenzó a ser intensa entre 1680 y 1715, no dejando de elevar la población esclava en los estados del sur durante todo el siglo XVIII.

Una intensa disponibilidad de un factor productivo, en este caso mano de obra, induce la especialización productiva en bienes intensivos en este factor

Es posible que esta disponibilidad de mano de obra sin límite llevara, tal y como algunos historiadores señalan, a los estados sureños a especializarse en actividades productivas intensivas en este factor. Es un ejemplo de cómo un aumento de la demanda complementado por una intensa disponibilidad de un factor productivo, en este caso mano de obra, induce la especialización productiva en bienes intensivos en este factor.

Polarización

En tercer lugar, y con similitudes al anterior, la polarización. El cambio tecnológico expulsa mano de obra relativamente cualificada (blue-collars), en su mayor parte industrial, hacia actividades de servicios de bajos salarios, aumentando la mano de obra disponible para sectores intensivos en este factor. Dicho de otra manera, dada la rapidez de este cambio y la incapacidad de muchos para poder reciclarse, podemos asistir no en mucho, si es que no está ocurriendo ya, a la creación de un ejército de trabajadores dispuestos a trabajar cada vez más a salarios bajos. Esto impulsará, como parece que puede estar ocurriendo, actividades de baja productividad, intensivas en mano de obra y de baja retribución. Resulta contra-intuitivo pensar que el cambio tecnológico, con su sesgo particular a cierto tipo de trabajadores, puede implicar un estancamiento de la productividad.

… y Barceloneta

Por último, y volviendo al origen de este post, tenemos el ejemplo del turismo. Un aumento extraordinario de la demanda turística unido, y en parte debido, a la aparición de las plataformas como Airbnb puede modificar el paisaje urbano de muchas ciudades a través de sus efectos sobre los alquileres. Este gráfico realizado por Iván Aguilar muestra precisamente que es en Ciutat Vella, distrito en el que se emplaza la Barceloneta origen de algunas de las protestas más significativas de esta semana, donde más han subido los precios del alquiler en estos últimos años. Dado un factor cuya oferta es fija a corto plazo, la presión de la demanda eleva su renta, provocando a su vez que el precio de actividades alternativas para dicho factor suba igualmente. Esto termina por afectar a quienes en principio no se benefician directamente de esta mayor demanda turística. Hace falta mucha pedagogía para poder explicarles que ese mayor alquiler al que van a tener que enfrentarse se les devolverá como beneficios por una mayor riqueza colectiva creada por la actividad turística.

La imposición de impuestos disuasorios no goza de mucha aceptación, aunque es una opción fácil de implementar

¿Qué es posible hacer? Limitar la oferta de viviendas turísticas presionará los precios de alquiler turístico lo que de algún modo terminará contagiando a otros mercados directa o indirectamente. Limitar la demanda es más sencillo. La imposición de impuestos disuasorios no goza de mucha aceptación, aunque es una opción fácil de implementar. Segregar mercados ha sido lo habitual (gremios, títulos profesionales o, la más inmoral, la segregación racial), pero de nuevo crearía escasez y subida de precios si la demanda no recula.

No hay solución fácil. Una vez pasen los meses del verano, cuando todo se enfríe, será necesario un debate serio, sosegado y ponderado. Algunas ciudades corren el riesgo de convertirse en meros parques temáticos urbanos. Es por ello que debemos pensar qué tipo de ciudad queremos sin malograr lo que a corto plazo es un seguro de crecimiento económico: el turismo.


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