OPINIÓN

El desesperante debate sobre el salario mínimo

Las razones expuestas tanto por los más acérrimos defensores del aumento del SMI como por aquellos que defienden su literal desaparición son en general pobres. Responden en su mayoría a proclamas de consignas y no a la seria exposición de sesudas reflexiones.

Los secretarios generales de UGT y CCOO.
Los secretarios generales de UGT y CCOO. Gtres

El salario mínimo vuelve al debate. La razón en este caso se debe a la presentación de  una proposición de ley que UP presentara, y se aprobara, el pasado martes en el Congreso de los Diputados. La propuesta es elevar a 800 euros al mes el salario mínimo interprofesional (SMI). Si finalmente se aprueba, el Gobierno no tendrá más opción que aplicarla, lo que constituirá un cambio radical en la política laboral desde que se iniciara la Gran Recesión.

Rápidamente diversas corrientes de pensamiento “económico” tomaron posiciones en un debate paralelo que se desarrolló en las redes sociales a lo largo de todo el día

Ante tal posibilidad, rápidamente diversas corrientes de pensamiento “económico” tomaron posiciones en un debate paralelo que se desarrolló en las redes sociales a lo largo de todo el día, y cuya batalla se prolongó hasta bien entrado el miércoles. En los medios de comunicación también se sintieron réplicas del mismo con epicentros tanto en las agrupaciones empresariales como en las organizaciones sindicales. Aunque dicho debate ha sido diverso, sorprende la hegemonía de ideas, argumentos y  propuestas en su mayoría simples y lineales. Con argumentos minimalistas y en muchos casos demagógicos.

Las razones expuestas tanto por los más acérrimos defensores del aumento del SMI como por aquellos que defienden su literal desaparición son en general pobres. Responden en su mayoría a proclamas de consignas y no a la seria exposición de sesudas reflexiones sobre el verdadero efecto de lo que una subida del SMI puede provocar en el desempleo de una economía como la española.

En primer lugar tenemos a los férreos defensores de su eliminación. Para ellos un aumento del SMI elevaría los costes de contratación provocando en consecuencia el despido de los trabajadores menos productivos. La razón es que al superar los costes a la productividad del trabajador, las empresas no tendrían incentivos a contratar. En tal caso, lo que las empresas harían será despedir.

La existencia de tantas variables que se interponen entre la causa, subida o bajada del SMI, y su posible efecto, aumento o reducción del desempleo, son tan numerosas que es imposible a priori saber qué efectos finales tendrá una subida

Es este sin duda un razonamiento impecable. Tal y como está expuesto no puede ser negado. Cada paso que ofrece en su lógica te lleva inexorablemente a su conclusión final: un aumento del SMI elevaría el desempleo. Sin embargo, si reflexionamos sobre tal afirmación, esta es consecuencia directa de unos determinados supuestos. Y en este caso, tales supuestos son críticos. Para que tal afirmación sea siempre, indudablemente y universalmente correcta, necesitamos suponer que el mercado de trabajo es “perfectamente” competitivo así como también el de mercados de bienes y servicios. Necesitamos información perfecta, es decir, todos conocemos cuánto somos de productivos y las empresas son capaces de conocer qué rendimiento van a dar sus trabajadores. Necesitamos que las diferencias entre trabajadores sean perfectamente observables. Necesitamos igualdad en el poder de negociación salarial entre empresas y trabajadores. Necesitamos que el mercado de trabajo no esté segmentado. Necesitamos que no existan externalidades, ni asimetrías de información. Necesitamos obviar los efectos en la demanda a través del consumo. Los efectos en la inversión, en nuevas tecnologías o en las tradicionales. Necesitamos hacer supuestos sobre muchas otras cuestiones. Sólo así dicha afirmación sería universalmente correcta.

Además, debemos aislar de este supuesto análisis negativo otros factores que puedan llegar a ser incluso mucho más importantes a la hora de explicar el desempleo. Por ejemplo la perversa regulación laboral o los impuestos al trabajo. La existencia de tantas variables y excepciones que se interponen entre la causa, subida o bajada del SMI, y su posible efecto, aumento o reducción del desempleo, son tan numerosas y diferentes que determina la imposibilidad a priori de saber qué efectos finales tendrá una subida si no se tienen en cuenta tales cuestiones.

En España, y a diferencia de muchos otros países, el SMI de los jóvenes, por ejemplo, es similar al de los trabajadores de mayor edad

En este sentido resulta sorprendente que aquellos que defienden la eliminación del SMI por la claridad de su efecto sobre el desempleo, en muchos casos son los mismos que critican a la ciencia económica por su incapacidad de evaluar los efectos de las políticas económicas o de extraer regularidades empíricas. Justamente, en este caso, en el que existe evidencia de lo uno y de lo contrario, un economista académico no se puede pronunciar a priori con seguridad sobre un efecto posible. Son necesarias muchas más variables para poder emitir una predicción fundamentada. Sorprende por ello, a un servidor, la asimetría del pensamiento crítico de algunos.

Frente a la posición catastrofista, existe la contraria. La que obvia que una subida del SMI puede tener ciertos efectos negativos sobre el empleo. En España, y a diferencia de muchos otros países, el SMI de los jóvenes, por ejemplo, es similar al de los trabajadores de mayor edad. Esto en principio es incoherente, pues la dotación de capital humano no es similar a los 18 años que a los 45. Es por ello que es necesario retornar a la situación anterior a 1998 donde se discriminaba el SMI por edades.

Además, la estructura productiva es importante. No tiene el mismo efecto el SMI en Andalucía que en Madrid. Un SMI de 700 euros puede estar siendo absolutamente irrelevante en el segundo cuando puede estar provocando elevadas tasas de desempleo en ciertos colectivos en el primero. Por lo tanto es posible que una subida del SMI pueda ser incluso producente en economías de elevadas rentas pero un hecho negativo en regiones de menor nivel económico.

Los efectos de una subida del SMI son muy diferentes a los efectos que pudiera provocar un complemento salarial

Por último, se equivocan los que proponen esta subida como necesaria para combatir la desigualdad de rentas. Y no se equivocan porque no sea útil. Puede serlo. Pero en mi opinión se equivocan porque existen opciones mejores cuyas consecuencias de segunda ronda serían indudablemente más positivas. Por ejemplo, los efectos de una subida del SMI son muy diferentes a los efectos que pudiera provocar un complemento salarial. En el primer caso tenemos el típico ejemplo de un precio mínimo. Dependiendo como dije de los supuestos de partida, un precio mínimo puede probablemente reducir más o menos la demanda (contratación) y elevar costes. En el segundo, tenemos una subvención (al trabajador) a su contratación, lo que podría incluso reducir el precio del “producto” y elevar la contratación. Son dos cuestiones diametralmente opuestas con consecuencias probables muy diferentes en el mercado de trabajo. Esto lo debe saber la izquierda de este país. Sus esfuerzos deben ir menos en exigir excesivas subidas del SMI, al menos si lo plantean como una política óptima de rentas.

En resumen, la propuesta de subida del SMI es interesante y muy probablemente nunca conozcamos sus efectos definitivos (si al final termina aplicándose) hasta que no se lleven a cabo estudios detallados y minuciosos. Mientras tanto seguiremos escuchando y leyendo proclamas maniqueas a favor y en contra de la misma.


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