OPINIÓN

¿Por qué creo que es necesario un Fondo Monetario Europeo?

Aunque pueda resultar paradójico, el principal papel de este organismo no sería el de intervenir, sino el de amenazar con hacerlo llegado el momento.

¿Por qué creo que es necesario un Fondo Monetario Europeo?
¿Por qué creo que es necesario un Fondo Monetario Europeo? Europa Press

El pasado miércoles, la Comisión Europea presentó oficialmente su hoja de ruta para profundizar en la mejora del Eurosistema, la arquitectura que sostiene nuestra moneda común. Entre las propuestas presentadas había un hueco para el anunciado Fondo Monetario Europeo (FME), que vendría a sustituir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), desarrollando en parte un papel similar al de su homólogo con sede en Nueva York, el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su principal objetivo sería el de consolidar el euro en el medio y largo plazo. Su papel se concentrará, llegado el caso, en ayudar (rescatar) a las economías de la moneda única en tiempos de tribulación. Aunque como es habitual han surgido algunas voces críticas – como ya ocurrió con el propio MEDE, en particular por su compleja implementación política o si contravendría a los propios tratados europeos -, la creación de un organismo que “explícitamente” actuara como prestamista de última instancia con la agilidad necesaria y esperada, podría ayudar a conseguir la definitiva estabilidad de la moneda que muchos compartimos.

¿Por qué puede ser necesario y producente un Fondo Monetario Europeo? ¿No tenemos ya un BCE?

¿Por qué puede ser necesario y producente un Fondo Monetario Europeo? ¿No tenemos ya un BCE? ¿Es realmente deseable? Las respuestas a estas preguntas no son sencillas de elaborar. No hay un sí o un no. Pero podemos decantarnos por una de ellas destacando la posible utilidad de este organismo en la consolidación de una zona monetaria más unida y estable. Para ello, no hay mejor laboratorio para crearse una opinión que recurrir a experiencias pasadas.

En 1944, en el hotel Bretton Woods (Nueva Hampshire, Estados Unidos), se perfiló el entonces nuevo sistema monetario internacional para la posguerra. El sistema se estructuró en una “red” de monedas, cada una de ellas enlazada (y unida) al dólar mediante un tipo de cambio fijo, aunque ajustable, mientras que la moneda estadounidense se fijaba al oro con una paridad.

Los tipos de cambio fijo impedían los ajustes deseables en las balanzas de pagos cuando los países presentaban déficits o superávits externos continuados

Los tipos de cambio fijo impedían los ajustes deseables en las balanzas de pagos cuando los países presentaban déficits o superávits externos continuados. Aquí es donde entraba el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su labor era principalmente apoyar financieramente a dichos países que presentaban crisis en sus balanzas de pagos. Presentar déficits continuos terminaba por provocar las temidas crisis cambiaras. Las expectativas de devaluación futura generaban incentivos a los inversores para liquidar sus inversiones financieras – y reales – en el país, provocando de hecho tensiones que presionaban para que la moneda terminara depreciándose. Dicho de otro modo, si esperas que una moneda se va a devaluar, esta lo hará por la simple reacción del mercado a dichas expectativas.

Para “sostener” su tipo de cambio (es decir, comprar su moneda) sin causar excesivos costes, estos países podrían recibir un préstamo del FMI mientras surtían los efectos de los ajustes “sugeridos” por el organismo internacional. Los “hombres de negro” del FMI abrían su libro de protocolos por el capítulo “qué hacer en caso de tener déficit en la balanza y yo te voy a prestar dinero”, recetando las medidas aconsejadas para el caso. Estas recetas se concentraban particularmente en deprimir la demanda privada, en reducir el gasto público o elevar los ingresos fiscales, en llevar a cabo reformas estructurales (políticas de oferta) o elevar el atractivo de los activos financieros, eufemismo que se puede traducir a “sube los tipos de interés”. Huelga decir que este tipo de intervenciones iban seguidas de recesiones (España, 1959 por poner un ejemplo), aunque el reequilibrio macroeconómico generaba habitualmente expansiones casi inmediatas.

A pesar de las numerosas excepciones e incumplimiento de las reglas de funcionamiento del sistema, las crisis financieras durante la vida de Bretton Woods fueron raras

A pesar de las numerosas excepciones e incumplimiento de las reglas de funcionamiento del sistema, las crisis financieras durante la vida de Bretton Woods fueron raras. En el libro de Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff se observa que ciertamente la época dorada del capitalismo lo fue en parte por el control de las crisis financieras a las que últimamente parecemos estar más acostumbrados. Aquí esta parte de la lección que nos ofrece el FMI.

Dentro del euro existen razones para no establecer un completo paralelismo con Bretton Woods. La existencia de moneda única implica que no existen expectativas de depreciación que lleven a los países a un hipotético “sudden stop” (aunque como experimentamos en 2010 sí de hipotéticas rupturas o salidas del euro). El sistema Target2 también asegura la canalización de recursos hacia países en problemas realizando en parte el trabajo que el FMI hacía en sus intervenciones. Sin embargo, y a pesar de todo ello, ¿por qué resulta interesante un FME? Por al menos dos razones. La primera, porque los países de la UME tienen de facto un tipo de cambio nominal fijo por lo que, al igual que en Bretton Woods, los ciclos asimétricos pueden amenazar con enquistarse con consecuencias indeseables en el sistema bancario (como pudimos experimentar hace no muchos años). Es necesario y deseable un organismo, prestamista de última instancia que tome decisiones de forma inmediata y rápida. Sin dilación. El MEDE no puede actuar de este modo. La segunda, no existe en la unión monetaria un presupuesto común con potencia suficiente que permita transferencias fiscales masivas en caso de crisis asimétricas. En esta situación, dichas crisis pueden ser gestionadas de un modo más eficiente con un organismo que, como he expresado arriba, pueda no sólo actuar rápidamente sino además contundentemente. Un FME podría realizar estas tareas.

La adopción de tipos de cambio fijos (el euro es una suerte de sistema cambiario con tipos fijos irreversibles) exige la existencia de un prestamista de última instancia, ya sea fiscal o financiero

En resumen, la adopción de tipos de cambio fijos (el euro es una suerte de sistema cambiario con tipos fijos irreversibles) exige la existencia de un prestamista de última instancia, ya sea fiscal o financiero. Aunque pueda resultar paradójico, el principal papel de este organismo no sería el de intervenir, sino el de amenazar con hacerlo llegado el momento. Su labor es recordar a diario que está ahí. Su papel sería el de mandar constantemente a los mercados un claro mensaje

“No se preocupen, llegado el caso haremos todo lo necesario para defender la estabilidad del euro; y cuando decimos todo lo necesario, créanlo, todo lo necesario”.

Agradezco a Miguel Otero Luna sus comentarios y consejos para la realización de esta columna.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba