OPINIÓN

Los costes asimétricos de romper un mercado integrado

Los defensores de la estrategia de desgaste o choque de trenes en el caso del Catalexit deberían pensarlo dos veces. No se trata de una estrategia de colisión de dos trenes. Ni siquiera de un tren y un coche. Es la colisión de un tren con una gallina.

Los costes asimétricos de romper un mercado integrado.
Los costes asimétricos de romper un mercado integrado.

Cuando acontece una desintegración de mercados o cuando menos su anuncio o amenaza, como por ejemplo son los recientes casos del Brexit o de Cataluña, es de extremo interés predecir sus costes económicos. Este interés es compartido por agentes económicos y políticos dada la necesidad de ajustar estrategias óptimas en entornos tan cambiantes como son estos casos. Dada esta necesidad, no son pocos los que han aceptado el reto de estimar dichos costes. Muchos han tratado de dar una respuesta en forma de cifra o dato con el que poder despejar incógnitas. Sin embargo, hasta ahora la respuesta es diversa e imprecisa. Por ejemplo, para el caso más cercano a nosotros, el Banco de España ha estimado que la crisis institucional catalana (no se incluye secesión) tendrá un impacto en el PIB español, en términos de menor crecimiento, de entre 3 mil y 27 mil millones de euros en los próximos dos años. Para Gran Bretaña el intervalo de posibles resultados no es mucho más estrecho.

Tales imprecisiones responden a dos principales razones. La primera de ellas, derivada de la dificultad de prever todos los canales de diseminación de los efectos. En algunos casos esta omisión puede llegar a ser muy relevante llegándose a reportar diferentes cifras dependiendo de qué variables o relaciones se incluyen en el análisis. En segundo lugar, todas las estimaciones se realizan bajo una importante incertidumbre, no pudiéndose descartar en el momento de la realización del trabajo diversos escenarios, lo que a su vez amplía las posibles estimaciones ya de por sí imprecisas.

El principal hándicap en la realización de un análisis cuantitativo sobre rupturas de mercados integrados es que no tenemos evidencia histórica

Esta imprecisión y sus posibles razones es lo que en parte analiza el reciente trabajo del economista Thomas Sampson, donde entre otras muchas cuestiones no sólo trata de valorar los costes del Bréxit, sino además revisar someramente los resultados obtenidos por diferentes trabajos para dibujar la lógica de sus diferencias. Para Sampson, el principal hándicap en la realización de un análisis cuantitativo sobre rupturas de mercados integrados es que no tenemos evidencia histórica que nos permita construir los cimientos sólidos para una correcta comparación. Hasta ahora todos los análisis al respecto se habían centrado en análisis costes-beneficio de los procesos de integración económica, pero nunca de desintegración. Ante esta falta de evidencia, es realmente difícil poder valorar las consecuencias económicas del Brexit o del Procés catalán.

Como argumenta Sampson los escasos ejemplos existentes de desintegración económica no son relevantes para realizar ejercicios comparativos. Por ejemplo, Sampson menciona el caso de Argelia que con su independencia en el año 1962 técnicamente abandonó el entonces mercado único europeo. También menciona el caso de Groenlandia que abandonó la CE en 1985 al poco de adquirir su autonomía respecto a Dinamarca en 1979. También podemos analizar los casos de la independencia de las repúblicas ex yugoeslavas, pero no cabe duda de que todos estos ejemplos están lejos de ser usados como adecuadas referencias. Con estos mimbres es realmente difícil evaluar los posibles costes de la ruptura en casos como los que nos atañe.

Los beneficios de la unión de varios mercados no tienen por qué corresponderse simétricamente a los costes que supone romperlos

A pesar de todo ello, los intentos no han dejado de realizarse. Entre estos, las estrategias a seguir han sido diversas. Por ejemplo, una primera estrategia trata de evaluar los efectos positivos de la unión, en vez de los de una secesión, para asumir que los beneficios generados por una integración se convertirían en costes llegado el caso de una separación. Sin embargo, esta estrategia nos lleva a una disyuntiva: ¿podemos y debemos asumir la existencia de una simetría en los efectos? La respuesta es que probablemente no. Los beneficios de la unión de varios mercados no tienen por qué corresponderse simétricamente a los costes que supone romperlos. Las razones son varias, pero por ejemplo podríamos destacar los diferentes periodos temporales en los que ocurren ambos hechos, los costes de romper un entramado comercial, legal y regulatorio, frente al beneficio que supone su construcción, la ruptura de las fuertes interrelaciones económicas-comerciales que afectan a otras variables como la productividad, la innovación, etc. Otra estrategia de estimación de costes camina sobre el uso de simulaciones. Por último, una tercera estrategia busca valorar los costes mediante la realización de estimaciones de los efectos en las relaciones comerciales incorporando además efectos sobre otras variables, como el cambio tecnológico y las externalidades del conocimiento.

Uno de los trabajos citados por Sampson, el de Dhingra et al. (2017), se basa precisamente en esta última estrategia. Según este estudio, y en el caso del Brexit, el coste sobre la economía británica sería relativamente elevado, de entre un 6,3 y un 9,4 % del PIB per cápita, cifras que son mayores que las obtenidas por ejercicios basados en las estrategias previas.

Romper un mercado integrado no solo tiene implicaciones negativas en el comercio bilateral entre las previamente integradas economías sino, además, en el bienestar de los ciudadanos a través de otros canales

Lo que Sampson nos explica son las razones por las que las estimaciones obtenidas por esta última estrategia son superiores a las del resto de estrategias. La razón es que romper un mercado integrado no solo tiene implicaciones negativas en el comercio bilateral entre las previamente integradas economías sino además en el bienestar de los ciudadanos a través de otros canales, como es por ejemplo la caída de la eficiencia de la economía. Por ejemplo, el efecto en la productividad de las empresas, en las externalidades provocadas por la desaparición de sectores productivos competitivos, la pérdida de spillovers (derrame) del conocimiento, etc. A estos importantes costes hay que sumar el efecto de la reducción de la inversión directa extranjera tanto en Gran Bretaña como en el caso de Cataluña. Todos estos efectos tendrán consecuencias a medio y largo plazo en aquella economía que abandona el mercado.

Las consecuencias en las economías que permanecen dentro del mercado integrado no serían tan elevadas aunque tampoco despreciables. Pero hay que recordar que la economía que abandona el mercado, frente a la que no lo hace, lo hace poniendo en peligro una parte considerable de sus flujos comerciales, algo que no ocurre para aquellas que permanecen. Por ejemplo, si mientras para Gran Bretaña el 44% de sus exportaciones tienen como destino economías de la UE (el 12% de su PIB), para la UE, sus exportaciones a Gran Bretaña representan solo el 3,1 % de su PIB. Al coste británico habría que sumar los provocados por la desviación de comercio que, por el contrario, en la UE compensaría una parte de los suyos. Pienso por ejemplo en los beneficios que reportaría a Irlanda la localización de actividades e inversiones en un escenario de una Gran Bretaña fuera de la UE.

En el caso de Cataluña sucede algo similar. La región exporta al resto de España unos 39 mil millones de euros en bienes y casi el doble si añadimos los servicios (datos de 2016) frente a unas importaciones del resto de España de 21,3 mil millones. Las exportaciones solo de bienes al resto de España representaban en dicho año el 18,5% del PIB catalán, mientras que las importaciones (exportaciones desde el resto de España) el 10,0%, tan solo el 2,5% del PIB español. Si bien es cierto que estas cifras no representan directamente los costes a asumir por ambas economías, sí ofrece una clara evidencia de la asimetría.

Muy probablemente será la economía más pequeña, aquella que abandona el mercado, la que absorbería la mayor parte de los costes

En consecuencia, los costes de anuncios de rupturas económicas, o si esta acaeciese finalmente, serían muy posiblemente asimétricos. Es muy complejo valorar a día de hoy a cuánto ascenderían. Muy posiblemente nunca lo sabremos. Pero podemos intuir que muy probablemente será la economía más pequeña, aquella que abandona el mercado, la que absorbería la mayor parte de estos. A los costes derivados de la propia ruptura del comercio, habría que sumar el más que probable efecto de la desviación de comercio, el menor crecimiento de la eficiencia y la menor inversión extranjera. Esto debe llevar a reflexionar a los defensores de la estrategia de desgaste o choque de trenes en el caso del Catalexit. No se trata de una estrategia de colisión de dos trenes. Ni siquiera de un tren y un coche. Es la colisión de un tren con una gallina.


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