La Economía explicada

Trilema y populismos

En 1896, los Estados Unidos se disponían a elegir a su vigésimo-quinto presidente. No era el mejor año que unas elecciones tranquilas y placenteras ya que tanto los norteamericanos como gran parte del resto de los ciudadanos de los países occidentales sufrían una crisis económica que, desgraciadamente, no era excepcional desde al menos los últimos veinte y cinco años. En este ambiente económico, en la convención demócrata de Chicago, el candidato a la presidencia, William Jennings Bryan, se dirigió a los asistentes, y señalando su sien en un arrebato de teatralidad espetó con energía al finalizar su discurso “… no ceñiréis sobre la frente de los trabajadores esta corona de espinas; no crucificaréis a la humanidad en una cruz de oro”.

Fue tal la notoriedad que adquirió dicho movimiento “anti patrón oro”, que Lyman Frank Baum publicó en 1900 el libro “El Mago de Oz”, inspirando el personaje del león cobarde en la figura del propio demócrata Bryan

Como he dicho, pocos años antes, en 1890, se había iniciado una profunda crisis en Estados Unidos así como en el resto del Mundo. Para 1894 la situación se había vuelto complicada. La deflación y la caída de las exportaciones habían elevado el paro hasta niveles del 20%. La deflación hacía insostenible las deudas contraídas por granjeros y agricultores, y las revueltas y huelgas asolaron el país. Finalmente, grandes movimientos populistas nacieron de la mano de las desgracias de muchos. Es en este contexto donde surge el discurso populista de W.J. Bryan, defensor de un sistema bimetálico que dotara a los Estados Unidos de cierta autonomía en emisión de moneda. Fue tal la notoriedad que adquirió dicho movimiento “anti patrón oro”, que Lyman Frank Baum publicó en 1900 el libro “El Mago de Oz”, inspirando el personaje del león cobarde en la figura del propio demócrata Bryan.

En cualquier curso de Economía Internacional se explica lo que llamamos pomposamente el “Trilema del Sistema Monetario. Este trilema nos dice que un gobierno no puede de forma simultánea controlar el tipo de cambio, permitir el libre movimiento de capitales y poseer autonomía monetaria. Es decir, por ejemplo, si un país quiere controlar su tipo de cambio y desarrollar políticas monetarias autónomas, necesariamente debe impedir la libertad de movimiento del capital. O, en otro ejemplo, si prefiere tener cierta autonomía monetaria pero permitir libertad de movimiento de capitales, debe renunciar a controlar el tipo de cambio. Es decir, las tres opciones no son posibles a la vez. ¿Por qué? Veámoslo con un ejemplo.

Suponga que queremos controlar el tipo de cambio. Tradicionalmente este ha sido un objetivo preferente de los gobiernos durante muchos años, en especial los últimos 150. Las razones por las que se desea tal objetivo es que su control eleva la seguridad en los pagos internacionales al eliminar el riesgo cambiario. Así, durante gran parte del último siglo y medio, la fijación de los tipos de cambio ha beneficiado, por ejemplo, al comercio internacional. Si a la vez defendemos la libertad de movimiento de capitales, es decir, no se desea imponer restricciones a su movilidad entre países, la política monetaria dejará de ser autónoma. ¿Por qué? Suponga que un país con un tipo de cambio fijo quiere reactivar la actividad económica mediante una reducción de los tipos de interés. En ese caso la caída de la rentabilidad de los activos financieros nominados en su moneda, provocará una salida de capital hacia otros países que tengan tipos más atractivos, pues recordemos, se supone perfecta movilidad del capital. Este movimiento se debe a la existencia de una condición de arbitraje, es decir, de diferenciales en la rentabilidad que hacen beneficioso vender en el país que reduce el tipo de interés y comprar allí dónde aún es alto. Esta salida provocará una tensión en su tipo de cambio al sufrir expectativas de devaluación. Como el país está comprometido en sostener su tipo de cambio, para evitar la devaluación, deberá subir el tipo de interés para frenar la salida de capital. Así, al final del día, la política monetaria deberá deshacer la bajada de tipos, por lo que el intento de expandir la actividad mediante un abaratamiento del dinero habrá sido un fracaso.

El Patrón Oro era consustancial al libre movimiento de capital, sin el cual no tenía sentido. Esto llevaba a los países que lo asumían debían a aceptar, sin más, no aplicar políticas monetarias para aliviar las crisis

No voy a detenerme en explicar el resto de combinaciones posibles. El ávido lector puede imaginarse muchas de ellas. Esta que he descrito es la que más me interesa exponer, pues ha sido y es la más usual a lo largo de la historia monetaria mundial. El Patrón Oro es un clarísimo ejemplo de esta combinación. Al fijar dos monedas su paridad con el oro, implícitamente se fijaban el tipo de cambio entre ellas. Además, el Patrón Oro era consustancial al libre movimiento de capital, sin el cual no tenía sentido. Esto llevaba a que los países que lo asumían debían aceptar, sin más, no aplicar políticas monetarias para aliviar las situaciones de crisis económicas internas motivadas por cualquier otra razón que no tuviera origen monetario.

Resumiendo, optar por un equilibrio exterior (estabilidad cambiara) implica sacrificar equilibrio interior. En consecuencia, las recesiones y las crisis eran habituales durante la vida del sistema de Patrón Oro, además de profundas y habitualmente largas, si las comparamos con las actuales, cuando las políticas monetarias han adquirido cierta autonomía. Esto pueden verlo en el gráfico que he preparado con los datos del National Bureau of Economic Research sobre fechas y duración en meses de recesiones en Estados Unidos desde 1856. En él se representa el porcentaje de meses en una década que la economía norteamericana estuvo en recesión. Para que el lector lo entienda sin problemas, cada mes de la serie que se representa mide para los 60 meses anteriores y para los 60 meses posteriores, el % (en tantos por uno) de éstos que la economía estuvo en recesión. Por ejemplo, si el dato para un mes es 0,5, significa que en los diez años para los cuáles ese mes es el central, el 50 % del total de esos meses, la economía norteamericana estuvo en contracción. Puede comprobarse que es a partir de la desaparición definitiva del sistema del Patrón Oro, después de la Gran Depresión, cuando éstas se hicieron menos habituales. Así, Bretton Woods, sistema vigente durante gran parte de la segunda posguerra mundial hasta 1971, aunque establecía tipos de cambio fijo, optaba por el control del capital, por lo que permitía cierta autonomía en la política monetaria; algo que en la actualidad es mucho más habitual pues salvo contadas excepciones, los países en su mayoría disponen de tipos de cambio flexibles, aunque eso sí, con cierta flotación sucia. 

Para que comprueben hasta qué punto el tipo de cambio fijo puede provocar desequilibrios internos, a cambio de un equilibrio externo, en el gráfico *** muestro la evolución de la inflación y de los tipos de interés reales (nominales menos inflación) para Estados Unidos desde 1871. Pueden observar con claridad la volatilidad en ambas variables durante el período que comprende el Patrón Oro, y que sin embargo desaparece en gran parte una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. Deben entender que el tipo de interés real condiciona de forma máxima variables como el consumo y la inversión. Por lo tanto, su volatilidad condicionaba enormemente el ciclo económico de la época, lo que se traduciría en expansiones y recesiones fulgurantes, además de habituales.

Los países del euro, dentro de él, no disponen de autonomía monetaria. Han elegido no controlar su política monetaria

La incapacidad de la política monetaria para acomodar el tipo de interés nominal a la situación a principios de la década de los noventa del siglo XIX en Estados Unidos, provocó una profundización de la recesión, que en otro caso hubiera sido más liviana. La deflación elevó la carga de los que debían dinero, en particular a enormes grupos de agricultores y ganaderos, así como de familias humildes, que cayeron en la ruina, lo que alimentó movimientos populistas y nos dejó discursos como los de Bryan. Fue el trilema, y la opción entonces elegida, lo que explicaría en una gran parte, está situación. 

Y ahora piensen. Los países del euro, dentro de él, no disponen de autonomía monetaria. Han elegido no controlar su política monetaria. Piensen en la crisis desatada en 2008-2009. Y piensen en la aparición de populismos, en Syriza, en el referendum de Tsipras, y en Pablo Iglesias. Piensen en la crisis de las instituciones europeas y en la crisis de identidad del euro. Piensen en el euroescepticismo que crece día a día. Y luego, pregúntense: ¿tiene el trilema algo que ver?

Imagen: policía a caballo disuelve a manifestantes en Tompkins Square, Riot (1874). Ilustración de Matt Morgen


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