La Economía explicada

Reforma

Definición de la RAE para “trastorno bipolar”: trastorno afectivo caracterizado por la alternancia de una fase maníaca y otra depresiva, o por la presencia de una o más fases solo maníacas o solo depresivas.

Leída esta definición uno tiene claro que el mercado de trabajo en España es bipolar. Tan pronto creamos empleos como ningún otro país, que pasamos a destruirlos como nadie. Además de esta tendencia a los extremos, España es líder en Europa en temporalidad, con el permiso de Polonia. A tales ignominias, ya enquistadas desde hace décadas, se les une la elevada precariedad que nuestro mercado de trabajo insiste en ir poco a poco instalando en las vidas de muchos trabajadores.

La actual regulación del mercado laboral sigue siendo heredera de aquella que el Régimen del dictador Franco nos dejara como legado

Las razones que explican esta aberración, calificativo que no tengo empacho en otorgar a nuestro mercado de trabajo, son diversas. Sin embargo, no cabe duda alguna que la regulación del mismo es una de ellas. Esta regulación, aunque con grandes cambios en estas últimas cuatro décadas, sigue siendo heredera de aquella que el Régimen del dictador Franco nos dejara como legado. Una regulación diseñada para mayor gloria de los sindicatos verticales y a la búsqueda de la paz social a cambio de ofrecer “seguridad” a una clase trabajadora con incentivos a rebelarse.

Las grandes reformas aprobadas desde entonces no han mejorado mucho el panorama, con alguna que otra excepción. La más importante, sin duda alguna, es la Reforma de 1984, y que nos regaló el contrato temporal. Era evidente la necesidad de algún cambio en este sentido, por lo que los motivos para introducir dicho contrato eran razonados y razonables. Pero al cabo del tiempo, es evidente que las consecuencias creadas no eran las esperadas por el legislador.

Desde entonces, muchas otras reformas han sido aprobadas. Quizás, la que mejor análisis soporta es la de 1997. No obstante, todas ellas recibieron contestación por parte de trabajadores  y empresarios, aunque lógicamente en mayor medida de los primeros. La última reforma, la de 2012, no es menos en este sentido. Sin embargo, y a pesar de la leyenda negra que algunos quieren construir sobre ella y a pesar también de la falta de análisis por su parte, y aún no siendo la reforma que necesitaba España (fue una reforma “asimétrica”, dejó cosas importantes por tratar) la Reforma Laboral de 2012 vino a poner algunas cosas en un sitio más “razonable”. Recientes informes confirman que dicha reforma, al contrario de lo que muchos han argumentado (como he comentado, sin datos ni análisis alguno que defienda su tesis) es que tal Reforma ha permitido limar los efectos negativos de la crisis.

Así es el caso del reciente informe que FEDEA ha publicado. En este trabajo, y haciendo uso de un análisis técnico riguroso y transparente, se extraen una serie de conclusiones sobre los efectos de la Reforma en el empleo y, además, en la temporalidad.

¿Cómo se lleva a cabo tal análisis? Básicamente, el impacto de la Reforma se cuantifica mediante la estimación con información personal de la Muestra Continua de Vidas Laborales. Con esta información (varios millones de registros) y mediante el uso de modelos estadísticos, llamados modelos de duración, se relacionan las tasas de salida del desempleo al empleo y del empleo al desempleo con las características personales del trabajador, con su historial, con indicadores de la situación macroeconómica general para las cuáles hay que llevar a cabo controles, del estado del mercado laboral provincial y con una variable dicotómica que distingue entre antes y después de la Reforma.

Otro objetivo de esta reforma, velado pero evidente, era favorecer la devaluación interna necesaria en un marco de moneda única

Resumiendo, el objetivo de la Reforma Laboral de 2012 era permitir la flexibilidad interna en las empresas para evitar que esta se consiguiera de un modo “externo”, es decir, recurriendo al despido. Además, otro objetivo de esta reforma, velado pero evidente, era favorecer la devaluación interna necesaria en un marco de moneda única. Ambos objetivos confluían en una meta, la de evitar los ajustes vía empleo permitiéndolos en otras variables, como salarios o condiciones laborales.

Estos objetivos, que no pretenden engañar a nadie salvo para los que quieren ocultarlos, tuvo mal acogida por razones evidentes. La reacción en contra, bajo el argumento de la pérdida de derechos así como de la evidente devaluación salarial, fomentó un “enfrentismo” que aún perdura.

Pero al margen de estos enconados debates sobre derechos, la pregunta pertinente es qué trasciende del informe presentado recientemente. Muy resumidamente, según este informe, el mensaje es claro: la Reforma ayudó a limitar los costes en empleo de la recesión así como a reducir, en parte, la temporalidad en España.

Poniendo números al debate, al menos una tercera parte de la reducción del desempleo entre 2012 y 2015 ha sido causado por la Reforma. Así, la probabilidad de salir del desempleo al empleo indefinido en los siguientes 12 meses de un desempleado después de la Reforma aumentó desde el 1,7 % al 2,6 %. Sin embargo, la probabilidad de salida desde el desempleo a empleo temporal prácticamente quedó inalterada, 11,8 %.

Por otro lado, ante este aumento de la probabilidad de salida hacia el empleo, la probabilidad de salida del empleo hacia el desempleo se ha reducido. La suma de los cambios en ambos flujos es que la Reforma ha conseguido frenar el aumento del desempleo en sus primeros años así como ha permitido elevar la creación de empleo, especialmente indefinido, en los años que vinieron a continuación.

La Reforma, aunque permitió cierta mejora, no ha conseguido eliminar ni el problema de la temporalidad ni del desempleo de larga duración

El informe, a su vez, presenta cálculos que pueden dar una imagen más aproximada en términos de número de empleos de los flujos relevantes. A partir de las probabilidades estimadas y del stock de empleados y desempleados previos a la Reforma, el informe indica que el stock de desempleados se habría reducido en cada año en unos 24.000 efectivos, y que prácticamente en su totalidad habrían sido en empleos indefinidos. Por otro lado, el número de nuevos desempleados que lo hubieran sido en el caso de que la Reforma no hubiera saldo adelante, se estima en 47.000 anuales, explicado por una caída en la tasa de despido de los temporales. Aunque, y como el propio informe indica, estas cifras deben estar sujetas a elevados niveles de precaución, el cómputo final de tales cambios en los flujos nos llevaría a pensar que al menos un tercio de la caída del desempleo desde 2012 ha sido gracias a esta Reforma. Más aún, las mayores tasas de salida del desempleo al empleo, especialmente al empleo indefinido, ha permitido reducir la duración media de los episodios de desempleo y que, como el estudio computa, ha pasado de 12,5 a 11 meses, mientras que las menores tasas de despido de los trabajadores con contrato temporal hacen que sus duraciones medias en el empleo pasen de 10,5 a 13,3 meses.

Resumiendo, sin la Reforma el ajuste en empleo hubiera sido mayor del observado y la tasa de temporalidad mayor. Sin embargo, la Reforma no fue perfecta y aunque permitió cierta mejora, no ha conseguido, ni lo hará por como está diseñada, eliminar ni el problema de la temporalidad ni del desempleo de larga duración. Estos dos grandes problemas de nuestro mercado de trabajo, muy probablemente, se deberán resolver en unas futuras reformas laborales, las n-ésimas de nuestra democracia.


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