OPINIÓN

¿Existen regiones fallidas en España? La respuesta es no

La falta de convergencia no es solo un problema regional español, lo es para la mayoría de los países y regiones.

¿Existen regiones fallidas en España? La respuesta es no
¿Existen regiones fallidas en España? La respuesta es no

Estos meses de crisis catalana han servido, entre otras muchas cosas, para reabrir debates que permanecen latentes durante cierto tiempo y que se activan, como en esta ocasión, periódicamente. En este caso han servido para que hablemos de nuevo de la convergencia regional, de los decepcionantes resultados de algunas regiones durante las últimas décadas y de la incapacidad de algunos gobiernos (o sociedades por extensión) para hacer las cosas mejor. Tanto desde el mundo nacionalista catalán, al menos una parte de él, como de los grupos más liberales nacionales, las razones del atraso secular de regiones como Andalucía o Extremadura tienen la sola explicación ( o cuando menos simplificada de forma voluntaria y explícita) de sus malos gobernantes y su incapacidad para mejorar el bienestar de sus conciudadanos.

No es cierto que no haya habido mejora relativa de las regiones menos desarrolladas durante estas cuatro décadas de democracia

Pero estas afirmaciones son cuando menos simplistas. Y lo son al menos por dos razones. La primera de ellas porque no es cierto que no haya habido mejora relativa de las regiones menos desarrolladas durante estas cuatro décadas de democracia, al menos en cuanto a la eficiencia en hacer las cosas. Durante los últimos cuarenta años las productividades de las diferentes regiones españolas han convergido, lo que matizaría mucho la hipótesis de las “regiones fallidas” para explicar la realidad. En segundo lugar, es cierto que esta disminución en las diferencias en productividad no tiene su reflejo en términos de renta per cápita, evidencia sobre la que se construye el relato y el discurso al que me he referido en el inicio de este post. Sin embargo, si uno profundiza en las razones de esta cuestión, es posible encontrar matices muy importantes. Un primer matiz es que este estancamiento no es ajeno a una tendencia común en gran parte de las economías occidentales, lo que nos lleva a tener que incorporar explicaciones ajenas a la gobernanza regional y a las características intrínsecas de las regiones. Es decir, esta evidencia obliga a elaborar razones globales o comunes. Es cierto que esta afirmación suena a consuelo de muchos, pero sí ofrece pistas sobre cuáles pueden ser los problemas, o cuando menos cuáles no. Un segundo matiz es que, si existe una idiosincrasia española al margen de posibles explicaciones comunes para explicar la no convergencia española, se pueden llegar a enumerar factores que nada o poco tienen que ver con las políticas a las que los gobiernos regionales pueden tener acceso.

Que no haya habido convergencia regional en España desde los ochenta puede explicarse porque a pesar de la convergencia en productividad ha existido una clara divergencia en ocupación

Hace no mucho escribí sobre por qué no convergen las regiones españolas . Entonces afirmaba que, si bien la convergencia en productividad no había cesado desde los años 50 hasta la reciente crisis, la convergencia en PIB per cápita se había detenido allá a principios de los años 80. Aparecía de este modo una dicotomía que podría resultar paradójica pero que, por supuesto, no lo era pues tenía su explicación. Recuerde que el PIB per cápita se explica por el múltiplo de la productividad con la tasa de ocupación. En un país o una región todos ganamos más por persona si, o bien somos más productivos (productividad), o bien trabajamos una mayor proporción de personas (tasa de ocupación) o ambas cosas a la vez. Que no haya habido convergencia regional en España desde los ochenta puede explicarse porque a pesar de la convergencia en productividad ha existido una clara divergencia en ocupación, lo que ha impedido aprovechar íntegramente las ganancias derivadas de la primera.

En la figura que muestro a continuación se observa la convergencia en PIB per cápita (línea azul y medida como desviación estándar de las 17 regiones, obviando Ceuta y Melilla) y de las de productividad y tasa de ocupación (naranja y gris respectivamente) desde 1964 hasta 2015. Si caen es que las diferencias menguan. Pues bien, como ya expliqué en su día, mientras la productividad converge hasta 2008, año del inicio de la crisis, la tasa de ocupación diverge desde los años ochenta (constante desde 1996). La línea del PIB per cápita, producto de las dos anteriores, muestra un comportamiento que queda en tablas desde hace más de treinta años.

Gráfico 1
Gráfico 1 A.H.

Así pues, gran parte de la no convergencia entre las regiones españolas se explica por las diferencias en tasa de ocupación. Esto nos lleva a buscar entre las diferencias demográficas y laborales de las regiones las causas específicas españolas del estancamiento en las diferencias.

Dejemos aparcado de momento el análisis “español” y pasemos a la comparación internacional. ¿Qué ha sucedido en otros países occidentales? La figura que muestro a continuación refleja la desviación estándar para varios países en dos años, 2000 y 2013 (período en el que maximizo la comparación posible) para el PIB per cápita en la izquierda y la productividad en la derecha. Puede observarse que en diferencias regionales en PIB per cápita España se sitúa en la parte superior, aunque lejos de otros países como Italia y por debajo del Reino Unido. Sin embargo, se observa a su vez que en productividad somos el país con menor diferencias entre regiones. También puede observarse que durante este tiempo la evolución española no es muy diferente, en ambas variables, a las del resto de países, siendo destacable una gran estabilidad en las divergencias regionales en términos de PIB per cápita, salvo alguna excepción. La falta de convergencia no es solo un problema regional español, lo es para la mayoría de los países y regiones.

Existen fuerzas que en vez de expulsar capital hacia regiones pobres lo concentra en las regiones ricas. Por ejemplo, cercanía a los mercados centrales

Las posibles explicaciones de esta falta de convergencia son diversas. Según la teoría económica, si no existen más variables que la sola rentabilidad del capital, este debería ser mayor en las regiones menos desarrolladas (donde la dotación de este factor es menor) y por ello las inversiones acudirían a ellas. Esto elevaría su crecimiento por encima de la media y en consecuencia asistiríamos a la convergencia. Sin embargo, esta explicación es insuficiente, evidentemente a la luz de los datos. Existen fuerzas que en vez de expulsar capital hacia regiones pobres lo concentra en las regiones ricas. Por ejemplo, cercanía a los mercados centrales (de mayor renta per cápita), la existencia de mercados de trabajo especializados en las regiones centrales, o la existencia de externalidades de aprendizaje, etc. Todo ello hace que la actividad económica siga siendo enormemente rentable en las regiones ricas, incluso más que en las menos ricas y, en consecuencia, discriminando las regiones periféricas (geográficamente y económicamente) frente a las centrales, frenando la convergencia e incluso generando divergencia.

Gráfico 2
Gráfico 2 A.H.

En este sentido, en un libro muy ameno de Paul Krugman, Desarrollo, Geografía Y Teoría Económica , se describen las fuerzas que pueden llevar a la divergencia en el PIB per cápita regional dentro de los países. Entre otras muchas cuestiones se debate el efecto que la integración de los mercados, por ejemplo, en el Mercado Único Europeo, tiene sobre la concentración de actividades económicas de elevado valor añadido en zonas centrales y, en consecuencia, del aumento del riesgo de divergencia regional. Es por esta razón que, prevista esta posible divergencia como consecuencia de la globalización económica o la integración de mercados, los poderes públicos hayan diseñado políticas de compensación para evitar el éxodo de actividades desde las regiones periféricas. ¿Les suena ahora el sentido práctico de programas presupuestarios como los fondos FEDER y de Cohesión?

Además de estos factores globales tenemos los propios, los castizos. La ya tantas veces denunciada por mi parte absurda legislación laboral y que puede tener una traducción territorial clara

Volviendo a España, además de estos factores globales tenemos los propios, los castizos. La ya tantas veces denunciada por mi parte absurda legislación laboral y que puede tener una traducción territorial clara. Los efectos perniciosos de ciertas instituciones laborales comunes no pueden ser similares en regiones como el País Vasco o Extremadura. Además, otros factores como el arraigo a la tierra, exponencialmente multiplicado por la preferencia por la propiedad de la vivienda, la red de ayuda familiar o las transferencias del Estado de bienestar exacerba las diferencias en tasa de paro regional, lo que explicaría el aumento de las diferencias regionales en tasa de ocupación desde los ochenta y, unido a todo lo anterior, podría perfectamente explicar la falta de convergencia entre las regiones españolas desde los años 80.

En resumen, la capacidad de convergencia de una región excede con mucho de las capacidades que un gobierno regional puede demostrar. Esto no implica que un buen gobierno regional no sea necesario ni deseable. Más bien es imperativo. Pero la capacidad que estos tienen, con sus presupuestos y sus regulaciones, para frenar las grandes fuerzas globales de movimiento de bienes, servicios, capital y personas está excesivamente sobrevalorado. Sirva por lo tanto ese post para enriquecer los argumentos de aquellos que, en su interesada tentación de catalogar como fallidos gobiernos ajenos, en lo geográfico y en lo ideológico, solo saben ver lo que quieren ver.


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