La Economía explicada

Eduardo Garzón y los cuentos

Existen cuentos y cuentos. Algunos tienen moraleja. Nos enseñan lecciones sencillas y fáciles de transmitir. Por ejemplo cuentan que érase una vez una joven que iba caminando ensimismada en dirección al mercado. Portaba sobre su cabeza la leche recién ordeñada, y aún templada. Mientras fantaseaba con el futuro que le deparaba la venta, tropezó, de tal modo que al igual que entre las grietas del camino desaparecía la leche, así lo hacían sus ilusiones.

Otros cuentos, sin embargo, cuentan historias que, bien pensadas, no son ejemplares. Por ejemplo, cuentan que érase una vez un niño, llamado Juan, que convencido por un embaucador,  del que decían que era mago, aceptó tres habichuelas a cambio de una vaca. Con ellas alcanzó las nubes y, tras robar la gallina de los huevos de oro a un malvado ogro, acabó con él para vivir rico y feliz junto a su madre y la excepcional ave.

El cuento de la lechera nos dice que hay que tener los pies en el suelo. Otros cuentos, como el de la Cigarra y la Hormiga, que hay que ser responsable y previsor

El cuento de la lechera nos dice que hay que tener los pies en el suelo. Otros cuentos, como el de la Cigarra y la Hormiga, que hay que ser responsable y previsor. De los Tres Cerditos, que hay que ser laborioso. De Caperucita, que no hay que fiarse de desconocidos,… ¿Pero y del cuento de Juan y la Gallina? ¿Debemos aprender que hay que acabar con los ogros y vivir de la creación de riqueza artificial que nos da este pequeño y simpático prodigio de la magia? No sé qué piensan sobre el cuento, pero personalmente me resulta difícil extraer una mínima moraleja del mismo. Y debe ser porque en realidad no la tiene. Sin embargo, este tipo de historias tiene un gran número de adeptos. Sin duda, muchos creen que se puede vivir de una gallina de los huevos de oro.

Para comprobarlo no hace falta sino atender a los programas electorales, o los avances de los mismos, que algunos partidos presentan estos días para las elecciones generales del 20-D. En estos avances encontramos algunas referencias veladas a gallinas de los huevos de oro, de lecheras que sólo piensan en prosperar sin apenas esfuerzo, o de embaucadores que haciéndose pasar por magos, nos dirán que con tres habichuelas mágicas podremos conquistar el cielo, y de paso, todo el oro del mundo.

Déjenme que desarrolle mi idea. Una lección que debemos aprender desde pequeños es que riqueza y dinero son dos cosas diferentes. SI entendemos esto, parte de la realidad (económica) dejará de estar codificada. Algo así como cuando Neo finalmente descodifica Matrix. Muchas cosas cobran sentido, y otras dejan de tenerlo. La riqueza es el valor añadido por trabajador o empresario, que en su tarea habitual, crea o fabrica algo que la gente desea. Dicho deseo surge por la existencia de una necesidad que dicho bien se encarga de satisfacer. Por ejemplo, la riqueza que yo creo cada día es transmitir conocimiento. O eso espero. La de un mecánico, arreglar mi coche. La de un piloto, llevarme a un congreso. La de un ingeniero, asegurar que el avión llegue con garantías al destino. Cuanto más valorada sea la tarea que desempeña un trabajador o empresario, o cuanto más preciosa o única sea, más riqueza creará. Y cuanto más riqueza cree, más dinero tendrá en consecuencia, al ser este el instrumento perfecto para intercambiar dicha riqueza o atesorarla, cuando esta no se desea consumir en el instante que se genera. Si entendemos este principio, comprenderos por ejemplo que el postulado marxista de la teoría del valor trabajo no tiene sentido: el trabajo no tiene valor a menos que el producto del mismo sea deseado. Por ejemplo, ¿qué valor tiene el trabajo de un vendedor de burritos mexicanos, con extra de chile picante en medio del Sahara a 50 grados a la sombra? Exacto, ¡ninguno!, porque el deseo que genera tales burritos es nulo.

El desarrollo a largo plazo de la humanidad puede entenderse como la mejora en la capacidad del ser humano de crear más riqueza haciendo uso, relativamente, de menos recursos; como por ejemplo el tiempo. El cambio tecnológico, la educación, el conocimiento, la innovación, las instituciones favorecedoras de todo lo anterior, permiten mejorar la productividad, cuyo crecimiento no es sino la expresión evidente de la mejora de dicha capacidad de crear riqueza. En resumen, las sociedades occidentales son más ricas porque son más productivas, no porque tengan dinero o descubran minas de oro. ¿Recuerdan la España del Siglo de Oro?

La creación de riqueza, y cómo favorecerla, debe ser el eje central de las propuestas económicas de los partidos

Así pues, la creación de riqueza, y cómo favorecerla, debe ser el eje central de las propuestas económicas de los partidos. Y no necesariamente de forma directa (para eso tenemos empresas y empresarios), sino especialmente indirecta. El estado debe garantizar, eso creo firmemente, una educación y sanidad universal y de calidad, en tanto en cuanto son factores determinantes del desarrollo, la oferta de adecuadas infraestructuras y de una administración que facilite, no perjudique, la actividad privada. Dado que una mejor distribución de la riqueza favorece el crecimiento y el desarrollo económico, como han demostrado numerosos estudios de organismos como el Fondo Monetario Internacional o la propia OCDE, el estado debe garantizar además una mejor distribución de la misma, aunque siempre minimizando los efectos perversos que esto provoca en los incentivos individuales. Crecimiento e igualdad son pues los principales objetivos  económicos que debe alcanzar toda sociedad, aunque la consecución de ambos implica un equilibrio de políticas económicas nada fácil de diseñar. 

Sin embargo, algunos partidos vienen con cuentos de la lechera. Nos dicen que la riqueza puede crearse prácticamente de la nada. Que lo único importante es distribuir, como si antes no fuera importante generar la riqueza que queremos redistribuir. Algunos hablan de creación de dinero a partir de la creación de déficit públicos, argumentando que de este modo tendremos asegurado el crecimiento económico. Como si existiera una gallina de los huevos de oro. No entienden que la creación de riqueza no está en lo que queramos poner en un papel que vayamos a negociar. Que emitir deuda a un tipo de interés cero implica que, a cambio, debemos crear riqueza futura. Hay algunos que aún confunden riqueza con dinero.

Si existiera una gallina de los huevos de oro, lo mejor que podemos hacer es pedirle que limite las puestas

Hace unas semanas leí una entrada del economista Eduardo Garzón. Su ideario debe ser por obligación enlazado con el de Izquierda Unida, y por extensión a otros partidos de su misma órbita. En dicho post explicaba, con numerosos errores conceptuales y de argumento, que un gobierno podía generar crecimiento perpetuo en base a la emisión de deuda continúa, a una gallina que en vez de poner huevos de oro, pone bonos del estado. No lo dice de este modo, pero me tomo la libertad de cerrar su argumento con esta conclusión. No voy a explicar los errores que cometió, pues ya lo hice en otro momento. Pero sí les voy a desmontar un mito, con permiso del señor Garzón si es que en algún momento me hace el honor de leer esta entrada: si existiera una gallina de los huevos de oro, lo mejor que podemos hacer es pedirle que limite las puestas. Si no lo hace, sólo provocarían la pérdida de valor de este metal precioso, y en consecuencia inflación. Intentar crear riqueza a largo plazo a partir de la creación masiva de medios de pago es una actividad fútil.

Es cierto que estamos en una situación especial de tipos cero, que hay que aprovecharla y que casi seguro su efecto positivo a corto plazo existe, y lo mismo es hasta deseable, como ya he hablado de ello en otra ocasión. Pero una cosa es responder a una recesión mediante la expansión del gasto público y otra muy diferente es pretender basar en ella una estrategia de crecimiento a largo plazo. Esta política tiene efectos dudosos a largo plazo, salvo en la excepción de que ésta se dedique exclusivamente a poner las bases de una intensa creación de riqueza futura. Y es que el endeudamiento no es nocivo per sé, como muchos nos quieren hacer ver. El endeudamiento es nocivo cuando su colateral temporal, la garantía de una riqueza futura con la que hacer frente a la devolución de lo pedido, no es creada. A mayor endeudamiento, más riqueza futura comprometemos. Cuando esta restricción no se cumple, no tenemos crecimiento, tenemos inflación y pobreza.

Por este motivo, cuidado con los cuentos que nos quieren contar. Busquen las moralejas y entiendan si éstas son las adecuadas o no. Yo, personalmente, prefiero ser hormiga a cigarra. Lo verán claro si entienden que una cosa es la riqueza, y otra, el papel con el que la transmitimos y atesoramos.


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