OPINIÓN

Desacople entre salarios y productividad. A vueltas con la tecnología

La economía de la información, a medida que se asentaba y desarrollaba, comenzaba a exigir otro tipo de trabajador, y con ello otro tipo de remuneración.

Desacople entre salarios y productividad. A vueltas con la tecnología.
Desacople entre salarios y productividad. A vueltas con la tecnología.

La semana pasada dejaba en el aire una cuestión de enorme relevancia y que por ello suscita un intenso debate tanto académico como en los medios: el menor crecimiento de los salarios reales en España, así como en otros países, comparado con la productividad. Es lo que ha venido a denominarse como desacople entre productividad y salarios. Según los datos de numerosas fuentes, los salarios parecen crecer menos que la eficiencia de la actividad productiva, lo que lleva a una reducción del peso de las rentas salariales sobre el total de valor generado en un año. Este hecho no es novedoso, pues se está repitiendo una evolución relativa de los salarios similar a la observada hace exactamente doscientos años, durante el período que luego vino a llamarse como “Engels’ Pause” (pausa o estancamiento de Engels), en honor al filósofo revolucionario que fue quien describió la situación, a veces paupérrima, de los trabajadores británicos ante las primeras consecuencias de la Revolución Industrial.

Ya he hablado en alguna ocasión sobre esta cuestión. Además, recientemente parece haberse reactivado del debate por publicaciones como las del propio Economic Policy Institute , que parece enmendarse a sí mismo siguiendo la estela de trabajos como el de Joåo P. Pessoa y John Van Reenen (agradezco a Daniel Nagore su llamada de atención sobre este nuevo estudio). Aunque las causas de este desacople están más o menos claras, o cuando menos están siendo desveladas, es necesario sin embargo extender el dedo índice para señalar otras dos posibles explicaciones que creo pueden ser relevantes invitando así a la reflexión sobre esta cuestión. Una de ellas se basa en el concepto de capital social, tan diferente al concepto de capital físico de la industria tradicional. Otra, que el peso del capital tecnológico en la dotación de capital de una empresa no es hoy el mismo que hace unas pocas décadas y que por ello, y además por cambios en la legislación la contabilización del mismo, desplazan, aunque sea virtualmente, o no, a las rentas salariales del conjunto del valor de todas las rentas.

A los futuros trabajadores había que enseñarles disciplina. Este era el valor que un día necesitarían volcar sobre su ámbito laboral y por esto se les retribuiría

En primer lugar, David Mitch, historiador de la Universidad de Maryland en el Condado de Baltimore, explica a la perfección las diferencias en la educación y en la creación de trabajadores “adecuados” en dos modos de producción bien diferentes. Cuenta Mitch que en los años que siguieron a la primera revolución industrial, la transformación de centros de producción de pequeña escala, diseminados y, en su mayor parte, en los propios hogares de las familias a las nuevas y flamantes factorías industriales con cientos de trabajadores, obligó a modificar la preparación (llamémosle educación) de los mismos desde su más tierna infancia. La educación, antes realizada en el hogar para trabajar en el hogar tuvo que modificarse para trabajar a las órdenes concisas y claras de los jefes de las nuevas factorías. A los futuros trabajadores había que enseñarles disciplina. Este era el valor que un día necesitarían volcar sobre su ámbito laboral y por esto se les retribuiría.

Sin embargo, más delante, y como señala Ryan Avent , el mundo empresarial se tornó diferente. Las actividades manuales y repetitivas fueron dejando paso a la información, lo que llevó a exigir otro tipo de habilidades, otros conocimientos, otras aptitudes a los trabajadores. La economía de la información, a medida que se asentaba y desarrollaba, comenzaba a exigir otro tipo de trabajador, y con ello otro tipo de remuneración. En este sentido, las empresas, muchas de ellas ya conglomerados de capital humano, adquieren valor y retribuyen de forma diferente a las tradicionales, basadas en nóminas claras y concisas sobre el trabajo desarrollado.

El capital humano es retribuido hoy de muy diversas formas, como por ejemplo cuando una empresa invierte en un trabajador pagándole con un master u ofreciendo cursos de programación a un conjunto de ellos. Es una inversión que realiza la empresa, que es contabilizada como tal pero que pasa a formar parte del trabajador. En este sentido es un tipo de remuneración que no queda recogido en ningún libro de contabilidad, pero que va a elevar el valor del trabajador y que en cierto sentido, de algún modo, es retribuido por ello. Si este trabajador se va de la empresa, parte de ese conocimiento se va con él, le pertenece. Le ayudará a seguir obteniendo una rentabilidad de su saber hacer.

Si eliminan estos activos de la contabilidad nacional y vuelven a estimar el peso de las rentas salariales sobre el PIB, estas ya no caen, manteniéndose más o menos constantes desde los años cuarenta

En segundo lugar hay que señalar también el mayor peso de las tecnologías en el capital de las empresas. Un trabajo reciente de Dongya Koh, Raül Santaeulàlia-Llopis y Yu Zheng (agradezco a Rafael Domenech por su recomendación) tratan de evaluar qué efecto tiene en la contabilidad agregada de una economía, en este caso en los Estados Unidos, la obligación y el modo de contabilizar estas nuevas tecnologías como capital, I+D y software, y por ello su mejora, como inversión, frente a pasadas normas que los consideraba como consumos intermedios. Lo que encuentran estos autores es que si eliminan estos activos de la contabilidad nacional y vuelven a estimar el peso de las rentas salariales sobre el PIB, estas ya no caen, manteniéndose más o menos constantes desde los años cuarenta.

Gráfico.
Gráfico. A.H.

Para el caso de España algún pequeño ejercicio tentativo es posible. Utilizando los datos de la base de datos de EUKlems, una estimación a nivel sectorial del desacople de los salarios con la productividad desde 1980 hasta 2008, a nivel de sectores no agrarios muestra una imagen interesante. Con todas las precauciones que implica el uso de una base de datos tan agregada, lo que muestra este gráfico es que hubo algunos sectores donde el salario real creció por encima de la productividad (barras en positivo) y en otros donde creció por debajo. Lo más relevante del gráfico es que, aquellos sectores que asociamos a la punta de lanza del cambio tecnológico (más la construcción, entrando aquí la particularidad española) es dónde menos creció el salario real comparado con el VAB. ¿Se podría explicar por la tesis de Avent o de Koh y compañía? Donde más se ha reducido el peso de las rentas salariales en el PIB es en sectores donde el cambio tecnológico es más patente o el peso de la dotación de capital trabajador es mayor.

Hay que poner todos nuestros esfuerzos en evitar que este tipo de disrupciones, especialmente el aumento de desigualdad que lleva asociado, traiga consecuencias a largo plazo no deseables

Resumiendo, de nuevo se proponen explicaciones asociadas al cambio tecnológico como razones del desacople. Esto ni quiere decir que sean las únicas ni que necesariamente sea de este modo. Todo depende de futuras explicaciones. Tampoco quiere decir que es nuestro sino y hay que aceptarlo. Más bien al contrario. Hay que poner todos nuestros esfuerzos en evitar que este tipo de disrupciones, especialmente el aumento de desigualdad que lleva asociado, traiga consecuencias a largo plazo no deseables. Pero lo que sí nos dicen estos análisis es que, al menos, podemos identificar en parte las causas y por ello prescribir recetas.


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