La Economía explicada

Deflación

Desde hace unos meses asisto a un debate económico fundamentalmente normativo, basado en prejuicios de valor y apreciaciones subjetivas, en gran parte carente de evidencia empírica que avale o justifique las proposiciones de quiénes discuten. El debate se centra en discernir si en estos momentos España está en deflación buena o en deflación mala, o si no debemos llamarla desinflación, como si fuera tabú llamarlo por su nombre, como le ocurriera a aquellos magos adolescentes al hablar de “elquenodebesernombrado. Al margen de cuestiones semánticas que no aportan valor añadido, no es irrelevante discernir la bondad de la deflación, aunque sí considero profundamente erróneo posicionarse a priori dada la dificultad de desentrañar correctamente el origen último de la caída de precios, más aún cuando hay indicios que mostraría que esta pelea debe quedar en tablas. Antes de razonarles mi posición, déjenme explicarles los motivos por los que este debate peca de ser enormemente normativo.

Identificar si hay deflación y sus causas responde a una discusión casi secular entre las dos mayores escuelas del pensamiento económico. Así, para los neoclásicos, los mercados siempre están en equilibrio. Como según esta escuela la demanda no puede generar ciclos, debido a que según ellos los precios se ajustarían instantáneamente y sin inercias, el único origen posible de dichos ciclos serían shocks en la oferta. De este modo, la deflación sería solo la expresión de unos mercados ajustando eficientemente los precios ante un repentino exceso de oferta. Según este razonamiento, la deflación siempre es buena.

Si la economía tarda en alcanzar el nuevo equilibrio, los costes de permanecer lejos de él pueden ser elevados, justificando la intervención del Estado o de los bancos centrales. En este caso la deflación sería mala

Frente a esta visión “optimista” están los “pesimistas” keynesianos y sus actuales herederos los neokeynesianos. Estos afirman que ante un cambio en la demanda (shock de demanda) los mercados no se ajustan eficientemente dado que los precios tardan en hacerlo. La inercia que provoca esta lentitud de ajuste puede provocar que durante un tiempo la economía no se encuentre en equilibrio, por ejemplo en recesión, y si el ajuste es muy intenso puede desembocar en una gran depresión como la acaecida en los años 30 del pasado siglo. Mientras se alcanza de nuevo el equilibrio, los precios se deprimirían, e incluso podrían reforzar dicha recesión. Así pues, si la economía tarda en alcanzar el nuevo equilibrio, los costes de permanecer lejos de él pueden ser elevados, justificando la intervención del Estado o de los bancos centrales. En este caso la deflación sería mala. Así pues, para los neo-keynesianos tanto shocks de oferta, cuya existencia no niegan, como de demanda, son posibles por lo que es absolutamente necesario identificar cuál de ambos ha provocado la deflación. 

Dicho esto, y volviendo al debate sobre la deflación en España (así como en parte de Europa) ¿podemos identificar de qué tipo es? ¿Es decir, qué tipo de shock la ha generado? ¿Es una deflación “buena” generada por un shock positivo de oferta, motivada por la caída de precios energéticos, o por el contrario la deflación refleja una aún débil demanda, golpeada por sucesivos shocks desde 2008? La respuesta, como les he explicado, no es baladí. Posiblemente, ambos shocks estén actualmente presentes, resultando interesante identificarlos, si fuera posible conocer cuál de ambos predomina. Para ello déjenme que les razone con algunos datos.

Los shocks que originan la deflación dejan un rastro diferente en virtud de si son de oferta (deflación buena) o de demanda (deflación mala)

Los shocks que originan la deflación dejan un rastro diferente en virtud de si son de oferta (deflación buena) o de demanda (deflación mala). Un shock positivo de oferta genera deflación con expansión de la producción además de subida de salarios reales. Tanto neoclásicos como neokeynesianos coinciden en estas predicciones aunque los primeros tienen problemas en explicar cómo se va a ajustar el empleo, mientras que los segundos predicen con una menor ambigüedad el efecto (positivo) sobre esta variable. Por el contrario, un shock negativo de demanda genera deflación más destrucción de empleo y caída de output y salarios reales.

Si ven el gráfico 1 podrán intuir qué tipo de shocks han podido determinar los episodios recientes de deflación. Los dos primeros paneles del gráfico identifican los shocks que generaron la recesión de 2008-2010 y su re-edicion en 2011-2013. A pesar que entre 2008-2010 la caída de salarios reales no se observa dada la inercia de los convenios firmados antes del inicio de la crisis, y que entre 2011 y 2013 los precios crecieron en parte por el impulso de la subida del IVA, se identifican sendos shocks negativo de demanda: caída de producción, empleo (horas trabajadas) y salarios reales. Sin embargo, a partir de 2014 se identifica un posible shock positivo de oferta, ya que a pesar de la caída de precios, observamos subida en las variables restantes (PIB, salarios reales y empleo). No cabe duda que una explicación evidente para este último son los precios energéticos, y por ello que la actual deflación se enmarcaría como “buena.

Gráfico 1. Respuesta de la economía española a diferentes shocks de demanda y oferta, 2008-2014

Sin embargo, ¿son los precios energéticos los únicos culpables de la actual deflación? Si fuera así, los shocks negativos de demanda mostrados en el gráfico anterior debieran haber sido completamente ajustados. ¿Es posible comprobar si realmente esto ha ocurrido? Podemos obtener al menos alguna intuición. Si la deflación fuera exclusivamente debida a un shock de oferta, observaríamos que no existe relación entre una medida de desequilibrio de demanda y la caída de precios para un conjunto de países afectados por dicho shock común de oferta. Sin embargo, si aún no hubiera finalizado este ajuste, se observaría que la deflación sería mayor en los países con mayor “desequilibrio” de demanda (mayor ajuste que realizar). También observaríamos en los países con mayor desequilibrio un menor crecimiento del salario real, al haber más desempleo y por lo tanto menor presión para que aumentasen. 

Para comprobarlo he tomado prestados varios gráficos del gran tuitero @_combarro_ ,que tanta información interesante nos ofrece diariamente a través de Twitter sobre coyuntura económica española y europea. En estos tres gráficos, uno para 2012, otro para 2013 y finalmente otro para 2014, se muestra la relación entre la tasa de crecimiento del salario real y una medida de desequilibrio habitual: la distancia porcentual (%) entre la producción actual y la potencial (todos los factores empleados). Lo que estos tres gráficos muestran es que aunque parece diluirse la relación, existe evidencia de que aún no ha finalizado el ajuste de los shocks de demanda iniciados allá por 2008 y reeditados dos años y medio más tarde. Por lo tanto parece existir un componente de demanda en la actual deflación. Sin embargo, parece que este shock se diluye y adquiere predominancia el shock de oferta.

En definitiva, el debate actual sobre la cuestión es difícil de contrastar. Lo que he pretendido mostrar son indicios, no pruebas, de que la actual deflación puede explicarse por un shock de oferta iniciado en el segundo tercio de 2014 más unos shocks de demanda que aún no han terminado de ajustarse. Sin embargo, un análisis más “certero” deberá esperar unos años, ya que hasta entonces será difícil valorar adecuadamente qué es lo que está pasando. Mientras tanto podemos seguir discutiendo.


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