OPINIÓN

¿Deben subir los salarios?: Depende

Si los salarios reales crecen menos que la productividad, el factor trabajo se abarata relativamente, elevándose la contratación y cayendo el desempleo.

¿Deben subir los salarios?: Depende.
¿Deben subir los salarios?: Depende. EFE

Creo que me han hecho esta pregunta unas diez veces en las últimas tres semanas. Y siempre trato de contestar con la misma frase : la cuestión no es si se debe subir o no, sino si se puede. Una vez doy esta respuesta continúo con otra pregunta: ¿quién puede? Esta ambigüedad en mi respuesta tiene una razón y que es imperativa en este debate. El verbo intransitivo “depende” debe estar en el centro del discurso. Y es que en estos momentos habrá quienes puedan elevar su salario sin más tardar y habrá, quizás, quienes tengan que esperar. Y todo depende de quién hablemos y de qué subida discutamos.

A lo largo de la historia ha habido períodos en los cuáles un aumento del salario real por encima de la productividad ha sido seguido por un menor crecimiento del empleo

Para empezar, todo depende de la productividad y del nivel de empleo. Algunas escuelas heterodoxas suelen criticar este argumento acusando a quienes lo hacemos de una obsesión extrema con una variable difícil de medir y por ello de su uso como eje en determinadas políticas económicas (en este caso en políticas de rentas). Aceptando el hecho de que en términos agregados es complejo adivinar cuánto ha crecido la productividad, en términos microeconómicos es más fácil capturar esta relación. Es por ello que, habitualmente, proponemos que debe ser la empresa o centro de trabajo,  en la medida de lo posible, la referencia para la negociación colectiva. En este caso, los cambios salariales convergerán de un modo más natural a la evolución de la productividad, fomentando un crecimiento sostenido en el tiempo tanto de la producción como del empleo. Dicha obsesión con la productividad, además, no es gratuita. A lo largo de la historia ha habido períodos en los cuáles un aumento del salario real por encima de esta ha sido seguido por un menor crecimiento del empleo, e incluso por un aumento del desempleo. Aunque es necesario aislar correctamente la causalidad, es muy probable que exista, en el muy corto plazo, un “trade-off” entre salario y empleo que debe ser atendido.

Tras la huelga de 1988, los salarios reales empezaron a crecer con fuerza, muy por encima de la productividad hasta la crisis de principios de los noventa 

El gráfico que muestro a continuación nos enseña la evolución anual del crecimiento de la remuneración por empleado (aunque no es exactamente salario por empleado, voy a usar por simplificación este término en lo que queda de post) y de la productividad por empleado. Así, por ejemplo, desde 1979 a 1987, los salarios reales crecieron por debajo de la productividad. Esta caída de los costes laborales unitarios ayudó durante los primeros años de este período a la mejora de la rentabilidad de las empresas, muy dañadas tras el shock del petróleo y la crisis económica y política originadas a continuación. Esta mejora terminó afectando al empleo, vía inversión, desde 1984. La moderación salarial continuó hasta al menos 1987 a pesar de la mejora económica general. Esto incentivó aún más la creación de empleo, aunque fomentó la reivindicación por una política de rentas más justa y equilibrada. Tras la huelga de 1988, los salarios reales empezaron a crecer con fuerza, muy por encima de la productividad hasta la crisis de principios de los noventa. Aunque esta tuvo numerosas causas, muchas de ellas ajenas a la economía española, el menor crecimiento del empleo a partir de 1990 pudo tener como origen la subida de los costes laborales unitarios.

Teóricamente, el mecanismo que genera ese “retorno” a la productividad, tanto en lo positivo como en lo negativo, es el desempleo. Si los salarios reales crecen menos que la productividad, el factor trabajo se abarata relativamente, elevándose la contratación y cayendo el desempleo. Esta caída terminaría forzando a los salarios al alza y a un ajuste de la brecha creada en los años anteriores. Por el contrario, si los salarios reales aumentan por encima de la productividad, el efecto sería el contrario.

Dado el aún elevado desempleo, no hay más remedio que aceptar una subida moderada de los salarios para restaurar los niveles de ocupación deseables 

Así pues, sumando todos los argumentos anteriores, si quisiéramos proponer un titular diríamos que, dado el aún elevado desempleo, no hay más remedio que aceptar una subida moderada de los salarios para restaurar los niveles de ocupación deseables. Sin embargo, esta historia se me antoja vaga e incompleta. La realidad es mucho más compleja, lo que me lleva a matizar lo anterior.

Gráfico
Gráfico A.H.

En primer lugar, el mercado de trabajo como tal, como zona única donde se encuentran trabajadores y empresarios, en realidad no existe. Lo que tenemos es un collage de mercados de trabajos, algunos aislados respecto a los otros, otros con cierta permeabilidad entre ellos, y otros que compiten por el mismo trabajador. Por ejemplo, en el mercado de trabajo de los odontólogos no es posible que un trabajador sin estudios secundarios pueda tener la más mínima posibilidad de encontrar empleo. Para este mercado de trabajo, lo que rige es la oferta y demanda de odontólogos. Las subidas salariales responderán en función de cómo se muevan ambas y de cómo la negociación colectiva sea sensible a estas. El mercado de trabajo de los transportistas es relativamente cerrado, es necesario superar ciertas pruebas de capacitación, pero sin embargo estas no implican la necesidad de realizar estudios exigentes durante cinco años, por lo que está más abierto a la competencia. Por último, el mercado de trabajo de los empleados en una cadena de comida rápida deben ver como posible competidor en su puesto de trabajo a cualquiera que desee buscar empleo.

Esta caracterización de los diferentes mercados lleva a considerar que este titular se matice para unos pero no necesariamente en otros. En consecuencia, la subida de salarios puede ser posible y deseable, así como razonable, en algunos de estos mercados, mientras que en otros no tanto, por el simple hecho de la existencia actual de una sobre-oferta de trabajadores sin empleo. Es en este segundo caso donde sería deseable una cierta moderación salarial.

Suelen ser los mercados de trabajo donde la cualificación del trabajador es menor, y por ello sus salarios menos elevados y sus empleos más precarios, donde terminamos exigiendo más moderación 

En segundo lugar, suelen ser los mercados de trabajo donde la cualificación del trabajador es menor, y por ello sus salarios menos elevados y sus empleos más precarios, donde terminamos exigiendo más moderación, lo que a muchos esto le puede parecer injusto. Sin embargo, es factible que en los mercados donde es mayor la competencia de desempleados para la obtención de un empleo el margen que obtienen los empresarios en la contratación pueda ser mayor respecto al salario medio comparado con otros mercados más “equilibrados”. Es decir, la asimetría en el poder de negociación puede favorecer mucho más a los empleadores. Si este fuera el caso, subidas salariales, siempre moderadas, pero quizás superiores a las observadas en la actualidad, no tendrían que provocar un importante menoscabo al empleo. Es una reflexión en voz alta (escrita) que de nuevo me lleva a contestar con un “depende”.

En tercer y último lugar, como los datos parecen mostrar, en los últimos años el salario real ha desarrollado el hábito de “pasear” por debajo de la productividad. Vuelvan a la gráfica y miren que entre 1993 y 2013, con excepción de pocos años, esta es la dinámica. Si esto es realmente así, lo primero que habría que hacer es evaluar las razones. Como ya he argumentado en numerosas ocasiones, no es posible resolver un problema sin un buen análisis de sus causas. En segundo lugar, una vez comprendidas las razones, actuar sobre las mismas para minimizar sus efectos. Y por último, entender que esta tendencia tiene posiblemente causas muy diferentes a las evoluciones coyunturales que son sobre las que he tratado en el resto de este post, aunque sirva igualmente para llamar la atención sobre una situación que mereciera ser corregida. Pero como decía aquél, esto corresponde a otra historia que merece ser contada. Así que seguiremos la semana que viene.


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