La Economía explicada

Bernanke, la que has liado

Hace una semana, el ex presidente de la Reserva Federal Norteamericana, Benjamin Bernanke, la lió en su último post. En él, el que para algunos ha sido el mejor presidente de la FED, argumentaba que el euro no ha funcionado como debiera, y entre muchas otras razones, debido a que durante la crisis Alemania no había jugado el papel que se esperaba de ella: gastar. Automáticamente muchos economistas, tuiteros, trovadores aficionados, tertulianos de primer, segundo y tercer nivel, etc, se hacían eco de estas palabras, indignados unos, “descolocados” otros, incrédulos todos. La mayoría de comentarios poseían un mismo denominador común:¿cómo osa culpar a la única economía que lo ha hecho bien en estos años?¿Cómo es posible que los alemanes, ahorradores como nadie; luteranos, calvinistas o católicos como ningunos otros, que se esfuerzan día a día, sean culpables de que los vividores sureños hayan sufrido estos años de zozobra? Para muchos, el mundo al revés. 

No siempre lo más razonable es lo más lógico. Y el euro es uno de esos mundos, como el de Alicia, al que si miras por el ojo de una cerradura, las cosas pueden ser algo extrañas

Hay razón en aquellos que entienden que no es posible criticar a Alemania como parte culpable de la crisis del sur. Los alemanes no han decidido, al menos sus ciudadanos de a pie, si la crisis económica de los periféricos, que se inició hace ya más de 7 años, deba ser más o menos intensa. La culpa, pensarán, es de aquellos que no hicieron el esfuerzo, el duro sacrificio, que nosotros sí hicimos, y por ello han pagado las consecuencias.

Sin embargo, no todo es lo que parece. No siempre lo más razonable es lo más lógico. Y el euro es uno de esos mundos, como el de Alicia, al que si miras por el ojo de una cerradura, las cosas pueden ser algo extrañas. Por ello, y como es habitual en mí, déjenme que explore brevemente los entresijos macroeconómicos del argumento de Bernanke. 

A un país se le conoce por su balanza de pagos. Esta balanza refleja las operaciones que dicho país realiza con el exterior. En ella se refleja si exporta o importa, cuánto y qué. También si pide prestado o presta, y a quién. Suponga un país cuyas familias y empresas tienen un ingreso X. Este lo gastan en consumo, parte nacional y parte importado; así como en inversión de bienes, a su vez parte nacionales y parte importados. Si durante un tiempo gastan más que ingresan, estas familias y empresas tendrán una demanda (consumo e inversión) superior a su producción. Esto determina un desahorro del país, reflejando la balanza de pagos dos hechos habituales en este tipo de casos: saldo negativo en la balanza por cuenta corriente y saldo positivo en la balanza financiera. Es evidente que si gastan más, las exportaciones son menores que las importaciones. Pero esto implica a su vez que alguien debe prestarnos para poder sostener dicho exceso de gasto. Y salvo que acudamos a nuestros ahorros, la financiación vendrá precisamente de aquellos que nos venden. Para que lo vean meridianamente claro, es como cuando compramos un coche financiándolo en el mismo concesionario: se suelen realizar dos operaciones en una, comprar y pedir prestado. Dicho en otras palabras, un país que no ahorra, tiene un exceso de gasto sobre ingresos, es un país que necesita financiación.

Suponga que frente a este país hay otro con las operaciones contrarias: tiene saldo positivo en la cuenta corriente y negativo en la financiera. Una simbiosis entre ambos determina que un país gasta más de lo que ingresa financiado por el país que ahorra. Existe pues una relación directa entre ahorro, sobriedad, austeridad, crédito y saldo en las balanzas. 

Compliquemos el asunto, introduzcamos al gobierno. Sin embargo no hay cambios en mi argumento anterior, ya que al igual que familias y empresas, su ahorro neto determina parte del saldo en la cuenta corriente. Así, un país con déficit publico suele presentar un saldo negativo en su balanza por cuenta corriente, salvo que las familias y empresas ahorren mucho (gasten poco). ¿A que les suena?

La moneda del país con exceso de gasto sufrirá una depreciación, ya que no deja de “exportar dinero”. Esto encarecerá sus importaciones y abaratará sus exportaciones

Pues bien, cerremos el argumento. Suponga que ambos países tienen diferentes monedas. La moneda del país con exceso de gasto sufrirá una depreciación, ya que no deja de “exportar dinero”. Esto encarecerá sus importaciones y abaratará sus exportaciones. Los ciudadanos de dicho país dejarán de consumir bienes extranjeros y venderán más bienes al extranjero. El saldo de la cuenta corriente mejorará y el de la financiera, se atenuará. En general, al pasar de un desahorro a un ahorro neto, este país vivirá una contracción económica, salvo que el aumento de las exportaciones sea intenso. El país cuyo saldo en la balanza era anteriormente positivo, reducirá sus exportaciones e incrementará las importaciones, por lo que dicho saldo comercial se eliminará. En cierto modo, este segundo país exportará crecimiento al primero, al iniciar un aumento del gasto en gran parte a favor de los productos que importa. Esta depreciación, que no devaluación, es connatural y no generada por las autoridades, permitiendo poner fin de forma automática a los excesos de quiénes desahorran y financiado por quienes ahorran. 

Pero suponga que no hay dos monedas, sino una. En este caso no hay ajuste nominal. Las monedas no se deprecian. Suponga además que cuando unificaron monedas, el país que ahorra obtuvo un tipo de cambio ventajoso, es decir, su moneda se fijó al resto en un nivel que sus productos eran relativamente baratos. Además suponga que este país ha realizado un esfuerzo, un sacrificio, en controlar salarios y precios. Lo que ocurrirá en este caso es que el país ahorrador ahorrará mucho, exportará mucho y a cambio el resto desahorrará e importará mucho. Y lo peor, no habrá depreciación nominal que ajuste este desequilibrio, aunque sí real. 

Si el país con saldo exterior negativo sufre una recesión, un modo de aliviarla, de limitarla, es exportando más. En dicho caso, los tipos flexibles, como he explicado, jugaban un papel fundamental. La moneda se depreciaba y se exportaba. La recesión era amortiguada. Pero con moneda única esto no es posible. Una recesión en el país con balanza por cuenta corriente negativa obliga a buscar mercados externos depreciando internamente, es decir, reduciendo costes de producción: básicamente salarios. Así pues, con un tipo de cambio fijo, y la moneda única lo es, los países que deben hacer un ajuste de competitividad deben hacerlo más intensamente, sin amortiguar por lo tanto su recesión. Además, dada la conexión entre ahorro neto privado y público con el saldo exterior, la reducción deberá sostenerse con la eliminación de ambos déficits. ¿Les suena de nuevo? 

Mientras los países del Sur hacían enormes ajustes para poder sobrevivir en el euro, los del norte, especialmente Alemania, les imponían la austeridad. Era el único modo de reducir sus desequilibrios externos a falta de flexibilidad en el tipo de cambio

¿Dónde entra Bernanke en este argumento? Les cuento. Mientras los países del Sur, como España, Portugal Italia o Grecia hacían enormes ajustes para poder sobrevivir en el euro, los del norte, especialmente Alemania, se imponían, les imponían, la austeridad. Era el único modo de reducir sus desequilibrios externos a falta de flexibilidad en el tipo de cambio. Por mucho que fuera necesaria, así lo creo, y por mucho que la austeridad tenga sus virtudes, esta decisión tuvo unos costes enormes. Los saldos negativos en las balanzas por cuenta corriente del Sur sólo fue posible mejorarlos vía ajustes salariales o por medio del desempleo, reduciéndose así el déficit privado. La recesión originada generó un déficit público, que al desbocarse, hubo también que controlarlo, provocando una segunda recesión. Sin embargo, si los países del Norte hubieran gastado más, su ahorro habría caído, su saldo exterior se hubiera tornado menos positivo e incluso negativo, y hubieran ayudado al Sur a salir de ambas recesiones de una forma más rápida o, al menos, menos dolorosa. El equilibrio habría sido compensado, gracias a la actuación de ambas partes, y no sólo por el sobre-esfuerzo de una de ellas. 

Y aquí llega el último punto. ¿Cómo se puede obligar a un alemán a consumir más y por ello a reducir su saldo positivo en la BCC?. Sencillo: bajando impuestos, y si no es suficiente, elevando el gasto público. No estoy hablando de generar déficits ni endeudarse, hablo de expandir resposablemente su demanda para compensar de este modo su posición ventajosa que muy probablemente el euro les ha “regalado”. Es muy sencillo, un mayor gasto en el Norte compensa un menor gasto en el Sur, facilitando, como con el tipo flexible, que se alcance el equilibrio y amortiguando la recesión en estos países. Les puedo asegurar que el hoy sería muy diferente si en el ayer esto se hubiera hecho. 

En un país con un presupuesto, una unión fiscal y política, esto pasa entre sus regiones de un modo automático. Pero en la UME esto debe hacerse de forma consciente y por votación parlamentaria de quien decide bajar impuestos y elevar gasto. Y es lo que no se ha hecho. Es por ello que se señala a Alemania, no como culpable de la recesión de sus vecinos, pero sí de no haber querido jugar el papel que como economía central y saneada podría haber jugado en los peores años de la recesión. Yo en este caso, como Bernanke, sí creo que Alemania debería haber tenido otra actitud.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba