La Economía explicada

Administraciones Públicas y clientelismo

Soy profesor. Una de mis tareas es transmitir conocimiento. Todos los días que entro en clase mi mayor obsesión es, a partir de los datos, fuentes e informes diversos, armar un discurso que no quede en ningún momento huérfano de cifras que lo defiendan. Sin embargo algunas veces, muchas veces, los alumnos preguntan, y en algunas ocasiones, solo algunas, mi respuesta es “no lo sé”. Como he dejado claro, no piensen que suele ser una respuesta habitual. Pero a veces, le suelo decir al alumno que no debe esperar que lo sepamos todo. En ocasiones, y haciendo gala de cierta teatralidad, mi respuesta es: “no tenemos ni idea”. Es en esos momentos cuando me gustaría que pudieran ver la cara del alumno. Y es que, como le suelo explicar al atónito universitario, no debe esperar que una ciencia, en este caso la economía, tenga respuesta para todo. Al menos, de momento.

A la evolución de la eficiencia se vinculan la de la productividad, la de los salarios y también, por supuesto, la factibilidad de toda política redistributiva

Hace no muchas semanas escribí en este blog sobre la decepcionante evolución de la productividad total de los factores (PTF) en España desde los años ochenta. Si lo leyeron, recordarán que este indicador mide la evolución de la eficiencia de una economía, de tal modo que si aumenta, podemos argumentar que la economía “lo está haciendo mejor”, mientras que si cae, podemos afirmar que “lo hace peor”. Pues bien, como les he apuntado al inicio de este párrafo, en aquél post les comentaba que este indicador, daba igual el modo de cómo lo estimáramos y la fuente que usáramos, mostraba una continua caída desde mediados de los ochenta. Este hecho es relevante, ya que a la evolución de la eficiencia se vinculan la de la productividad, la de los salarios y también, por supuesto, la factibilidad de toda política redistributiva, pues éstas se basan en la riqueza generada por un país. Sin embargo, y a pesar de la importancia de este hecho, no está claro aún por qué ha ocurrido esta caída. La pregunta no tenía por el momento una respuesta certera o demostrable, y así se lo trasmitía a mis alumnos.

Pero quizás sí la tenga ya. En un trabajo recientemente presentado, los economistas, Josep Pijoan, Manuel García-Santana, Enrique Moral-Benito y Roberto Ramos realizan un análisis muy exhaustivo (algo complejo para legos) para entender qué ha podido causar esta evolución de la PTF española. Y como no puede ser de otro modo, lo que han encontrado es muy interesante. Su argumento es muy sencillo. La economía española creció desde 1995 hasta 2007 a “velocidad de crucero”. Esta expansión, la más larga e intensa de la reciente historia económica española se basó en gran parte en una burbuja inmobiliaria fundamentada por la caída de tipos que desde principios de los noventa caracterizó a nuestra economía y a las del resto del Mundo. Sin embargo es muy relevante que, coincidiendo con este fuerte crecimiento, la productividad de la economía no avanzara. Es más, cayera. Muchos argumentaron y siguen argumentando que dedicar gran parte de nuestros recursos productivos a construir casas no era eficiente, y que por lo tanto esto es lo que explicaría tal comportamiento negativo. Sin embargo, a poco que uno compruebe algunos datos, observaría que cualquier sector de la economía española lo hizo peor, en términos de eficiencia, que su homólogo de otros países. Es por ello que la explicación “burbujera” no pueda por sí sola describir toda la heterogeneidad que los datos revelan. 

Los sectores donde el peso de las Administraciones Públicas es mayor, las empresas tomaron decisiones de inversión en factores más alejadas del óptimo eficiente

Entonces, ¿qué puede explicar esta pobre evolución de la eficiencia? La explicación de Pijoan y compañía es sencilla, aunque se la “traduzco” para que resulte incluso atractiva. Suponga que una empresa tiene que decidir qué producir, qué precio establecer y a qué tipo de cliente vender. Estas decisiones no son deterministas, sino que se deciden en función de otras muchas variables, por lo que en función de éstas, las empresas “escogen” su estado que mejor se adecua al entorno. Así pues, las decisiones estratégicas de las empresas depende del entorno y de la información que éstas reciban de él. Suponga que del entorno reciben información valiosa para su cuenta de resultados, pero supongamos también que esta información la reciben “distorsionada”. Por ejemplo, la lectura que las empresas hacen del mercado quedan distorsionadas por la regulación sobre cómo y qué producir; o por ejemplo por las subvenciones que incentiva o desincentiva a las empresa a invertir, en términos que posiblemente el mercado no hubiera fomentado; o por impuestos que condicionen y distorsionen las estrategias empresariales. Suponga además que la legislación laboral incentiva o no la contratación y de qué tipo de trabajador (temporal o indefinido). Es decir, supongamos que todas estas regulaciones, legislaciones, subvenciones, impuestos, etc, determinan un comportamiento de las empresas muy lejano al que tendrían en una economía más “nítida”. En esta situación, las decisiones de las empresas pueden ser muy lejanas a lo que en economía definiríamos como “óptimo eficiente”. 

Lo que Pijoan y compañía encuentran es que en los sectores donde el peso, la influencia, el papel de las Administraciones Públicas (AAPP) es mayor, por la razones argumentaras anteriormente, las empresas tomaron decisiones de inversión en factores más alejadas del óptimo eficiente. No importa si estos sectores estaban o no estaban relacionados con la construcción. Esta relación se ha encontrado para el conjunto de la economía.

La figura que a continuación les muestro representa el porcentaje de capital TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación, y gran difusor de eficiencia en los últimos 30 años) en sectores españoles y norteamericanos. Si un punto está por encima de la bisectriz, nos estaría diciendo que en ese sector, las empresas norteamericanas poseen un stock de capital TIC mayor que sus homólogas españolas. Pueden comprobar que si en 1995 esto era así para una mayoría de los sectores españoles, en 2007 es prácticamente general. Así pues, las “distorsiones” generadas por el exceso de intervención de las AAPP podría estar provocando un comportamiento ineficiente de las empresas o sectores españoles, lo que redunda en una evolución negativa no solo de la PTF sino además del resto de variables asociadas a la misma.

Esta influencia de las AAPP sobre la economía no debe traducirse necesariamente como corrupción, como algunos han interpretado tras la lectura del trabajo. Este análisis se acerca más en estudiar lo que, en la literatura anglosajona, se denomina “crony capitalism”, o capitalismo clientelista. Es decir, empresas y sectores enteros esperando las migajas, o los pasteles, de unas AAPP que a golpe de decreto influyen interesadamente en el sistema económico. También incluiríamos a las empresas ávidas de subvenciones, o buscadores de renta “rent seekers”, y cuya principal preocupación no es leer los mensajes de los mercados sino el de los boletines oficiales.

Gran parte del deterioro observado en la eficiencia de la economía española se asocia a la inmensa capacidad de las AAPP de influir, regular, controlar y arropar a sectores y empresas

Complementariamente a este trabajo, y disculpen el autobombo, un trabajo realizado por un servidor junto con mis coautores, los profesores J. Rodríguez y J.M. O’Kean, mostramos que el mal comportamiento de la productividad de la economía española se fundamenta también en las instituciones laborales existentes, como son el exceso de temporalidad, la mal definida, que no existente, negociación colectiva de nuestro país, y, como en Pijoan y compañía, por el tortuoso camino que las empresas españolas deben seguir en su vida diaria condicionado por la omnipresencia de las AAPP.

En resumen, gran parte del deterioro observado en la eficiencia de la economía española desde los 80 empieza a tener sus explicaciones. Las principales se asocian a la inmensa capacidad de las AAPP de influir, regular, controlar y arropar a sectores y empresas, que, influenciadas o incentivadas por la maraña de regulación, subvención y fiscalidad, toman decisiones que no se corresponden con las más óptimas posibles. Así pues, el año que viene podré, con orgullo, decirle a mis alumnos: algo sabemos.


Fotografía de cabecera: Exposición de tractores Barreiros en Lugo, de Certo Xornal (2010)


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