Juan Manuel Moreno-Luque

A vueltas con el falso Nobel. Un premio a la eutanasia de la razón

El Premio del Banco de Suecia a las Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, recientemente concedido a Fama, Hansen y Shiller por sus trabajos sobre el precio de los activos, demuestra que el marco conceptual de la economía financiera que nos ha llevado a la catástrofe permanece intacto y que no ha llegado el momento de nuevos paradigmas que eviten que para sostener "mercados tan eficientes" (Fama) o "mercados menos, o nada, eficientes" (Shiller) se necesite que la Reserva Federal y el BCE aseguren la liquidez, y que los Estados aseguren la solvencia de las instituciones del sistema, aportando cantidades sin límite que, al final, son financiadas en la UE por reformas estructurales, bajada de salarios y destrucción del estado del bienestar.

La economía financiera, premiada una vez más, atraviesa hoy una grave crisis de legitimidad en cuanto disciplina decisiva en la construcción y organización del sistema financiero y, por tanto, en la generación y/o control de los riesgos y daños colaterales que en éste se producen (es pirómana y bombero).

Prometían, con su cuerpo de doctrinas estructuradas en torno a elegantes paradigmas que sobreviven entre las ruinas, como ha dicho Patricia Cohen en New York Times (2009), ser una guía que condujera a nuestras sociedades hacia la racionalidad y a la clarividencia, pero la economía financiera ha sido una fuente de confusión y de error. En su nombre se ha llevado una política suicida de desregulación financiera que ha terminado, primero con la estabilidad financiera y, después, con el progreso económico y la cohesión social, inundando el sistema y los hogares de incertidumbres y riesgos inconmensurables.

La organización del Nobel ha publicado las entrevistas de Adam Smith (no es una broma) con los premiados y ha justificado  en dos textos el premio otorgado, uno para el público en general y otro para los especialistas (disponibles en www.nobelprize.org).

Me preocupa el primero de los textos pues la justificación es extraordinariamente simplista ya que no distingue entre las tres concepciones de eficiencia de los mercados. La organización del Nobel no contribuye a una pedagogía del riesgo ni promociona la deontología en el uso de la modelización y de la cuantificación.

No es difícil estar de acuerdo con la organización del Nobel en la contribución de los laureados a la economía financiera y a la práctica de los mercados. El dominio de Fama ha sido asfixiante. Tuve ocasión de subrayarla en un libro que publiqué en 2007 sobre estas cuestiones, tan importantes para el ahorro popular, pero que alguien contribuya a la teoría y a la práctica de los mercados no justifica un premio, sobre todo, si los laureados no se han ocupado de la cuestión central que hoy nos preocupa, la crisis financiera, o se han ocupado de forma superficial o parcial.

La bibliografía aportada por la organización del Nobel demuestra que sólo Shiller ha escrito sobre la crisis de 2000 y de 2007. Hay que reconocer a Shiller, al que siempre he leído con simpatía, el mérito de discutir el dogmatismo de Fama sobre la eficiencia. Fama, el corifeo de la eficiencia, negó a John Cassidy en New Yorker de 13 de enero de 2010, que los mercados financieros tuvieran alguna responsabilidad de en la crisis subprime y dijo saber lo que era una crisis pero no lo que era una burbuja ("cuando me dice que hay una burbuja en los mercados ni siquiera sé qué significa eso" -sic-). Fama escribió una carta cancelando la suscripción a The Economist por la insistencia de la revista en hablar de las burbujas.

Sin embargo, tampoco Shiller, que sí sabe lo que son las burbujas y se refugia en las también premiadas, psicología y economía del comportamiento, para explicarlas, ha respondido a la pregunta de cómo los créditos subprime que en 2008 representaban 400 mil millones de dólares, cantidad importante pero limitada (suponen un 3% de la capitalización bursátil de los Estados Unidos), han podido originar un cataclismo planetario. Se estima que la bajada de la capitalización bursátil mundial, consecuencia de la crisis, alcanzó los 30 trillones de dólares. En 2007, el mercado mundial de acciones se situaba en 65 trillones de dólares. Si se suman las acciones, las obligaciones, la deuda pública y los depósitos se obtienen 196 trillones. El PIB era de 55 trillones. André Orleans, en un estudio mucho más centrado que el de Shiller, respondió en 2009 a esta pregunta, hablando de una forma de intoxicación colectiva.

En cualquier caso, los premiados se hallan cómodos en el imperio del valor, y están, de distinta forma, seducidos por los mercados (y encantados por el premio compartido). Dado que el precio de los activos depende prima facie del futuro y el futuro no puede ser objeto de nuestra experiencia, parece que toda definición del precio de los activos no está, sea fruto del mercado o del análisis fundamental, en el territorio de la razón. Los estudios de Fama y Shiller, como los de todos los modelizadores, coinciden en un fuerte nivel de abstracción y en las importantes insuficiencias y limitaciones conceptuales y estadísticas de la economía financiera dominante. No ocurre lo mismo en la economía bancaria, mucho más humilde, lo que le ha permitido superar los modelos neoclásicos y desarrollarse en base a un nuevo paradigma, el paradigma de la información asimétrica que utiliza para comprender sus fallos y lagunas,

Para estudiar las prácticas financiaras de la última generación, o lo que es lo mismo, para estudiar los fundamentos microeconómicos de la inestabilidad macroeconómica de los mercados es necesario, además, tener en cuenta el peso relativo en el sistema financiero de la banca y de los mercados, concepto necesario para analizar la formación del precio de los activos. Ni Fama, que ha escrito dos decepcionantes artículos sobre la función de la banca, uno en 1980 y otro en 1985, ni Shiller, se han preocupado de estas cuestiones, fieles quizás a otros Nobel, Modigliani y Miller, para los que las imperfecciones financieras no tenían consecuencias macroeconómicas. Sus modelos son muy restrictivos pues no pueden comprender todas las variables.

En este sentido tenemos que felicitarnos de que la organización del Nobel se haya acordado de los trabajos de Hansen, un investigador que tiene más amplios horizontes y que ha incluido otras variables microeconómicas y macroeconómicas en sus modelos que influyen en el precio de los activos y viceversa.

Los mercados y la economía financiera que trata de explicarlos es un buen territorio para la eutanasia de la razón. El concepto "eutanasia de la razón", lo empleo Kant, y lo emplean alguno de los investigadores con contribuciones importantes al desarrollo del pensamiento teórico contemporáneo, para calificar una de las dos respuestas posibles a las antinomias de la razón, es decir, a los conflictos internos de la razón consigo misma. Kant afirmaba que cuando la razón se aplica a cosas que no pueden ser objeto de nuestra experiencia, inevitablemente entra en contradicción. Ante la imposibilidad de la razón de resolver estos conflictos, o bien se apega más fuertemente a sus presupuestos dogmáticos (Fama), o bien se abandona -y ésta es la opción para la que Kant reservaba un apasionado desprecio- a un escepticismo desesperanzado que, en su versión más optimista, es un "voluntarismo confiado" (Shiller).

Juan Manuel Moreno-Luque, es abogado y autor de El desgobierno de los fondos de inversión, 2007


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