Juan Manuel Moreno-Luque

Un paseo por la Europa de los falsos banqueros

Recientemente Robert Salais, en un libro esencial (Le Viol d'Europe), ha hecho un riguroso análisis del proceso de desaparición de la idea de Europa que sitúa el origen de las actuales desventuras de los ciudadanos europeos no en los años 1980 con la regulación conservadora de Reagan y Thatcher, sino en los años 1940-50, y especialmente, en el año 1948 en el Congreso de La Haya, en que fracasa el proyecto de una Europa política.

Paralelamente, el Plan Marshall se dirige a reconstruir Europa proponiendo el modelo americano de desarrollo económico y de comportamiento social, que promueve la libre empresa, la concurrencia, la eficacia y el mercado. Con el Plan Marshall esa Europa económica acepta los tres objetivos políticos de la "troika" de aquél entonces, la ECA (European Cooperation Administration). El primero, una democracia de los consumidores despolitizada; el segundo, la integración supranacional que libera a Europa de los estados/naciones juzgados responsables de las tragedias del siglo; y el tercero, la sustitución de la pérdida de soberanía nacional a favor de instancias técnicas exteriores a los estados mantenidas al abrigo del debate político.

Así la integración europea quedó inscrita en un contexto global que tendía a favorecer la emergencia de un mundo centrado en la hegemonía de los Estados Unidos aceptando, en consecuencia, dos de sus dogmas, el individualismo y la idea de una oposición diametral entre el dinamismo y la flexibilidad del "nuevo orden social americano", por una parte, y el estancamiento y la rigidez de las "viejas" formaciones sociales europeas, por la otra.

 La supuesta construcción por la CE del mercado europeo de capitales lo que consiguió es crear falsos banqueros y falsos mercados

Construida la casa por el tejado y dando preferencia a la Europa económica, ya nunca se conseguiría el control político de los banqueros. El objetivo del libro de Salais (ingeniero de minas, fundador de la economía de las convenciones y especialista en economía industrial) es, precisamente, averiguar las consecuencias desastrosas que la prioridad de la Europa de la economía ha tenido para la política, para la economía y para la Europa social.

Tiene razón Salais. Un buen ejemplo de esas desastrosas consecuencias es la torpeza de la Comisión Europea en la construcción de un mercado europeo de capitales que los españoles hemos sufrido con tanta intensidad.

En 2007 ya escribí sobre el gran riesgo que para los ciudadanos europeos representaba la desesperante lentitud de la Unión Europea en la construcción de un mercado europeo de capitales y su incapacidad para conocer lo que estaba aconteciendo en los países miembros, las deficiencias de las estructuras e instituciones clave en la asignación de los recursos financieros disponibles y en la protección del ahorro. Habían prometido en 2005 una mejor regulación y una mejor supervisión que hiciera posible la construcción de un mercado de capitales en que la protección del ahorro popular no fuera algo meramente retórico.

En 2012, en el MoU firmado con el gobierno español, reconocían el mal funcionamiento de los servicios públicos destinados a la protección del ahorro popular por partida triple, aunque no su responsabilidad en los destrozos consecuencia del mismo. Los banqueros españoles aceptaron formalmente un modelo de capitales en el que hubiera un cierto equilibrio entre la banca y los mercados pero nunca consintieron que se hiciera realidad.

Importar la estructura de EEUU

Lo sucedido se veía venir. Para la construcción del mercado, el Informe Segré en 1966 decidió importar la estructura del mercado de capitales de Estados Unidos cuyo modelo no responde a ningún ideal preconcebido, sino que es un modelo pragmático, singular, que ha surgido a través de unas determinadas circunstancias históricas y de las preferencias sociales de Estados Unidos. A lo que hay que sumar la importancia de las energías y recursos con que se cuenta en dicho país para apoyar los mercados y las ciencias que lo justifican y los sustentan, como la contabilidad y la economía financiera y la economía bancaria.

 "Europa, tal y como está concebida, nada puede ofrecer a quienes pretenden ser libres, iguales, democráticos y solidarios"

Lo dicho explica porqué el modelo del mercado de capitales que se intenta construir en Europa, a imagen y semejanza del de Estados Unidos, es una quimera y una contradicción en sus propios términos pues se trata de un modelo preconcebido que se asimila mal y tarde en los países miembros y presupone una importante innovación política y, valga la paradoja, una innovación cultural que no se han producido.

Los banqueros europeos nunca quisieron ni consintieron el establecimiento de un mercado de capitales como el de los Estados Unidos en que la banca tiene un papel mucho menor que los mercados y en el que la información es la infraestructura esencial.

Así las cosas, los banqueros en España consiguieron engañar a los ahorradores en los mercados, que dominaron a lo ancho y a lo largo y consiguieron también tomar prestadas ingentes cantidades, primero, de los inversores mayoristas creando así un nuevo modelo de crisis cuyos destrozos siguen sin cuantificar, y después, del Banco Central Europeo, no para prestar al tejido productivo sino para invertirlo en la deuda pública que financió su debacle. Es decir, que la supuesta construcción por la Comisión Europea del mercado europeo de capitales lo que consiguió es crear falsos banqueros y falsos mercados.

Desconfianza hacia la Europa de los falsos banqueros

La debacle con la que terminó la "década prodigiosa", 1997-2007, en la que España fue el mejor alumno europeo y el desastre social, político y económico de estos últimos siete años, demuestran que esta Europa, tal y como está concebida, nada puede ofrecer a quienes pretenden ser libres, iguales, democráticos y solidarios, con derecho a buscar un camino común y que no es suficiente copiar tarde y mal el mundo construido por los Estados Unidos, y que, sin embargo, es, desgraciadamente, una oportunidad para los extremos del espectro político que se siente cómodo en las batallas sin ideas, con la xenofobia y con la pasividad y el descrédito de los partidos tradicionales.

"No se puede desaprovechar ninguna oportunidad, por mínima que esta sea, para dar la batalla por otra Europa"

Desconfíen de la Europa de los falsos banqueros que ordenan a la Comisión abusar de los números y de un nuevo lenguaje. Los números (déficit y deuda…) como categorías dogmáticas, absolutas, ocultan que éstas resultan, en el mejor de los casos, de convenciones, y en el peor de trapicheos, y escapan del debate público en donde se deberían conocer los hechos y razones de los resultados que expresan y/o justifican.

El nuevo lenguaje permite las verdades oficiales construidas por eslóganes y discursos proféticos y apocalípticos, y no sirve para transmitir el justo valor de las palabras, sin el cual no es posible ni la comunicación ni el acuerdo, sino que, pervertido, se convierte en un instrumento de poder y medio de dominación.

Reduciendo la complejidad social, política y económica a la mínima expresión, si es posible, a cifras y a palabras sin rigor económico, fue posible abusar del empleo perverso de conceptos como la concurrencia, la armonización, la competitividad y la integración, que brillan por su ausencia en la realidad, que es terca y que nos muestra que vamos de mal en peor.

A pesar de todo ello, y por ello, pienso que los ciudadanos europeos no deben renunciar, sin embargo, al "paseo por las instituciones" al que nos invitan, aunque sea muy poco atractivo y decepcionante pero las cosas están tan mal que no se puede desaprovechar ninguna oportunidad, por mínima que esta sea, para dar la batalla por otra Europa, cada vez más necesaria. Si no, Europa acabará siendo ocupada por los extremos.


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