Inside Economics

Chipre y la tragedia europea

Se evitó un desastre financiero en Chipre por un pelo. Como es ya costumbre en cuestiones de política económica europea, se alcanzó un acuerdo entre los líderes de Chipre y el Eurogrupo poco antes de las 12 de la noche del domingo pasado, suficientemente cerca del cierre para que los chipriotas no pudieran evitar dar un vistazo directamente al abismo. Tal funciona hoy en día el proceso de toma de decisiones en la UE que las habilidades del buen practicante del juego del cobarde son cada vez más relevantes para los negociadores.

Chipre había solicitado un rescate de 17.000 millones para recapitalizar su banca, pero los ministros de Finanzas europeos le ofrecieron sólo 10.000, insistiendo en la necesidad de conseguir la financiación del resto directamente desde Chipre. La  primera propuesta de solución barajaba un impuesto sobre los depósitos bancarios, con una tasa de 6,75% para los depósitos inferiores a 100.000 euros (es decir, los que en realidad gozan de una garantía depositaria) y cercana al 10% para los restantes. Esta medida fue rechazada por el Parlamento de Chipre el 19 de marzo, provocando un ultimátum del BCE: consigan ustedes la financiación de los 5.800 millones (que se estimaban que hacían falta) o le cerramos el acceso a la financiación de emergencia a partir del lunes 25 de marzo.

El acuerdo final no afecta a los depositantes con garantía, dejando la carga a los depósitos superiores a 100.000 euros, que podrían enfrentarse a una tasa impositiva de hasta el 40%. Aparte de esto, se disolverá el banco Laiki (Banco Popular de Chipre) cuyos accionistas, bonistas y acreedores se enfrentan a unas pérdidas de cerca del 100%. Laiki se dividirá  en un banco malo y un banco bueno y los activos de este último pasarán al Banco de Chipre, que también heredará unos 9.000 millones de pasivos de Laiki. Además, introducirá probablemente una subida de impuestos sobre las ganancias de capital y los beneficios empresariales.

En su declaración oficial sobre el pacto, el Eurogrupo “anticipa un acuerdo entre Chipre y la Federación Rusa sobre una contribución financiera”. No está todavía claro que las medidas sobre los depósitos, la disolución de Laiki y los nuevos impuestos vayan a bastar y se baraja una serie de fuentes de financiación adicionales. Esto podría implicar a Rusia, aunque hasta la fecha ha rechazado las propuestas de las autoridades de Chipre. No obstante, el país tiene un interés muy especial en la supervivencia de la banca de la isla, ya que se estima que particulares rusos tienen depositados alrededor de 31.000 millones de euros en cuentas bancarias, dinero de “orígenes diversos”.

La triste lectura de la crisis chipriota

¿Qué se deduce de los acontecimientos en Chipre? Pues una serie de conclusiones sobre la economía de la isla y la insostenibilidad de su situación fiscal, incluso después de las nuevas medidas. Chipre tiene una deuda pública que alcanzará el 145% del PIB cuando se incluya la nueva financiación de Europa. Esto será en un contexto de un colapso económico que va a hacer prácticamente imposible la planificada reducción de su deuda hasta 100% del PIB en 2010. Que la gestión de la banca y de las finanzas públicas del país ha dejado mucho que desear, está fuera de discusión. El balance del sector bancario alcanzó casi ocho veces el PIB en su máximo, alrededor del doble de la media de la EU. Y las dudosas prácticas bancarias habían hecho de Chipre un paraíso fiscal de facto, muy a pesar de la voluntad del resto de la EU. Mala suerte también ha habido, ya que los bancos chipriotas se vieron implicados en la reestructuración de la deuda griega, que ocupaba una parte excesiva de sus balances.

Pero la lectura más triste, desgraciadamente, va más allá de Chipre y tiene que ver con la gestión económica y financiera de la zona euro, llevada a cabo con cada vez menos perspectiva del interés común de la Unión Monetaria y con cada vez más énfasis en los intereses nacionales. La propuesta de imponer una tasa a depósitos bancarios garantizados no se llevó a cabo. Pero el mero hecho que se barajaba la medida -y no sólo desde Chipre- después de considerar pasos hacia una unión bancaria en Europa, demuestra la brecha enorme que existe entre intenciones declaradas y políticas concretas. Una característica clave de las economías emergentes -y una de sus debilidades centrales- es, precisamente, la inseguridad jurídica e institucional. Manoseando con algo tan fundamental como una garantía de los depósitos bancarios, acordada a nivel paneuropeo, se ha conseguido introducir elementos de inseguridad entre los ciudadanos que no hacían falta. Esperemos que pocos lleguen a la conclusión de que si todo vale para Chipre todo puede valer para cualquier país de la Unión Monetaria.


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