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Dos pájaros y una paloma

Han coincidido en la misma semana dos noticias en apariencia poco relacionadas, pero solo en apariencia, como pronto comprobará el avispado lector: me refiero a la puesta a la venta de las entradas para el próximo concierto de Sabina y Serrat -a celebrar en el verano de 2012- y la muerte de la caboverdiana Cesaria Evora. Propongo a mis fieles seguidores un instructivo pasatiempo de parecidos y diferencias entre ambos eventos.

El primer parecido es fácil: estamos, en los dos casos, hablando de músicos. E importantes: los tres se han labrado un nombre y han dejado en el imaginario colectivo un puñado de excelentes canciones que pervivirán en la memoria de las gentes durante mucho tiempo.

Hasta aquí los parecidos. Vamos ahora con las diferencias.

Cesaria Evora nació y vivió en un pequeño país africano, colonia portuguesa hasta bien avanzado el siglo XX. Se ganó la vida como pudo y, solo ya en su madurez, casi de forma casual, triunfó de tal modo que se convirtió en un icono universal, en una figura aplaudida y respetada por todos los amantes de la música en cualquier lugar del mundo. Cesaria era una cantante local, que cantaba en un dialecto del portugués casi incomprensible para los mismos portugueses, que interpretaba con una sencillez apabullante temas muy localistas sostenidos sobre ritmos bastante elementales. Sin embargo, en cada una de sus canciones se concentra la emoción más intensa de las mejores músicas.

SerratSabinanacieron en un gran país –algo así como la octava potencia mundial antes de Lehman Brothers-, pero nunca han podido superar el ámbito idiomático, de manera que fuera de España y América Latina son unos perfectos desconocidos. Ambos –con tres y nueve años menos que Cesaria, respectivamente- triunfaron muy jóvenes y antes de los cuarenta habían dado ya lo mejor de sí mismos. Cuando la gran caboverdiana empezaba a pasear por los escenarios mundiales con sus pies descalzos, cuando el sonido de Miss Perfumado (ver video abajo), su primer gran éxito, nos dejaba a todos patidifusos, nuestros dos compatriotas ya habían compuesto prácticamente cuanto tenían que componer -tal vez con la excepción de los magistrales 19 días sabinianos (ver video abajo). A partir de ese momento las vidas paralelas de nuestros tres protagonistas emprendieron un recorrido perfectamente contrapuesto: mientras Cesaria Evora crecía como artista en cada disco y en cada actuación, mientras ganaba el Grammy y recibía honores y reconocimientos en todos los rincones del mundo, Serrat y Sabina se lanzaban a una imparable pendiente de composiciones absurdas, depayasadas sinfónicas, de sonetos de colegial y de gorjeos sonrojantes, todo ello aplaudido y ensalzado por un aparato propagandistico de primer orden y un aplauso mediático inagotable.

En 2007 nuestros dos artistas se unieron por primera vez para lanzar un disco y una gira que avergonzarían a un amateur con sentido del ridículo. Cesaria visitó Madrid por última vez en el verano de 2009 en un concierto, al decir de las crónicas, prodigioso y emotivo, en el que su voz creció de nuevo y sus temas se tiñeron de complejidad y cromatismo. Que aquel concierto me pillara de viaje es lo único que no podré perdonarle nunca.

Esta historia contiene una moraleja. Los artistas no llevan fecha de caducidad en la tapa pero deberían saber retirarse cuando han dicho todo lo que tenían que decir. Cesaria Evora ha muerto, a los setenta años, en la plenitud de su arte. A Serrat y a Sabina les deseamos que vivan muchos años más. Pero, por favor, calladitos.


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