Hmmm...

Jorge Manrique y el optimismo racional

El día en que le pedí a mi librero de cabecera elvolumendelquelesvoyahablaracontinuación, tuve ya un anticipo revelador de las sensaciones que me iba a encontrar con su lectura.

- No lo entiendo, Juan - se apresuró a decirme-.  Es el mejor libro que se ha editado este año. Lo han sacado justo para que encajara en las promociones de la Feria [del Libro]. La edición es excelente y la distribución ha funcionado. Y, sin embargo, no se vende. No entiendo por qué, pero no se vende.

Para ayudar a mi librero a descifrar el enigma, no hay como quedarse,talcomo quería Pla, en lo  meramente descriptivo. El libro tiene, para empezar, un título poco sugerente. El optimista racional es, o al menos lo parece, una provocación. Pero, además, una provocación sin glamur, sin aderezos evanescentes ni enredos encriptados, tan al uso. No es ficción -ni siquiera novela negra- y, puestos ya en lo peor, está escrito por unzoólogo británico, un tipo extrañísimo que desde hace años se dedica a la difusión científica, a la manera de PinkerPenroseDawkinsDamasio,Churchland y toda esta caterva que en los últimos años se ha empeñado en demostrar que es la ciencia –y no la literatura,  la filosofía o el periodismo, como veníamos creyendo- el ámbito del pensamiento humano en el que se están dirimiendo las grandes cuestiones que de verdad importan. A saber: quiénes somosde dónde venimos y adónde vamos.

Pues bien, Ridley ha acometido con esta obra un amplio recorrido a lo largo de los muchos milenios de historia de la humanidad y ha llegado a una conclusión asombrosa: estamos mejor que nunca. O, por decirlo con sus propias palabras, “la gran mayoría de la gente está mucho mejor alimentada, mucho mejor abrigada, mucho mejor entretenida, mucho mejor protegida contra las enfermedades, y es mucho más probable que viva hasta una edad avanzada que sus ancestros”. Una afirmación así, tan sencilla en apariencia y, lo que es mejor, tan fácilmente demostrable, choca de lleno contra la enseñanza de aquel gran vate y pésimo analista que fue Jorge ManriqueCualquier tiempo pasado fue mejor, cantó el poeta, y todo el mundo se apuntó a ese carro con embeleso porque, por razones que ahora no podemos abordar, el pesimismo siempre ha tenido bastante buena prensa.

La tesis de Ridley está expuesta en 444 apretadas páginas, así que no me pidan milagros de síntesis. Óiganle mejor a él: “Cuanto más diversificados estén los humanos como consumidores y más especializados como productores, y cuanto más comercien entre sí, mejor estarán. Y la buena noticia es que no hay un final inevitable para este proceso. Cuanta más gente esté involucrada en la división global del trabajo, cuanta más se pueda especializar y comerciar, más ricos serán todos” [Las cursivas son mías]. En dos palabras: la tendencia al intercambio y a la especialización, iniciada hace más de cien mil años, es lo que ha permitido a la especie humana llegar a unos estándares de calidad de vida absolutamente impensables para sus predecesores.

Ah, saltan los pesimistas. Esto ha sido así hasta ahora, pero pronto alcanzaremos un punto de inflexión que marcará el desastroso final. Y aquí es donde Matt Ridley se esmera y, a través de once portentosos capítulos, explica con precisión admirable por qué piensa que las cosas no van a suceder así. No me pidan que se los destripe: él lo cuenta muy bien.

Voy a cerrar en serio, sin un punto de ironía. Matt Ridley no es un insensato, ni un ingenuo, ni un vendedor de crecepelo. Es un tipo serio, y leído, que sabe que estamos en crisis y que el mundo tiene montones de defectos, algunos tan graves como la muerte por hambre -aún- de millones de seres humanos. Precisamente por eso es un optimista racional: “Racional, dice, porque he llegado al optimismo no a través del temperamento o el instinto, sino a través de la observación de la evidencia”. Y contra la miseria apuesta por aquello que siempre le ha servido al hombre para avanzar: el comercio y la tecnología. Sin simplismos, pero desde la convicción de que “dejar de inventar y dejar de adoptar nuevas ideas puede ser tan peligroso como inmoral”.

Cuando leí este libro inmenso y revelador -el mejor sin duda de todo el año pasado-, entendí por qué no se lo están comprando a mi librero. En estos tiempos vende mucho más Jorge Manrique. 


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