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Diálogos del Conocimiento, una invitación a la Tercera Cultura

Diálogos del Conocimiento es un modesto y desenfadado foro que empezó a reunirse hace catorce años para abordar la cultura desde todas las ópticas posibles. Cultura en su sentido más integrador,  más radicalmente antropológico: todo lo que surge de la inventiva humana, todo lo que no es naturaleza. Y la naturaleza, desde el momento en que se procesa intelectualmente, también es cultura.

Los Diálogos del Conocimiento, además de tomarle prestado el título a nuestro gran Vicente Aleixandre y al no menos sugerente Paul K. Feyerabend, beben de ese esfuerzo, rabiosamente moderno, por superar la dicotomía entre ciencias y letras. Una dicotomía que los grandes clásicos no hubieran entendido, como tampoco se hubiera entendido en el Renacimiento, ni en la Ilustración, pero que se ha ido instalando en nuestro mundo, y en nuestra formación, con una naturalidad sospechosa.

Algunos empezaron a advertirlo hace tiempo. En 1959, el científico y novelista norteamericano Charles P. Snow pronunció una conferencia, luego transformada en libro,  que, bajo el título Las dos culturas, señalaba lo que, en su opinión, era de uno de los graves inconvenientes que en aquel momento arrastraba la humanidad: la separación entre intelectuales literarios e intelectuales científicos. Observó con incredulidad que, durante los años treinta del pasado siglo, los intelectuales literarios se habían apropiado del término “intelectuales”, consiguiendo así que nombres, por ejemplo, como el de Albert Einstein, quedaran excluidos de tal consideración.

¿Cómo lograron los intelectuales literarios salirse con la suya? Para Snow, los primeros culpables fueron los científicos, que no supieron mostrar a la sociedad las implicaciones de su trabajo. En segundo lugar, porque aquellos que marcaban el interés de la opinión pública, es decir, los medios de comunicación, ignoraban por completo las cuestiones relacionadas con la ciencia y, en consecuencia, no las transmitían.

En una segunda edición de Las dos culturas, publicada en 1963, Snow añadió un nuevo ensayo, Las dos culturas: una segunda mirada, en el que con más optimismo anunció el surgimiento de una “tercera cultura”, que está emergiendo y que permite la comunicación entre los intelectuales literarios y los científicos.

A partir de aquel momento, los esfuerzos por conseguir esta Tercera Cultura se han multiplicado, bien es verdad que con más esfuerzo y voluntad por parte de los científicos que de los autocalificados intelectuales. El surgimiento de Edge, la Fundación creada en 1988 por un grupo de científicos internacionales, representa el arranque de un potente think tank empeñado en fomentar la reflexión crítica y científica de los hombres y mujeres del siglo XXI.

Los recientes éxitos en la publicación de libros de ciencia son, de alguna manera, el fruto de ese esfuerzo. Además, los periódicos y revistas, tanto tradicionales como digitales, empiezan a dar cobijo a todos estos temas, y ya no es una anomalía encontrar a filósofos hablando de biología o a físicos interesados por la literatura.

El gran atractivo de la Tercera Cultura es que hace suyo el viejo dicho de que nada humano nos es ajeno. Hoy ya se empieza a hablar con cierta naturalidad sobre biología molecular, vida artificial, teoría del caos, redes neuronales, nanotecnología, ciberespacio, y ello sin perder de vista el cine y la poesía, el videoarte y la danza, la escultura y la ópera... No hay un canon cerrado. Precisamente la fuerza de la Tercera Cultura es que puede tolerar la pluralidad de formas, y también los desacuerdos y las divergencias sobre cualquier cosa, siempre que haya un mínimo de rigor en el planteamiento. A diferencia de anteriores actividades intelectuales, los logros de la Tercera Cultura no son asuntos marginales a resolver entre especialistas: afectan a la vida de todos los que compartimos este planeta.

En ese marco nacieron los Diálogos del Conocimiento en las postrimerías del pasado siglo y ahí se quieren mantener, proponiendo una conversación permanente y crítica,  ni de ciencias ni de letras, empeñada, si no en tener todas las respuestas, al menos en ser capaces de formular todas las preguntas.

Sin un euro de financiación, ni pública ni privada, sin copago alguno, y sin más fórmula onerosa que la resultante del esfuerzo personal de los organizadores, la generosidad de los ponentes y el interés del público, catorce años de Diálogos, todos los últimos lunes de mes -salvo vacaciones de guardar- suman casi ciento cincuenta tertulias que se  celebran en el Café El Despertar para abrir un horizonte nuevo, presentar un enfoque diferente o polemizar sobre cualquier campo del saber.  En esta web está la información detallada.


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