Hablemos de pensiones

La manta corta

Los sistemas de pensiones europeos tienen ante sí dos retos estructurales: el de su sostenibilidad financiera y el de la suficiencia de las pensiones.  Es decir, que sean sistemas sostenibles financieramente y que por tanto puedan pervivir en el futuro, pero que al mismo tiempo sean capaces de pagar pensiones suficientes y dignas que eviten situaciones de exclusión social.

Cuando en los años 60 se creó la Seguridad Social en España, a través de la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963, el panorama era bien distinto del de hoy.  Las generaciones de jubilados eran relativamente pequeñas, impactadas por el descenso poblacional durante la Guerra Civil, frente a una proporción importante de trabajadores. Además, estos jubilados tenían carreras de cotización bajas y, en consecuencia, pensiones reducidas, además de una esperanza de vida muy inferior a la actual.

¿Qué está sucediendo hoy en día? A mediados de la próxima década comenzarán a jubilarse los baby boomers, una generación mucho más numerosa que la de los años 60, con mayor esperanza de vida, que cuenta con carreras laborales más largas y, por tanto, tendrá derecho a pensiones más elevadas. Es decir, será necesario pagar pensiones significativamente más altas, a mucha más gente y durante más tiempo.

Hoy pagamos algo más de nueve millones de pensiones, pero en las próximas décadas su número se incrementará progresivamente hasta superar los 15 millones en el año 2047.

Sin embargo, la población en edad de trabajar permanecerá estable o incluso decrecerá, si se cumplen las previsiones del INE.

Nos encontramos, por tanto, con cambios demográficos importantes,  derivados del aumento de la esperanza de vida y la reducción de las tasas de fertilidad y eso impactará en nuestro sistema de pensiones.

El pacto intergeneracional al que llegamos los españoles establece que los trabajadores de hoy y sus empresas pagan, a través de las cotizaciones a la Seguridad Social, las pensiones de los jubilados actuales, de la misma forma que los trabajadores de mañana pagarán las pensiones de los futuros jubilados.

Actualmente la tasa de fertilidad en España se encuentra en 1,36 hijos por mujer, frente a la cifra de 2,1 hijos que debe garantizar la reposición poblacional. Según el Instituto Nacional de Estadística, la población total española pasará de 46 millones en 2013 a 41,8 en 2050. La población con edades entre 15 y 64 se reducirá del 65% al 51%  y los mayores de 65 supondrán el 36,3%.

Si en el futuro tenemos menos trabajadores que financien las prestaciones de los pensionistas nos encontraremos ante el doble desafío de sostenibilidad y suficiencia del sistema de pensiones al que me refería anteriormente.

Y ese reto se asemeja a una manta corta, con la que o bien te cubres la cara (garantizando la sostenibilidad del sistema) o bien te tapas los pies (pagando pensiones suficientes que eviten la pobreza) pero donde es extremadamente difícil cubrir cara y pies al mismo tiempo. En definitiva, un sistema que se hace sostenible a costa de pensiones menos generosas o viceversa.

Las últimas reformas legislativas en España se encaminan a garantizar la sostenibilidad del sistema. Pero todo apunta a que las pensiones del futuro, para lograr ese objetivo, serán menos generosas, por lo que habrá que trabajar más años, jubilarnos más tarde y probablemente ahorrar a nivel personal para lograr prestaciones similares a las que reciben los pensionistas de hoy.

Valga este planteamiento, el de la manta corta, como reflexión de partida para este blog que comenzamos José Antonio Herce, presidente del Foro de Expertos Independientes de la iniciativa Mi Jubilación, y yo, y con el que queremos contribuir al conocimiento y a la educación en materia de pensiones, con el objetivo de que las personas puedan tomar decisiones informadas sobre su jubilación.


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