Hablemos de pensiones

La manta buena

Evocaba David Carrasco en su entrada, la primera del blog, la acertada metáfora de la “manta corta”. Afortunadamente, podemos elegir. No es el mejor de los mundos cuando la elección se plantea en términos del dilema sostenibilidad-suficiencia, pero así están las cosas hoy tras años de retraso en la toma de decisiones adecuadas. El sistema de pensiones públicas, basado irremediablemente en el método financiero del reparto, no puede atender simultáneamente a los dos extremos del dilema.

Las recomendaciones de obtener recursos fuera del sistema para financiar pensiones futuras suficientes sin comprometer la suficiencia económica del sistema no son realistas. Incluso después de las reformas de 2011 y 2013, serían necesarios varios puntos del PIB para asegurar la sostenibilidad plena. Ello no es posible sin aumentar correspondientemente la presión fiscal que soportan los ciudadanos o, alternativamente, sin vaciar de recursos otros grandes programas del estado del bienestar como la sanidad, la educación o las prestaciones por desempleo. La Ley de Estabilidad es una restricción que hay que tomarse en serio.

De no haberse retrasado la toma de decisiones en materia de solidez financiera de las pensiones, estoy convencido de que hoy tendríamos un sistema público de reparto y un sistema complementario de capitalización

De no haberse retrasado la toma de decisiones en materia de solidez financiera de las pensiones, estoy convencido de que hoy tendríamos un sistema público de reparto y un sistema complementario de capitalización que, en su conjunto, permitirían a los pensionistas actuales y futuros disponer de rentas de jubilación sostenibles, suficientes y eficientes. Estas decisiones deberían haberse tomado en los años 80, cuando ya era más que evidente en todo el mundo el riesgo que corrían los sistemas de pensiones como consecuencia de la evolución demográfica.

¿Es tarde para tomar decisiones adicionales que logren este resultado? No, nunca es tarde para adoptar este tipo de decisiones, aunque el coste de retrasar la toma de decisiones es cada vez mayor.

Las reformas de 2011 y, especialmente, 2013, tienen el potencial de estabilizar el sistema público de pensiones, pero, como muy bien señalaba David, a costa de reconocer pensiones menores (en poder adquisitivo) a las que se esperaban hace tan solo un par de años, eso sí, durante vidas más largas.

Los pensionistas futuros necesitarán una doble renta de jubilación. Y esta doble renta solo puede venir de la mano de un esfuerzo personal mayor en materia de ahorro previsional a largo plazo. ¿Quiere decir esto que hay que trabajar más, ahorrar más, renunciar a un cierto nivel de vida esperado durante la jubilación o una mezcla de todo ello?

La respuesta a esta pegunta no tiene por qué ser afirmativa, salvo en algunos, y muy importantes, matices. La respuesta a esta pregunta es que lo que hay que hacer es ahorrar mejor, trabajar mejor e, incluso, renunciar a hábitos y estilos de vida improductivos, cuando no contraproducentes.

Ahorrar mejor quiere decir pensar en que nuestro ahorro debe servir también para constituir esa doble renta de jubilación

Ahorrar mejor quiere decir pensar en que nuestro ahorro debe servir también para constituir esa doble renta de jubilación, por lo que sería conveniente que en vez de crear patrimonios que no se pueden liquidar fácilmente sin incurrir en un elevado coste, que pueden sufrir pérdidas de valor en el tiempo o que no están diseñados para este propósito, orientásemos el ahorro hacia el largo plazo y el propósito exclusivo de generar dicha segunda renta de jubilación. Para ello hay vehículos calificados fiscalmente y expresamente diseñados para este propósito.

Trabajar mejor quiere decir combinar el esfuerzo productivo durante carreras largas con los mecanismos adecuados de acumulación de derechos de jubilación en el ámbito de la empresa, a los que aporten tanto empleadores como trabajadores. De nuevo, con la calificación fiscal adecuada y exclusivamente diseñados para este propósito. Eventualmente, también se trata de trabajar más, es decir, generar carreras largas de acumulación durante el periodo laboral. No es fácil lo sé en el actual contexto laboral y productivo, pero la situación está mejorando y, especialmente, mejorará más con políticas estructurales y de competitividad adecuadas.

Para que la manta de la jubilación acabe de ser todo lo buena que sería deseable, es necesario también que la industria española de las pensiones ofrezca productos sólidos y eficientes, que retornen un valor adecuado a quienes los adquieren a cambio de sus aportaciones. La escala del mercado es un requisito ineludible para la eficiencia, así como la innovación en materia de protección frente al complejo riesgo de longevidad, como lo es la capacidad de las entidades que forman la industria para liderar una transformación del mercado que es a la vez necesaria e ineludible.


Fotografía: Ken Teegardin. Deposit Into Piggy Bank Savings Account


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