Godivaciones

La victoria de la miseria

Hay dos temas que saturan los medios informativos de nuestro país y la capacidad de asimilar de los españoles: la situación económica de Grecia y el éxito de Podemos. No son temas independientes, sin Syriza es probable que no se hubiera formado ese partido político.

Personalmente, ahora mismo, el que Grecia pague la deuda, reconozca la autoridad de la troika o, por el contrario, se niegue en banda, nos afecta doblemente. Por un lado, porque nos deben mucho dinero. Por otro lado, porque el votante español asocia el carácter de Varoufakis (el ministro de economía griego) y de Tsipras (presidente de Grecia) con los políticos de Podemos, sin más. Es relativamente normal, podría ser una suerte de efecto “halo en el ámbito político.

Aquella famosa rueda de prensa

A apenas un mes de la renovación del plan de deuda, el ministro Varoufakis afirmaba en rueda de prensa que Grecia no iba a pactar con la troika. Nada de particular, si no fuera porque tenía al lado a Jeroen Dijsselbloem, jefe del Eurogrupo, quien dio por terminada la rueda de prensa y mientras se despedía del ministro le decía al oído “You just kill the troika” que viene a ser un “te has cargado a la troika” en toda regla.

Tampoco es que Varoufakis estuviera soltando un bombazo, simplemente repitió lo que Syriza lleva diciendo mucho tiempo. Ni se trata de que lo dijera en presencia del mandamás de la troika, el holandés no lo es. Pero fue una provocación. La confirmación de que lo era vino después, cuando el mismo Varoufakis matizaba en una entrevista para la BBC. Pasó del  “… no vamos a colaborar con ese comité” a “en realidad no es que no estemos preocupados por pagar la deuda, es que estamos tan agobiados que vamos a gestionarlo con cada uno de los organismos de la troika (el BCE, la Comisión y el FMI) y con cada uno de los países miembros a ver cómo lo hacemos, y qué se nos ocurre entre todos” en unas horas. Hay una gran diferencia.

Los modos chulescos de Varoufakis podrían verse compensados por el contenido del mensaje, es decir, esta idea de que lo que busca es que la devolución de la deuda no recaiga sobre los hombros de los contribuyentes europeos y que se encuentre una solución conveniente para todos

Los modos chulescos de Varoufakis, con la mano en el bolsillo mientras saludaba al correcto Dijsselbloem, recriminando en directo a la conductora del programa de la BBC (“Soy muy fan de la cadena y puedo decirle que es el peor reportaje que he visto nunca”), podrían verse compensados por el contenido del mensaje, es decir, esta idea de que lo que busca es que la devolución de la deuda no recaiga sobre los hombros de los contribuyentes europeos y que se encuentre una solución conveniente para todos. ¿Por qué no lo logra? Porque desde la campaña electoral, el líder de Syriza, Tsipras, ha provocado cansinamente a las autoridades representadas en la troika, amenazando con no pagar, no reconocer la firma de los anteriores jefes de gobierno, de deslegitimar esa deuda, etc. Esa actitud solamente mostraba un enorme desprecio por los ciudadanos y trabajadores de otros países (españoles también) que con sus impuestos han financiado el rescate griego y han comprado su deuda.

La soberanía, los mercados y la pobreza

Como comentaba un periodista de la CNBC, parece que los griegos ni siquiera están intentando tranquilizar a los mercados. Y como comentaba el blog “Zerohedge", es que los griegos eligen a un gobierno soberano para que les soluciones los problemas más inmediatos, que para ellos no consisten en tranquilizar a los mercados. Y añado yo: o eso creen. Porque es indudable que la inversión, que viene de los mercados, y no la trae un unicornio del país más allá del arco-iris, haría mucho bien a la economía griega y a los griegos. Pero entiendo que tras tantos años de gobiernos manirrotos, mentirosos, corruptos, que dejan el panorama español en un jardín de infancia, los recortes y las medidas impuestas por la troika pueden resultar intolerables. Y tal vez no se trata de echar un pulso a Europa sino reconsiderar las velocidades sin renunciar a las reformas.

No es eso lo que pide el nuevo gobierno griego. O por lo menos, no siempre. Porque tienen la virtud de decir A y no A en diferentes ámbitos sin despeinarse. Por ejemplo, a pesar del tono, los gestos y actitudes durante la campaña y tras la victoria de Varoufakis y Tsipras, cuando la periodista inglesa le pregunta directamente “¿Usted no va a tratar con la troika?”, Varoufakis le responde que no es un duelo y que no se trata de a ver quien está más tiempo sin pestañear. Pues bien, el juego de Syriza desde siempre y expresado públicamente es el de no pestañear. Pero en vez de expresarlo así yo diría que Tsipras ha dicho, como Obelix, “¡pues ya no respiro!”. La diferencia es que nadie se muere por no pestañear, pero sí por no respirar. Y sin ayuda europea, a Grecia le quedan pocos sitios donde recabar fondos.

En este juego en el que todos perdemos, el peor escenario no es que Grecia se salga del euro, sino que se quede y siga empeñada en no respirar, porque la zona euro se vería afectada por la inestabilidad griega. En esta situación, nadie puede decir qué va a pasar. Eso sí, como no hay tasa por especular, nos queda un mes entero de previsiones y profecías. 


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