Godivaciones

La verdad de las mentiras en España

El libro La Verdad de las Mentiras, escrito por Vargas Llosa, fue publicado en el año 1990. En él, se hace referencia al componente de ficción que existe en la literatura. Las novelas se escriben para ofrecer a los lectores unas historias a las que no se suelen tener acceso en el mundo real. La realidad se altera, se transforma a través de la imaginación del narrador. Por lo tanto, según Vargas Llosa, las mentiras que relatan las novelas sirven, en el fondo, para completar eficazmente las limitaciones y frustraciones de la vida real.

La realidad de los últimos años de nuestro país supera toda ficción, no es necesario urdir ninguna trama para retorcer la realidad. Basta la confusión, la oscuridad informativa de las instituciones y el servilismo político para que los ciudadanos, que somos quienes votamos y quienes pagamos impuestos, nos veamos sumidos en un mar de mentiras del que no sabemos salir.

Las mentiras van a más

Por un lado, los políticos nos mienten. A nadie le sorprende y a nadie le importa o le ha importado hasta ahora. Pero resulta que las mentiras van a más y se ha traspasado la frontera: la gente ya no mira al techo, los comedores de Cáritas se van llenando. Hay un gobierno saliente que declaró un déficit público que no era el verdadero. La Comisión europea así lo ha corroborado. No pasa nada. Los cajones de las Comunidades Autónomas y de los ayuntamientos esconden pozos de deudas no afloradas. No pasa nada. Nadie responde. Unos claman “nos han mentido”. Otros responden “ustedes lo sabían”. ¿Quién paga los desperfectos? Los mismos que callamos.

Se filtra que el abogado de Iñaki Urdangarín está tratando de pactar con la fiscalía para zafarse de la cárcel y se compromete a devolver el dinero. Su socio, Diego Torres, que se ve abandonado amenaza con publicar una serie de correos electrónicos que comprometerían a la Corona. La trama empresarial es complicada, los ciudadanos nos hartamos de tanta red de socios, empresas, tapujos... pero lo que sí está claro es que un imputado que trata de pactar con la Fiscalía se está declarando culpable. Y también que si Torres lanza ese globo sonda “algo habrá”. Pero en el mismo día la fiscalía niega cualquier contacto  y pacto. Al menos de momento. ¿Cómo se queda el español de la sufrida clase media? ¿Qué tipo de justicia tenemos? ¿En serio debemos seguir confiando en instituciones tan importantes como la Corona y la Justicia?

La falsedad mina la confianza

En el mismo día, el ministro De Guindos asegura que los bancos españoles están muy por encima de los ratios de solvencia exigidos. Pero los medios, en especial las redes sociales y los medios extranjeros ponen en duda día a día a muchos bancos españoles ¿Quién miente? Algunas agencias de rating rebajan la nota de algunos bancos. El banco HSBC afirma que si España necesitara un rescate financiero el montante rondaría los 500 mil millones de euros. Otros hablan de un saneamiento de la banca de 170 mil millones. O de 100 mil millones si tenemos en cuenta que algunos activos están provisionados. Total, que el baile de cifras, el mantra “en realidad es peor de lo que nos dicen” y la falsedad de las sonrisas y las excusas minan la confianza del español de a pié.

Pero estos ejemplos, que podrían multiplicarse si ampliamos el ámbito de estudio más allá de la economía, además de confundir degradan la solidez del sistema. Porque la confianza del votante, del que financia la fiesta, del que finalmente dobla el lomo y ayuda al hermano parado, o reduce al mínimo los gastos para que los niños no lo noten, y trabaja por menos dinero, sin saber realmente hacia dónde nos lleva esta gente que sale por la tele, es la base. La misma gente que reaccionó a los tipos bajos artificialmente y pidió un préstamo para pagar el traje de Primera Comunión de la niña, ahora se ha dado cuenta de que, no solamente le vendieron una riqueza que no existía, sino que ahora le exigen un esfuerzo que los políticos no hacen, los sindicatos alardean de ser sus defensores pero tampoco es así, y que todo era un sueño.

Pero, efectivamente, las cosas son peor de lo que parecen. Los recortes tan cacareados no han sido tan dramáticos. No ha sido una dolorosa extirpación de una muela, sino que el Gobierno ha roto el diente y ha sacado un trocito. Duele igual o más, no se ha solucionado el problema, y el paciente (la economía española y quienes la mantienen, los pagadores de impuestos) no quiere ni oír hablar de abrir la boca otra vez. Rajoy ha desaprovechado el factor sorpresa: nos ha sorprendido a todos mintiendo descaradamente, pero no ha utilizado su momento para aplicar políticas verdaderamente correctoras. Ya: el crecimiento. Mi respuesta: no hay políticas empresariales en el libro de recetas del gobierno.  Así no hay manera.


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