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El tridente liberticida o la feria de los privilegios

El pasado julio, una asociación de usuarios de banca (ADICAE) publicaba un informe exponiendo los lazos existentes entra los principales banqueros y las empresas más fuertes del IBEX. Las fuentes del artículo eran los datos incluidos en las memorias de los bancos y en la CNMV.

La banca maneja la gran empresa

La conclusión general era la siguiente:

De las 35 empresas que forman parte del índice IBEX35, la gran banca española tiene participación directa en 18: Abertis, Acciona, Acerinox, Amadeus, Banco Popular, Banco Sabadell, Banco Santander, BBVA, Bolsas y Mercados Españoles, CaixaBank, Enagas, Ferrovial, Gas Natural, Inditex, Mediaset, Repsol, Técnicas Reunidas y Telefónica.

El análisis pormenorizado estudiaba la participación en grandes empresas de bancos como el Santander, BBVA, Caixabank,  Sabadell, Banesto y Popular. Además de estudiar qué banco tiene participaciones en qué empresas, exponía la actividad de los banqueros en empresas del IBEX.

Así, por ejemplo, el vicepresidente del Sabadell es presidente de Antena 3 Televisión; Fernando de Asúa del Santander es vicepresidente externo de Técnicas Reunidas S.A., una gran empresa dedicada a la explotación energética; Javier Botín del Santander es consejero delegado de JB Capital Markets, sociedad de intermediación financiera; Ignacio Ferrero Jordi del BBVA es consejero delegado de Grupo Nutrexpa y La Piara, y presidente de Aneto Natural; Isidre Fainé, el presidente de CaixaBank es vicepresidente de Telefónica, vicepresidente 1º de Abertis Infraestructuras y vicepresidente 2º de Repsol YPF. Y suma y sigue.

Esos son los mismos bancos “privados” que acudieron a la oferta de créditos flexibles del BCE al 1% y compraron deuda soberana en lugar de filtrar liquidez a familias y empresas. De acuerdo con UBS, Bankinter recibió un 14% del total de fondos, el Sabadell un 13%, BFA-Bankia casi un 12%,  el Popular un 10%, Caixabank un 7%, Banesto un 6% y Banesto y Santander casi un 4% del total de fondos del BCE cada uno. Todo a instancias del gobierno, por supuesto.  Y me pregunto si serán los mismos, más o menos, que previsiblemente participen en la Sociedad Gestora de Activos (popularmente conocida como “banco malo”) como capital privado.

La banca domina la política

Pero además de este entramado en el que sobresale la participación directa de la banca privada en inmobiliarias, petroleras, empresas de telecomunicaciones, grupos hoteleros, de alimentación, etc., hay que poner encima de la mesa la otra pata del banco: el poder político.

Hay que tirar de hemeroteca y recordar aquellos años cuando en el 2007 Botín presentaba en la universidad de Georgetown junto a José María Aznar una revista digital para universitarios, a pesar de la tensión que siempre ha cortado las relaciones Botín-PP. Hay que recordar su especialísima relación de amor con el PSOE. Este cortejo culminó en noviembre del 2011 cuando, con las elecciones ya perdidas, Zapatero indultó a Alfredo Sáez, mano derecho de Botín tras el escandalazo arrastrado desde 1994 cuando Sáenz era presidente de Banesto. Alfredo Sáenz presentó a sabiendas una falsa querella por estafa, y alzamientos de bienes contra los clientes y empresarios Pedro Olabarría, Modesto González y José Ignacio Romero, a los que el banco reclamaba 600 millones de pesetas (3,6 millones de euros), y que fueron encarcelados y condenados por estos delitos. Tras 17 años de proceso, Zapatero cerró el asunto.

También hay que recordar que Luis de Guindos ha aceptado la petición de los abogados de Jaime Botín de congelar su inhabilitación como banquero, quien “había cometido faltas muy graves por no difundir que era dueño de un 7,65% adicional de Bankinter, participación que había que sumar al 16% que sí había hecho público”, de acuerdo con las conclusiones del CNMV.

A nadie sorprenderá saber que altos cargos de los principales partidos políticos forman parte de las cúpulas de los bancos: Guillermo de la Dehesa, Isabel Tocino, Abel Matutes forman parte del consejo de dirección del Banco de Santander, y en especial, hay que recordar a Rodrigo Rato en el la antigua Caja Madrid y en el actual Bankia.

Problemas nuevos, esquemas viejos.

Estas relaciones entre empresas grandes, algunas procedentes de monopolios estatales, algunas privilegiadas por el poder político abiertamente y muchas de ellas favorecidas por debajo de cuerda, la banca y el poder político es una constante en la historia de Occidente. Y en España casi más, diría yo. Desde que los reyes tenían que financiar sus guerras con préstamos de banqueros holandeses y genoveses hasta nuestros días en los que los políticos han de financiar sus guerras electorales, no ha cambiado tanto el panorama. Durante el mercantilismo del siglo XVII los socios de las compañías de comercio, antepasadas de las actuales S. A., algunos de cuyos accionistas eran banqueros, y en ocasiones, hasta algún ministro, hacían su agosto buscando privilegios reales para eliminar la competencia.

De nada parece haber servido los ataques de Adam Smith, David Hume, Frédéric Bastiat y aquellos que lucharon contra el fin de los privilegios: los liberales clásicos. Lo único que queda es, como nos enseñaron quienes nos precedieron, denunciar sin remilgos y aportar soluciones económicas que no dañen la libertad, sino que la propicien. Porque si de alguna manera vamos a salir de ésta no es con más Estado, sino con menos. Como dice el maestro, a pesar del gobierno.


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