Godivaciones

Las soluciones de barrio de los Podemitas

No tenía intención de usar esa palabra porque parece que les hago de menos. Pero ¿cómo llamar a estos políticos de izquierda radical apoyados por Podemos, designados por Podemos pero que no son Podemos aunque sus asesores sí y las políticas que proponen también? Podemitas. Me decía Belén Carreño en Twitter que en el PSOE saben perfectamente que, por ejemplo, Manuela Carmena y Podemos no son lo mismo. Pero aunque efectivamente la que se perfila como futura alcaldesa de Madrid repite que pertenecer no pertenece a nada, es sabido que han sido Iglesias y Monedero los artífices de su incorporación a una plataforma en la que hay pleno al 15 de miembros de Podemos. También hay representantes de otras organizaciones, pero la cosa está clara.

Más allá del término que se emplee y la intención con que se haga, tras un par de semanas transcurridas desde las elecciones municipales y autonómicas, leo despacio las propuestas de Carmena y de Colau, las dos mujeres que más ruido están haciendo, si descontamos el “ruido judicial” de las imputaciones de aquí y de allá en los partidos tradicionales.

Esa generosidad natural del vecino se está convirtiendo en moneda de cambio de quienes actúan, tal vez no para lucrarse, pero sí con un obsceno afán de poder

Viva el barrio

Me reconozco muy de barrio. No es que viva en el típico centro de ciudad, pero lo echo de menos. Tal vez por las estancias en mi infancia en el pueblo, donde el vecinazgo arreglaba tantas cosas. O por jugar de pequeña en el parque, como tantos, donde los bancos eran testigos de las primeras miradas especiales y donde compartías merienda. Tal vez por esa especie de orfandad de los urbanitas que ya no tenemos al panadero de toda la vida, la farmacéutica, el del pescado, la de la carne que te guarda los muslitos de pollo para los niños… Así que estas políticas anti-desahucio en las que se arropan Colau y Carmena, la reunión que probablemente tengan con las grandes eléctricas para que la señora de dos manzanas más abajo no se quede sin luz, ahora que sus hijos están en paro y su pensión no da para tanta boca que alimentar, todas estas medidas para que las personas puedan sobrevivir, no me escandalizan, al revés, me llegan a la zona sensible. Y a todo el mundo. Porque son estas “políticas de barrio” que reflejan la generosidad de la buena gente, que ayuda desinteresadamente al vecino. Esa que se aprende en casa. Esa que se echa de menos tantas veces en todos lados. Esa que los políticos (especialmente los Podemitas) tratan de abanderar para ganar votos, para canalizar su mesiánica misión como salvadores del mundo. Esa generosidad natural del vecino se está convirtiendo en moneda de cambio de quienes actúan, tal vez no para lucrarse, pero sí con un obsceno afán de poder, con el rencor político de quienes se guían por un “lo que sea menos que gane la rubia”. Aunque la rubia haya sido la más votada. Aunque en ese tira y afloja, el gobierno de la Comunidad, o del municipio, esté en suspenso, aunque la incertidumbre no sea exactamente lo que necesitamos los españoles para caminar por la senda de la recuperación. ¿Baja la Bolsa? Mira qué malos los mercados que odian al barrio, al pueblo, a “nosotros”, los nuevos mesías que miramos por el interés de los vecinos del barrio. 

Salir del barrio

Cuando se sale del barrio, cuando se supera la cita en el parque y toca sacar la casa y los críos adelante, te das cuenta de que no te da la vida para comprar en las tiendas de toda la vida, que con tus escasos recursos, te sale mucho mejor la compra mensual en Mercadona. Cuando se sale del barrio te das cuenta de que nada es gratis, tampoco las políticas de barrio, y que la factura de la luz que las grandes eléctricas no van a cobrar a la señora a la que no le llega la pensión para el yogur de marca blanca de los nietos, alguien la tiene que pagar.

Más allá del barrio, del municipio y de la Comunidad autónoma hay una política nacional que no puede ser gestionada como si fuera un barrio, porque pertenecemos a una comunidad más grande: la internacional

Te das cuenta de que más allá del barrio, del municipio y de la Comunidad autónoma hay una política nacional que no puede ser gestionada como si fuera un barrio, porque, afortunadamente, pertenecemos a una comunidad más grande: la internacional. Cuando oigo renegar de la deuda, de la pertenencia a la Unión Europea, de los dictámenes de las organizaciones internacionales no puedo sino sonreír. ¡Con lo que costó entrar! De acuerdo en que habría que replantearse una renovación de esas instituciones (no soy exactamente pro-europeísta, tal y como está organizada la UE como un macro-estado en fase creciente), pero ¿cuestionar la pertenencia porque no queremos pagar la deuda que hemos asumido con todas las de la ley? Eso es cobardía. ¿Por qué nadie dijo nada cuando recibíamos fondos, subvenciones y queríamos ser más europeos que nadie?

Renegar de los bancos y considerar que el sistema financiero es pernicioso per se es tan ingenuo como pensar que el barrio es el mundo. La creación de puestos de trabajo, de riqueza, de financiación, ha sido el fruto de una evolución de siglos. Pertenecer a la UE, al BCE, al GATT, a la ONU, al FMI implica que si pides prestado tienes que devolverlo. Y para ello los bancos tienen que ser fuertes, y eso no cuadra con la demonización de la banca, incluso si en gran parte está al servicio del poderoso, que lo está, hay que pensar soluciones que no devasten la capacidad de crear riqueza. Simplemente para que los hijos de la señora que no paga la luz encuentren trabajo y sus nietos también. El dejar en manos del Estado la banca, las empresas estratégicas, etc., ya se intentó desde 1939 a 1959. Salió fatal.


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