Godivaciones

El sol ya luce para Grecia

Alexis Tsipras este domingo al ir a votar - Foto Efe

El domingo pasado, el partido de Alexis Tsipras, Syriza, nombre abreviado de Synaspismós Rizospastikés Aristerás, que significa Coalición de Izquierda Radical, ha cambiado el escenario europeo. El momento es crucial. En unas semanas, el gobierno griego debería renovar el acuerdo con la Unión Europea. Pero Tsipras, que ha ganado sin ninguna sombra de duda, a falta de dos escaños para obtener la mayoría absoluta del Parlamento, ya ha dicho que él no suscribe ni asume lo firmado por sus antecesores. El principal titular de los periódicos habla de que se ha acabado la austeridad en Grecia; una austeridad que no implica no gastar más, sino aumentar el gasto solamente un 8% cada año. Y esperamos atónitos, como quien observa un experimento en un laboratorio, a qué tipo de solución van a llegar los unos y los otros respecto a la deuda que Grecia ha asumido con diferentes países, entre ellos España. Porque, legítimamente o no, hubo una cantidad de dinero transferido desde nuestros bolsillos a los de alguien en Grecia, sea ese alguien los ciudadanos, el gobierno o los agentes sociales. No sé. Pero prestar, se prestó.

Veo a mi alrededor gente de izquierda radical, o simplemente socialistas, con una media sonrisa y una lágrima a punto de delatar su emoción, recuperar esa ilusión por las revoluciones en la calle, los mayo del 68

El discurso de la dignidad

El otro titular de casi todos los medios de izquierdas es el de la victoria del mensaje de la dignidad y la esperanza. Veo a mi alrededor gente de izquierda radical, o simplemente socialistas, con una media sonrisa y una lágrima a punto de delatar su emoción, recuperar esa ilusión por las revoluciones en la calle, los mayo del 68, y demás recuerdos que quedaban en el fondo del baúl. Pero bien al fondo. No por nada, sino porque más allá de lo ideal que es cabalgar a lomos de un unicornio, ese idealismo sirvió para poner de moda las chaquetas de pana y poco más. Franco murió de viejo. Y la revolución no sacó a nadie de la pobreza, como sí lo hace la libertad económica desde que el mundo es mundo.

Pero entiendo que no dejan de ser emotivos los discursos de la dignidad. Como este extracto:

Hubo un tiempo en el que un griego solo podía estar orgulloso del pasado; cuando el presente causaba vergüenza. Con el declive de la política extranjera y la decadencia del poder político comenzó el derrumbamiento interno, la disolución de nuestras grandes organizaciones nacionales, y la decadencia y corrupción de nuestra administración. ¡Y así comenzó el declive de nuestra nación!

Las clases medias están desesperadas, centenares de miles de vidas están arruinadas, año tras año la situación se hace más desesperada. Decenas de miles se declaran en quiebra, y ahora el ejército de los desempleados comienza a engrosarse...uno, dos, tres millones... cuatro millones... cinco millones... seis millones... siete millones... ¿Cuánto tiempo puede continuar esto?

El discurso de la esperanza

Si es atractivo el discurso de la dignidad, no solamente para mí, sino sobre todo para esas personas que lo están pasando tan mal, en Grecia, en España y en todos lados, el discurso de la esperanza engancha aún más. Especialmente a la juventud. Porque qué joven sin trabajo, con unos estudios universitarios que le han permitido pasar cinco años como en el colegio pero con menos control, y que, sin embargo no son más que papel mojado porque hay un nivel de desempleo juvenil altísimo y es necesario un master, idiomas, y aceptar un sueldo muy bajo, no apoyaría un partido que te dijera cosas como ésta:

Durante más de una década, no ha lucido el sol sobre nosotros, esta década ha sido una lucha en la cual sólo la esperanza podía salir victoriosa. La esperanza de que al final en Grecia luciría por fin el sol. Y el sol ya luce. A vosotros hoy no os sonríe el sol, pero no es ningún problema, porque apoyamos una nueva juventud, no sólo para los días de sol, sino también para los días de tormenta.

No queremos pedir a la Providencia que nos haga libres, o que nos regale la libertad, sino sólo que haga de nosotros un pueblo como debe ser, de forma que nosotros mismos podamos en cualquier tiempo conquistar nuestra posición que nos corresponde en el mundo. Una posición digna que es la que necesita un pueblo libre. Nosotros no queremos ningún regalo, sólo pedimos poder vivir en un mundo justo. Entonces, el destino decidirá si nuestro pueblo se ha ganado esta vida o no; y cuando os veo, jóvenes, pienso que también en el futuro el pueblo griego se habrá ganado su libertad y con ello su dignidad y su vida.

La realidad nos interpela

Los discursos fueron pronunciados por Adolf Hitler en 1933 y 1937 respectivamente, uno al ser proclamado canciller y el otro en Nüremberg, en plena Guerra Mundial, dirigido a la juventud alemana. He cambiado las referencias a Alemania por Grecia, y en el segundo, he modificado muy ligeramente algunas palabras que denotaban que se trataba de un país en guerra. Las traducciones de Wikipedia son muy malas, se pueden consultar aquí. Pero sirven para hacernos una idea de a dónde nos conducen las palabras cuando no se las lleva el viento.

Y es en estos momentos cuando creo que nos toca elevar nuestras plegarias a Eolo. 


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