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La 'rentrée' del rescate griego

El ministro de finanzas alemán, en plena campaña electoral y justo al día siguiente del primer debate gobierno/oposición en la televisión, se descuelga haciendo declaraciones sobre el futuro rescate griego que parece que es inevitable, a su entender. Y sus palabras resultan, además, preocupantes y reveladoras a partes iguales.

El rescate contraataca

Sería la tercera vez que Grecia necesita ayuda externa tras la solicitada en abril del 2010 y en septiembre del 2011 (formalizada a principios del 2012). En ambos casos se trata de un monto que asciende aproximadamente a cien mil millones de euros cada vez. Y, sin embargo, en julio, como estaba previsto, se acabó el dinero de la troika. Así que es el momento de reconsiderar si ya es suficiente o hay que desembolsar más miles de millones de euros para que Grecia ajuste su economía.

El primer ministro heleno se contradice. Si un día afirma que serían unos diez mil millones de euros sin condiciones extra, al día siguiente declara que no, que hay suficiente y que de rescate, nada.

Las cifras nunca estuvieron claras en Grecia. Comenzando por la falsedad de los datos macroeconómicos que destaparon la descomunal deuda que tenían y que no iban a poder pagar, hasta los informes que hace poco destacaban lo equivocado del cálculo del plan de recuperación griego, debido a que no se había tenido en cuenta las consecuencias negativas de la austeridad.

Y ahora, lo que está sucediendo es que el ritmo al que el gobierno está privatizando empresas para lograr financiarse es muy lento. No hay inversores dispuestos a dar un duro por ellas.

Todo parece un laberinto diseñado para que no se alcance nunca la ansiada salida de la crisis para tantos ciudadanos griegos.

Y eso no es todo. A pesar de las voces que aseguran que no nos afectaría si hubiera un tercer rescate, el dinero de la troika no lo envían unos tipos verdes llegados de Ganímedes. Incluso si nos eximieran de la contribución correspondiente, el efecto del rescate sobre Alemania, Francia y los demás socios europeos nos terminaría salpicando. Porque un empeoramiento de cualquiera de nuestros socios no nos conviene, especialmente si tenemos deuda soberana de ese estado o si nos compra productos.

Pero eso no sucederá. Luis de Guindos y Mariano Rajoy se van a finales de septiembre a San Petersburgo, a la cumbre del G-20, a explicar lo bien que nos va y cuantísimo cumplimos lo previsto. Sería un poco extraño que nos negáramos a aportar.

El diseño cósmico no es posible

En ese afán por hacer como que hacemos algo cuando se produce una catástrofe, aunque el remedio sea peor que la enfermedad, las instituciones supranacionales europeas se apresuraron a diseñar mecanismos de financiación para Grecia. Para Grecia primero, pero luego Irlanda y Portugal se sumaron. Y España también "disfrutó" de un rescate parcial, financiero, pero rescate.

Al fin y al cabo, esas instituciones, el Banco Central Europeo, la propia Unión Europea y sus mil y una Comisiones y el Fondo Monetario Internacional, fueron creadas para eso, para diseñar planes de funcionamiento de los países miembros de la UE en un caso y para diseñar planes de ayuda condicionada en el otro.

Todos hemos votado para que nos planifiquen, no ya desde arriba, sino desde más arriba todavía, para ser bien europeos, no vayamos a quedarnos relegados al furgón de cola (en el que nos hallamos, por cierto). Sí, nuestros estudiantes disfrutan de becas para no hacer nada y ver mundo durante un curso. Y sí, también nos hemos nutrido de suculentas subvenciones provenientes de fondos europeos a la agricultura y a la recuperación de zonas especialmente deprimidas. Y Alemania también recibió. E Italia. Todos o casi todos, seguramente. Nadie pone eso en duda. Pero me pregunto si la mega planificación y la obesidad mórbida institucional eran necesarias.

Lo que demuestra el tercer rescate griego, que es muy posible que salga, es que no podemos planificar todo y tanto. Es de una soberbia sin parangón pensar que podemos hacer un calendario de recuperación asumiendo que el ritmo va a ser el que pautemos. Luego pasa lo que pasa y doscientos mil millones de euros se escapan por el desagüe de la bañera griega en tres años. Y, a pesar de todo esto, nadie protesta por este aspecto del problema. Al revés. Se pide más planificación, más leyes y normas positivas supranacionales, más organismos nacionales guiados por reguladores europeos (la banca, la justicia...). Y sobre todo, más dinero. Pero de Ganímedes.


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