Godivaciones

De la puerta de atrás a la puerta giratoria

En este agitado mes de abril, el clima político se hace denso y se percibe electrificado como en esos momentos que preceden a la tormenta. Los discursos se tensan, el tono se recrudece, las maneras a veces se pierden y yo, abstencionista, observadora y un poco hastiada de todo (y no hemos empezado), solamente pienso en las puertas.

Ciudadanos ha sacado al ruedo a Garicano, Esperanza ha amagado sin culminar con Lacalle y Podemos ha traído a la feria de las vanidades políticas a un hacker

La política de puertas abiertas

Hasta que el Partido Popular ha considerado que ya era hora de sacar sus listas municipales y regionales hemos estado mirando al techo, asistiendo a anuncios de los demás partidos, maniobras de aproximación y todo tipo de contraprogramaciones, especialmente en el terreno económico entre los de siempre y los nuevos en estas lides. Todos siempre en un intento de sorprender, de encontrar su Varoufakis, que es como el Kent de la política internacional, en cualquiera de sus versiones: académico, rebelde, chulesco, independiente, comprometido… Así Ciudadanos ha sacado al ruedo a Garicano, Esperanza ha amagado sin culminar con Lacalle y Podemos ha traído a la feria de las vanidades políticas a un hacker.

Pero una vez que ya se sabe quién va y quién no, uno asiste al espectáculo de presenciar ese ritual por el que los no elegidos se sientan en el banquillo, decepcionados, pero manteniendo alta la cabeza, como diciendo: “No, si yo no esperaba nada. Yo sólo pasaba por aquí. Soy un profesional de lo mío y esto era un extra, no crean”. Y se van por la puerta de atrás a esperar que el candidato siguiente les tenga en cuenta, a hacer méritos, a servir al partido, que de eso se trata. O bien, si uno peina canas y está ya harto de tanto servilismo infructuoso, se queda en su plaza de profesor modesto, o de funcionario sin más, y contará a sus nietos “Yo conocí mucho a éste o al otro…”. Y ahí está la puerta de atrás abierta.

El fenómeno de nuestros tiempos, sin duda es el de la puerta giratoria, que consiste en la recolocación de quien estuvo una o varias legislaturas en primera fila de la política. Cómo no va a estar recompensado tanto sacrificio, tanto esfuerzo con la única mira que… ¿el pueblo? ¡No! Ya sabemos que no, que el afán verdadero del político es el voto. Ya hemos aprendido que mientras que los funcionarios honestos prestan un servicio al público, los políticos, honestos o no, son gente “del partido” y a él se deben. Y ahora que van a cambiar los gobiernos locales y regionales en mayo y el nacional en otoño, las puertas giratorias están engrasando su mecanismo para que todo vaya bien.

Estamos en un país donde excelsos miembros de pasados gobiernos lucen sin pudor sus puestos de consejeros del tipo “porque yo lo valgo”

Los mismos que odian la corrupción, odian las puertas giratorias

Esos jefes de partido como Pedro Sánchez, vestidos de domingo, con camisa y cazadora, no vayan a parecer demasiado formales ni demasiados descuidados, a quienes se les llena la boca denunciando el “capitalismo de amiguetes”, cuando sus maestros dentro del partido son los protagonistas de la farsa. Esos líderes, ellos y ellas, de todos los partidos, denunciando a voces la corrupción de los demás y callando la suya. Esos mismos son los que miran de reojo las puertas giratorias cada vez que caen en las encuestas, y se dan cuenta de que puede ser que deban soltar el bastón de mando, desalojar la poltrona del poder. Con lo que cuesta eso.

Estamos en un país donde excelsos miembros de pasados gobiernos lucen sin pudor sus puestos de consejeros del tipo “porque yo lo valgo”. Tan obscena es el la cosa que Felipe González se molestó cuando el benjamín del PSOE, Pedro Sánchez, con su camisa y su cazadora despotricaba acerca de esos políticos que encontraban un puestazo después de pasar por el sillón presidencial o ministerial. Porque ahí está González, junto con Aznar, no nos engañamos, cobrando su mega-pensión de ex presidente y su buen sueldo de consejero que le ha tocado en la rifa. Y, por supuesto, contándonos a los españoles que él siempre estuvo en ese tema y que le habrían nombrado consejero, aunque no hubiera sido presidente del gobierno. Y habrá gente que siga tragando. Me refiero a ambas cosas. A la pericia de González y a la indignación de Sánchez.

Es la política de “puertas abiertas”. Y esto no ha hecho más que empezar.


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