Godivaciones

El patio de mi casa está mojado

Esta semana todas las noticias económicas se han visto eclipsadas por una bomba atómica. Las sospechas de que Bárcenas pudiera haber pagado a miembros de la cúpula del Partido Popular con dinero negro ha escandalizado a propios y extraños y ha levantado una polvareda en los mentideros como hacía mucho tiempo.

La corrala nacional

Es un espectáculo muy al estilo de El Mundo. Se da una exclusiva presunta con fuentes internas pero difusas y se anuncia con titulares que inducen a la gente a incriminar y a jalear. Los políticos de la oposición, en este caso del PSOE pero eso es indiferente, se arremangan y lideran la algarada popular en plena plaza del mercado. Del político, del mercado político. Y así unos y otros se lanzan recaditos más o menos disfrazados, más o menos directos.

La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, dejaba claro que solucionar el 'caso Bárcenas' y llegar hasta el final es algo que conviene a todos los políticos, a los del PSOE también. Qué narices. A todos, todos... que estamos quedando mal todos, todos. Esas palabras ¿encierran una velada amenaza? ¿Estaba diciendo "tu calla no sea que tiremos de la manta de lo tuyo"?

Mientras tanto, la vida sigue, las empresas cierran, los bancos son rescatados y nosotros nos empobrecemos aún más. Y aún queda este 2013. Un año en el que la ciudadanía está bajo amenaza. Los sindicatos amenazan con huelgas generales, manifestaciones, todo tipo de protestas que van a generar pérdidas económicas y ningún avance o modificación en las medidas. Luego igual llegan los líderes sindicales con el "hemos conseguido", como si cada concesión no estuviera prevista, como si no formara parte de una estrategia de los gestores políticos para mostrar su talante conciliador.

Nadie se manifiesta en las calles, ni se gasta una pasta en camisetas de color gris plomo, gris funcionario, no hay clamor popular que exija que el Tribunal de Cuentas funcione. Porque, que las cuentas de los partidos políticos se revisen con seis años de retraso, no es funcionar. Y ese dato, el de la financiación de los partidos, es muy relevante para la salud democrática.

Así que tenemos al PSOE con porquería bajo la alfombra y exigiendo luz y taquígrafos, reclamando dimisiones y comparecencias, poniendo en duda la palabra de su partido gemelo a la derecha, el PP. Un espectáculo obsceno.

La ruleta económica sigue su curso

Mientras España se debate entre sobres, corrupciones varias y podredumbre institucional, el MEDE ha aprobado la segunda entrega de dinero para sanear la aún maltrecha banca española. Serán 1.865 millones de euros que se entregarán a finales de enero y que, por supuesto, habrán de ser devueltos. O no. Porque el debate en el patio europeo ahora mismo va de eso. En esta semana se está reuniendo el Eurogrupo para ver cómo se va a gestionar la deuda ya adquirida de España con el MEDE, que asciende a 41.500 millones de euros.

Como explicaba Miquel Roig, los deudores queremos que la recapitalización sea directa y con retroactividad, es decir, que el MEDE se haga cargo de la gestión de los bancos intervenidos, cediéndole la propiedad, pero también de las posibles pérdidas que el saneamiento acarree. Los acreedores, como Alemania, Finlandia y Holanda, quieren que no haya retroactividad y la recapitalización directa se aplique de aquí en adelante. En el primer caso, España vería desaparecer un gran trozo del pastel de su deuda. En el segundo, seguiríamos arrastrando esa bola atada al pié que se uniría al monto total de la deuda.

No pasa nada. El ministro Luis de Guindos ha dicho que no va a haber más subidas de impuestos. Que Europa está muy contenta y nos ha dado el visto bueno. También es cierto, que se le ha concedido a Grecia seis meses más de moratoria sin nuevas exigencias y eso no quiere decir que no tengan problemas de financiación. De hecho, la revista TheEconomist sigue dándole vueltas al tema del rescate español.

Llueve sobre mojado

Quedan pendientes los temas de siempre. La reforma de la financiación autonómica es uno de los principales y más espinosos. Las implicaciones políticas explican que sea un tema favorito para los partidos en la oposición. Es el hígado del gobierno. La falta de un plan, de coraje político, de colaboración y, sobre todo, de sensatez, dibujan un panorama sombrío en este sentido.

La reducción inteligente del gasto, es decir, coger por los cuernos de verdad las partidas que sangran el cuerpo de la economía española, en lugar de tomar medidas parciales, que muchas veces son muy dolorosas. Empezar por el ejemplo propio, dejar de lado intereses políticos tanto de la política de altos vuelos como de la de instancias menores: empresas públicas, sindicatos, fundaciones, partidos políticos, lobbies... Cortarles el grifo del dinero, aunque sea a costa de votos, daría credibilidad a un gobierno que no tiene el apoyo ni de sus votantes más fieles.

Pero para todo eso haría falta una ciudadanía dispuesta a exigir, a comportarse, a abandonar los cantos de sirena del populismo, que, por otro lado, son tan balsámicos.

Habrá que seguir esperando.


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