Godivaciones

La moral de la indignación: en el nombre del pueblo

Por fin llegó el 15-O. Después de tanta expectación y anuncios a bombo y platillo, parece que la asistencia no ha sido la esperada. Muchas ciudades, pero en la mayoría apenas unos miles, y en Tokio, apenas unos cientos de manifestantes. A eso hay que añadir la heterogeneidad de las peticiones, que terminaban por ser locales en la mayoría de los casos. En Japón contra las centrales nucleares, en Filipinas contra el imperio estadounidense, en España contra los recortes... Lo que sí unifica este movimiento, no importa el lugar que consideremos, es que blanden su dedo acusador contra el capitalismo, contra empresas y bancos que viven lucrándose a costa de todos nosotros..De alguna manera el movimiento 15-O ha conseguido despertar la empatía de mucha gente que no se da cuenta de las falacias que defiende y las contradicciones que encierra el espíritu 15-M. La primera es que señalan a esas empresas y banqueros como bastiones del sistema capitalista. En realidad ¿no son dueños de hacer con su propiedad privada lo que les plazca?¿no son el fruto del sistema capitalista? Y ahí está la trampa: no, no lo son, disfrutan, a la vista de todos o por debajo de la mesa, de privilegios otorgados por los políticos en el poder, ya sea el gobierno de la nación, de las autonomías o de los municipios.

Los indignados protestan supuestamente en nombre del pueblo, que ya no se siente representado por unos políticos, pero simultáneamente reclaman a esos políticos actuaciones como la nacionalización de los bancos, de manera que ponen en sus manos el sistema financiero del país de forma casi suicida.

Y tampoco es cierto que los indignados representen a todos. No son los parados quienes se manifiestan masivamente. En muchos casos, son jóvenes con iPhones que reclaman una vida tan fácil como la que han tenido hasta ahora. Pero en otros casos, se trata de gente que se siente estafada por el sistema. En eso coincido con ellos: este sistema político es una estafa. Como mostraba una viñeta de Manel Fontdevila, los mismos políticos que reclaman recortes, que piden inyectar liquidez a la banca para que tenga credibilidad y un riguroso control del gasto, se niegan a que los eurodiputados viajen en clase turista, fueron consejeros de alguna caja de ahorros y se han embolsado una suculenta indemnización, participan en empresas que han construido aeropuertos provinciales medio desiertos o pertenecen a partidos cuya financiación está en entredicho.

Sin embargo, las bases del denostado capitalismo son justamente las opuestas a las que nos muestran los indignados y ellos forman parte de la estafa.

DerechosA mitades del siglo pasado la filósofa y escritora Ayn Rand explicaba que lo que hace del capitalismo el único sistema económico moral en contraposición con el socialismo es que el capitalismo es un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos de los individuos, incluyendo derechos de propiedad; es el sistema en el que la única función del gobierno es proteger los derechos individuales, es decir, proteger a los hombres de aquellos que intenten iniciar el uso de la fuerza física contra ellos. Por el contrario, el socialismo de izquierdas y de derechas incentiva a los hombres a vivir a costa del esfuerzo de los demás. Prometen y prometen y mantienen en el sueño del regalo permanente a la sociedad una legislatura trás otra. Y un día resulta que los expropiados que financiaron con sus impuestos la sopa boba se enteran de que no queda nada en la caja común y que estamos arruinados. Eso indigna a cualquiera. La raíz de esta estafa no es evidente sino que ha consistido en la promesa del “bien de la mayoría”.

Como explicaba Ayn Rand, ese concepto es una ilusión, un espejismo porque significa la entrega de la mayoría desprotegida al poder de una banda que se auto proclaman “la voz de la sociedad”, y que procede a gobernar empleando la fuerza física, hasta que es depuesta por otra banda que emplea los mismos medios. Y en este sentido, los indignados parecen querer imponer ellos también su punto de vista por la fuerza. Ni los políticos ni los indignados tienen en cuenta la voz, la responsabilidad y la libertad individuales. Ayn Rand sabía muy bien de lo que hablaba porque vivió la dictadura soviética. El 15-O en un sistema no capitalista no tendría cabida, véase Tiannamen. La medida del descontento frente al sistema vendrá dada por la abstención en las próximas elecciones, otra cosa implicaría que solamente buscan salir de la crisis sin esfuerzo y sin hacérselo pagar verdaderamente a los políticos. Un gobierno suficientemente grande para darte todo lo que necesitas es lo suficientemente grande para quitarte todo lo que tienes.


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