Godivaciones

El momento de la abdicación: y llegó la nada

El rey se sujeta la Corona mientras saluda con una respetuosa inclinación y sale cojeando de escena. Se cierra el telón. Muchos aplauden. Algunos abuchean. Pero todos se preguntan qué nos espera en la siguiente escena. Felipe espera entre bastidores a que le den paso. Mira inquieto a su padre, luego a Letizia, que está como ida de la emoción. El pueblo español no sabe si tiene algo que decir. Sus representantes, a los que ha votado en estos casi cuarenta años de reinado de Juan Carlos, han dejado para luego lo de elaborar una Ley Orgánica que regule la sucesión, y les ha pillado el toro.

La responsabilidad política

Los partidos mayoritarios, los que no le han echado valor y sentido del deber y no han afrontado la tarea de planificar la sucesión, apelan a la responsabilidad. Esa que ellos no han tenido, la que les debería haber llevado a un debate acerca de qué queremos los españoles. Pero nunca era oportuno, como enseñar las notas a los padres cuando son malas, que siempre viene fatal y nadie encuentra el momento. Que si unas elecciones, que si los independentistas están muy soliviantados, que si espera a ver si Letizia nos da un varón, que si el rey está pachucho y se va a interpretar como lo que no es. El caso es que han pasado treinta y nueve años y el rey no ha esperado más: abdica en Felipe. ¿Y ahora?

Pues nada. Exactamente eso: nada. Apliquemos lo que dice la Constitución, la ley de leyes que cuando nos conviene nos la saltamos pero ahora nos agarramos a ella como a un clavo ardiendo. Y la Constitución no es tan milimetrada, habla de una Ley Orgánica que no está lista y deja la puerta abierta a un infinito mundo de posibilidades de todos los colores. Puede plantearse al hilo de la L.O. un referéndum, que es lo que quieren los partidos de izquierda radical. O puede redactarse la L.O. que proponen PP y PSOE, la que establece a Felipe como sucesor. Se aprueba la ley con los votos de los radicales en contra a ya volar.

La izquierda radical sueña, como todos sospechamos, en ser “el visir en lugar del visir” y tener un rey popular con o sin coleta, pero muy social, capaz de frenar el éxito de los partidos mayoritarios y decantar la balanza a la izquierda cuando sea menester. El PSOE y el PP, saben que su poder será mayor si eligen a Felipe, le atan corto y le dejan para lo que está: tareas de representación y paseo con su mujer, la futura reina republicana.

Y en otro lugar de la galaxia… la realidad llama a la puerta

El mismo día de la abdicación del rey Juan Carlos I en su hijo Felipe, la Comisión Europea publica sus recomendaciones para los países miembros de la UE. Nada nuevo bajo el sol, a ojos de quienes miran la realidad a medio o largo plazo. Para quienes estaban ya planificando el nuevo gasto, ha debido ser como un jarro de agua fría.

Lo que pide Bruselas es recorte de gastos y/o subida de recaudación. ¿Cómo? Pues al parecer la naranja fiscal española no está eficientemente exprimida y, además de revisar la calidad y eficiencia del gasto, se pide una subida del IVA, y de los impuestos que gravan el deterioro al medio ambiente y los bienes inmuebles. La reforma fiscal debería centrarse también en la lucha contra el fraude y en contribuir al crecimiento y aumento del empleo.

Otro de los tirones de orejas se lo lleva el mercado laboral, donde se pide también más eficiencia menos contratos, y utilizar los fondos europeos destinados al empleo juvenil. La unidad de mercado, el sector eléctrico y el desbarajuste institucional en regiones y municipios completan, más o menos, el documento de la Comisión.

En estas condiciones ¿quién va a financiar el coste económico de un referéndum y, eventualmente, de un cambio de régimen (de monarquía a república)? Porque al final, los españoles tienen que saber que esos brindis al sol se pagan con sus impuestos. Y no soy monárquica pero tal vez éste no sea el “momentazo” que la izquierda radical está esperando, tal vez la gente prefiera, primero, salir del agujero, encontrar trabajo, dar de comer a sus hijos y luego ya veremos si preferimos que nos roben con corona o sin corona.


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