Godivaciones

El martillo de Thor nos amenaza

Hay consenso: Alemania es la culpable. Merkel es el obstáculo insalvable entre nosotros y la salvación. Schaeuble se empeña en enturbiar las palabras de Mario Draghi que la semana pasada cayeron sobre nuestras cabezas como agua de vida. “Haré todo lo necesario y será suficiente”, dijo Draghi. Y al día siguiente ya estaba Schaeuble, ministro alemán de finanzas, desinflando nuestras expectativas: que no han cambiado de parecer respecto a la compra de deuda española.

En realidad, la solución a la delicada situación tanto de España como de Italia es bastante complicada y varía de un día para otro. Parece ser que la acción (la que sea) ha de ser conjunta del FEEF y del BCE, y ha de pedirla el país en cuestión. Pero quedan muchos detalles importantes por determinar. “Tamaño y extensión” dijo Junker, la voz de los 17 en el FEEF. Efectivamente, no son flecos sin importancia. Sobre todo porque Grecia llama a la puerta de Europa por si puede conseguirse otro rescate en septiembre. Portugal no está libre de la quema. Y, finalmente, está Francia, de quien nadie quiere hablar por si las moscas.

El enemigo bárbaro

Pero, sea como sea, en España hemos descubierto quién es el enemigo. No son los privilegiados, ya se vistan de sindicalistas, de funcionarios, de banqueros o de políticos. No son los socialistas que nos llevaron de la mano hasta el fondo del barranco. No es el gobierno de Rajoy que nos está dando la estocada final. Es Alemania. Y cuando preguntas cuál es la base de semejante afirmación te responden con mucha tranquilidad: “Es que se financian más barato a nuestra costa. A ellos les conviene esta situación”.

Cuando oigo estos argumentos no puedo evitar recordar las palabras de Hume que, en un intento por demostrar que el comercio no es un juego de suma cero en el que si uno gana necesariamente es porque otro pierde, afirmaba: “Por eso debo aventurarme a reconocer que, no sólo como hombre, sino como súbdito británico, ruego por el floreciente comercio de Alemania, España, Italia e, incluso, Francia misma.” Y explicaba que empobrecer al vecino que ha de comprarte tus mercancías no tiene otra consecuencia más que empobrecer a tu propia nación.

Alemania no es un personaje que actúa como un todo, como si fuera Helena de Troya. Se trata de un conjunto de ciudadanos, como nosotros, que pagan impuestos, como nosotros y eligen a sus representantes para que gestionen los recursos de la mejor manera posible. Como nosotros. Esos contribuyentes utilizaron recursos europeos para costear su unificación. Hecho éste que todos aplaudimos. Aún recuerdo a Carmen Maura recibiendo de manos de Pedro Almodóvar un trozo de muro como símbolo de reconciliación. Sí, los alemanes se unificaron y se apoyaron en Europa para ello. Como nosotros, que desde nuestra entrada en la Unión Europea, también recibimos fondos para nuestra agricultura, para compensar a las zonas deprimidas... fondos dilapidados que sabíamos que un día se acabarían.

La estrategia financiera de Alemania

Por supuesto, muchos inversores alemanes tenían dinero en fondos que apostaron por nuestro país en tiempos de la burbuja inmobiliaria. Exactamente igual que cualquier inversor que pone su dinero en un fondo desea que su gestor lo coloque allá donde pueda haber rendimiento. En eso consiste la inversión. Cierto es que la burbuja inmobiliaria se cebó, en parte, gracias a los tipos de interés tan bajos fijados por el Banco Central Europeo. Nadie protestó durante la fiesta. Al revés, todo el mundo quería que la cosa siguiese así para seguir viajando en verano y entrampándose en una casa más grande y un coche más espectacular. Fue cuando llegó el tsunami financiero y cuando se desinfló la burbuja patria que se abrieron los ojos de muchos.

Y ahora, Alemania, que puso más fondos que nadie en el FEEF para compensar su unificación, cuya economía es tan estable que la prima de riesgo se mide comparando el bono nacional con el bono alemán, propone establecer determinadas condiciones a cambio de meter más dinero en una institución que presta (no rescata, presta) aún sabiendo que la recuperación de ese dinero será lenta. Y todos los españoles nos rasgamos las vestiduras. ¿Por qué? Porque Alemania se financia más barato gracias a nosotros. Pues sí. Pero ¿eso quiere decir que a Alemania le conviene esta situación? No. Porque una cosa es que la financiación sea más barata, y otra cosa es que le merezca la pena que Grecia necesite otro rescate o se salga del euro (en 90 mil millones de euros se cifraba la pérdida sólo para Alemania de esa opción el pasado mes de mayo); y que España e Italia pidan un rescate o se declaren en default también implicaría un altísimo coste para Alemania, Francia y el propio BCE, que son tenedores de nuestra deuda.

El pulso español

La idea de que Alemania está alzando el martillo de Thor y España no debe claudicar como si se tratara de Viriato frente al Imperio Romano es populista, demagógica, y muy alejada de la realidad. De lo que se trata es de que los deudores emprendamos reformas creíbles, de que actuemos como una nación en apuros, en lugar de mostrarnos como un mercadillo de grupos de presión y partidos políticos que tratan de pescar algo mientras el río anda revuelto. Y, en este pulso, tenemos las de perder. Incluso si Thor baja el martillo y nos da financiación, solamente habremos calmado el mono a corto plazo, no habremos acabado con la adicción. Para eso creo que nos falta lo principal: voluntad.


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