Godivaciones

En manos de Cronos y Kairos

La semana que entra comienza noviembre. Apenas quedan dos meses para que acabe el año y seguimos con los mismos dilemas. No se ha tocado ni un duro de los cien mil millones de euros autorizados para la banca. No se ha decidido si se pedirá rescate nacional, la cantidad o las implicaciones. Transcurrido casi un año tras la victoria electoral ya sabemos que se realizará una auditoría (la madre de todas las auditorías, en palabras de Pablo R. Suanzes) cuyos resultados, y por ende, las acciones necesarias que de ella se deriven, no se conocerán hasta dentro de otros ocho meses.

Ganar tiempo como forma de vida

El gobierno de Mariano Rajoy parece estar medio ahogado, subir a la superficie, tomar el aire que puede de cualquier manera y volver a sumergirse en el fondo de un mar que le traga, que nos traga a todos y nos arrastra al default y a la miseria. A veces son unas declaraciones de Draghi, otras es una visita a algún país europeo que da muestras de agrado antes lo que se supone que estamos haciendo, o un guiño de Merkel o el anuncio de una medida definitiva.

Igual que algunos descerebrados españoles pedían un préstamo para devolver otro y vivían de deuda en deuda y tiro porque me toca, el gobierno de Mariano Rajoy aplaza la decisión comprando tiempo (a un enorme tipo de interés) para seguir sin decidir lo que ya todos esperamos, lo que los gobiernos europeos saben, lo que los mercados han descontado.

Pero el tiempo siempre infla las facturas: tratas de retrasar lo inevitable y no sólo no te evades sino que pagas un extra. En nuestro caso, tampoco sabemos a ciencia cierta cuánto más vamos a pagar y en qué términos. Porque no se trata exclusivamente del aspecto económico, también hay desgaste institucional, descrédito de las instituciones, hartazgo de los ciudadanos, aniquilación de las expectativas, de la esperanza. Y eso es difícil de cuantificar y, sobre todo, de recuperar. O mejor dicho, de devolver. Así que los banqueros rescatados que nos traspasan gentilmente sus pérdidas, los gobernantes cobardes que no se atrevieron a dejarles quebrar o a obligarles a un rescate interno (bail in), los gobiernos que decidieron seguir gastando por temor electoralista, los que reclamaron y reclaman subvenciones y gastos para mantener el poder de su lobby (como los sindicatos)... se irán de rositas y nadie responderá por todo ello.

Ni Cronos ni Kairos

Mariano Rajoy no es el favorito de los dioses. Ni ha sido dotado con el don de la comunicación, ni tiene en su equipo a los dos dioses del tiempo según la mitología griega: Cronos y Kairos. Mientras que el primero controla el tiempo cronológico, los días, meses y años, el segundo determina el momento adecuado en el que deben suceder las cosas, el tiempo de maduración. Mariano estuvo ocho años esperando pacientemente en el banquillo de la historia para ganar las elecciones, mucho tiempo de mala oposición, concediendo, mirando a ninguna parte, reclamando “avances sociales” para su partido cuando Zapatero se veía obligado a recortar y simplemente amenazaba con hacerlo, en fin... mucho tiempo asegurando que él lo haría mucho mejor.

Pero el momento de acceder a la poltrona presidencial no ha sido bendecido por Kairos. Y ahí tenemos a todo el gobierno como un coro de plañideras recitando la elegía de “la herencia recibida” casi un año después de la victoria. Incluso si es cierto que lo que se encontraron fue una economía devastada, el ritmo de reacción ha sido nefasto; la profundidad y celeridad que requería y requiere la situación española está muy lejos de lo que el presidente y su equipo está mostrando.

Incluso quienes, desde el otro lado de la orilla política, atacan a Merkel como lo peor que le ha pasado a Europa en la última década y equivocan al personal afirmando que lo que están haciendo con España es como concederte una hipoteca y exigir el pago del total al día siguiente, de sopetón, incluso esos, saben y reconocen en petit comité que el rescate es la única alternativa. No son capaces de decir que lo que están haciendo con España es verificar que vamos a devolver lo que nos presten, no son capaces de reconocer que estamos lastrando el crecimiento de otros países, que estamos recurriendo al dinero de ciudadanos que no tuvieron nada que ver con los excesos de los políticos a los que votamos, y echan pestes del rescate a tenor de la situación de Grecia, Irlanda y Portugal... pero no son capaces de afirmar que podemos evitarlo.

Así las cosas ¿a qué esperamos? Parece que la nueva fecha “segura” (y van unas cinco ya) es a mediados de noviembre, cuando ha dicho la troika que tratará la cuestión española, junto con Grecia y Chipre. Mientras tanto, los resultados de los bancos nos dicen que el paro no ha tocado fondo, que no hay banca para las empresas, y por tanto, no habrá empresas para los trabajadores. Más destrucción empresarial, más paro. Por supuesto, tocar el dinero de los cien mil millones de euros y, con más razón, pedir un nuevo rescate, supondría cumplir con condiciones estrictas e impopulares. Pero eso es lo que hay: los que nos prestan no quieren arriesgarse a que no devolvamos.

Esperemos que en el nuevo mes Cronos y Kairos acompañen a Rajoy y no solamente pida el rescate antes mejor que después, sino que el momento elegido sea el adecuado.


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