Godivaciones

El espíritu del 15S: estampas de impotencia

Sindicalistas de bien. Un grupo de amigos, matrimonios con hijos trabajadores de Albacete. Son unos ocho. Visten vaqueros y camisetas normales. Gorras y gafas para mitigar el sol de Madrid. Quince de septiembre. Son carne de recorte, de estafa sindical, de desilusión política. Votaron izquierda: siendo obreros de toda la vida qué otra cosa podían votar. Ese es su argumento.
Llevan banderas rojas del sindicato enrolladas en el palo blanco que las sujeta. Se apoyan en él para caminar cansados del viaje en bus y la manifestación desde las 10 de la mañana. Es mediodía. Buscan algún sitio barato para comer en pleno barrio de Salamanca de Madrid. A cierta distancia, parecen un grupo de ciegos con sus bastones blancos perdidos en un lugar desconocido.
En cierto sentido, son el espíritu del 15S. Le duela a quien le duela, el 15S representa la ceguera colectiva de gran parte del pueblo español.

Una manifestación estéril

Una furgoneta con carteles de propaganda pegados en flancos y ventanas atraviesa la plaza de Cibeles. Una pancarta va sujeta al techo: “No debemos. No pagamos”. El caso es que debemos y pagaremos. Dentro, al lado del conductor, un entusiasta grita consignas desde un megáfono. Algo del gobierno, las mentiras y los recortes. Gentes con camisetas de colores se mezclan con turistas, lugareños que pasaban por allí, ciudadanos que se van de bodorrio... Muchos manifestantes pancarteros miran al observador neutro con cara de “Estoy aquí ¿me ves?”. Y ahí queda todo. Minutos después ambos se están tomando una cerveza en el James Joyce de Alcalá. El calor no discrimina. Al día siguiente, habrá lucha de cifras entre las instancias oficiales, los medios de un color y los medios de otro. Pero, en general, el resultado no alcanza las previsiones. Eso provoca que me enternezca aún más mi grupo de Albacete. Tanto esfuerzo para qué. El lunes todos a trabajar. A finales de mes, los recortes extra de Luis de Guindos. El IVA que sigue sin esfumarse. La luz sube inexorablemente. Nada ha cambiado. El medio millón (si llega) de paisanos gritando por el centro de Madrid le ha dado una nota de color al fin de semana y ha alegrado la caja de los comercios de una de las zonas residenciales de la capital. Y nada más.

El espíritu del 15S: gente desesperada que camina a bastonazos y protesta sin saber hacia dónde caminar ni a quién gritar 

En el Círculo de Bellas Artes (donde un café cuesta dos euros) una mujer sesentona, maestra peruana jubilada, se sienta en mi mesa. La terraza y la cafetería de dentro (donde hay que pagar un euro solamente por entrar) están a rebosar. Los sindicalistas de España se están dejando los cuartos que no tienen en la sede de la intelectualidad progre española. Me dan ganas de levantarme, subirme a una silla y explicarles que un poco más abajo por Huertas hay bares más baratos y mucho mejores. Mi acompañante espontánea me cuenta que ella cree que la sociedad no debe esperar a que el Estado solucione las cosas, debe actuar con imaginación. Estamos de acuerdo.”¿Entonces usted también se manifiesta?”. “No señora ¿para lograr qué?”. “Elecciones anticipadas”. Le explico que de la misma forma que no espero que el Partido Popular aplique las medidas que creo correctas, tampoco tengo fe en el PSOE, generador de gran parte de nuestros problemas actuales. Asiente con la cabeza. Veo desesperación en su mirada. El espíritu del 15S: gente desesperada que camina a bastonazos y protesta sin saber hacia dónde caminar ni a quién gritar. En su defecto gritemos al poderoso, al que esté arriba.

Protestas a destiempo

Pero ninguno de estos sindicalistas de bien salió a la calle a defender una mejor gestión de su dinero. No se manifestaron cuando Zapatero dio dinero a la banca, cuando se descubrieron fraudes sindicales, cuando se destaparon mentiras en uno y otro partido. Todos tuvieron oportunidad de hablar apenas el pasado noviembre. Y ganó quien ganó. Mentir no es una práctica extraña en nuestra política. Si se penaliza al PP por incumplir su programa, qué hacer con Salgado y sus cifras o con las mentiras de Zapatero. El pueblo español ha consentido la mentira y el despilfarro. Ahora solamente queda manifestarse y seguir pagando impuestos.

Los sindicatos, la izquierda radical y quienes ven votos que rapiñar en este momento tan duro para los españoles avisaron en julio que el inicio de curso sería caliente. Los insultos e intentos de agresión en las universidades públicas de la Comunidad de Madrid parece que sirvieron de toque de campana inicial. Pero lo que realmente necesita el pueblo español no es violencia, amenazas y crispación, sino esfuerzo, perseverancia, ingenio y aguante para salir de ésta. Ojala el dolor social nos enseñara a elegir mejor a los gestores de nuestro dinero. Ojala sirviera para que nos diéramos cuenta que el mejor gestor del dinero de uno es uno. Mientras tanto, el otoño traerá una esperanza: Una Alternativa Liberal. Así se titula el nuevo libro del director del Instituto Juan de Mariana y compañero en Voz Pópuli, Juan Ramón Rallo. En él, Rallo trata de explicar que sí se habría podido hacer otra cosa, y en concreto que, cuáles eran las medidas alternativas que se podrían haber tomado. Otro mundo es posible.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba