Godivaciones

En clave de G

El viernes pasado asistía a #ElDiván, el evento organizado por María Muñoz, de Inversis, más o menos cada mes. Esta vez era Nacho Royo, fundador de CarruselMAB el invitado. Como ignorante aplicada, me senté tratando de entender la jerga y almacenando preguntas en mi cajón mental de preguntas para cuando pudiera pillar a algún santo entendido con mucha paciencia para responderlas (como María Muñoz, por ejemplo). Me encantó ver a un entusiasta Nacho Royo explicando lo apasionante del Mercado Alternativo Bursátil y expresar sus dudas, si bien esperanzadas, en que Gowex (la empresa estrella del MAB) respirara.

No tuve que esperar nada para preguntarle a María, los acontecimientos han forzado que, de sopetón, me encuentre con mucha más información de la que esperaba sobre el tema. Leer las declaraciones de Jenaro García  (CEO de Gowex) diciendo que lo siente “de todo corazón” y recordar la cara iluminada de Nacho ha sido todo uno.

El mundo del engaño humano

Con la sola excepción de las sociedades de insectos, los humanos cooperamos como nadie para proporcionar al grupo cobijo, alimento y protección. Eso nos ha permitido sobrevivir y, además, hacerlo mejorando nuestras condiciones de vida: progresamos, malgré tout. Pero cada acto de cooperación es una oportunidad para que alguien se escaque y aparezca lo que se conoce como free rider, o dicho en castizo, el gorrón de toda la vida, ese que en las mudanzas mueve los muebles como si hiciera algo pero no arrima el hombro realmente.

Ese es el tipo que se beneficia de un bien que disfrutamos todos y no aporta nada. Todos somos gorrones (o free riders) cuando alguien va perfumado y nos alegra el olfato, por ejemplo. Así que para cooperar el ser humano ha desarrollado todo tipo de mecanismos para detectar al explotador y evitar ese comportamiento. Y ahí aparece la exclusión, los incentivos, y un rosario de alternativas que, cuando el grupo es suficientemente grande, termina en una única solución: el castigo.

La persona que no colabore y disfrute intencionadamente de un bien común será penalizado. Este juego de búsqueda del defector y el cálculo de su castigo, así como su aplicación puede complicarse lo que uno quiera. Y da lugar, cuando damos una vuelta de tuerca más al tema, a nuevos tipos de gorrones o explotadores. La razón es muy sencilla: castigar al free rider (o gorrón) es en sí un bien público también, todos nos beneficiamos de ello porque la eliminación de ese comportamiento anti social nos va a beneficiar a todos. Pero ¿cuál es la mejor manera de hacerlo? Bueno, nos hemos inventado un mega regulador que debería evitar estas cosas, pero al bajar de la nube del deber ser y enfrentarnos con la cruda realidad, resulta que no, que le cuelan los goles a mansalva. Hay otra manera y es involucrar a todos los posibles afectados por el free rider. Ese es el mercado. Y el ejemplo perfecto lo tenemos en el caso Gowex/Gotham.

Quién vigila al vigilante

Gowex era, en principio, una exitosa empresa de telecomunicaciones, que presentaba cuentas revisadas por una auditoría independiente, y en la que muchos accionistas confiaron, seducidos por unas cifras de rentabilidad apabullantes. El MAB, promovido por Bolsas y Mercados Españoles, es un mercado supervisado por el megaregulador, ese superhéroe estatal al que hemos encargado que se ocupe de vigilar para que no haya engaños y abusos. A su vez, el vigilante ha confiado en un mini-superhéroe, la auditora que revisaba las cuentas de Gowex.

Pues ni uno ni otro han detectado que Gowex llevaba cuatro años presentando cuentas falsas.

Con los recursos del Estado (el dinero de todos los españoles) y una auditoría independiente no se han dado ni cuenta. Tanto es así que cuando la semana pasada la empresa de análisis estadounidense Gotham City Research anunció que el valor de Gowex era cero, todo el mundo desconfió de Gotham, no de Gowex. Y aún hoy, después del bochorno de las declaraciones de Jenaro García, se describe a Gotham como “opaca”, que es un adjetivo asociado a cosas turbias. Oiga, turbias, turbias, lo que se dice turbias… las cuentas de Jenaro, ¿no?

Pero, visto desde fuera, no pasa de ser un engaño más en un mundo donde el ser humano responde a incentivos y si los hay para ser santo, es santo, pero si los incentivos le empujan a la brutalidad, el ser humano es brutal. Nada nuevo bajo el sol, excepto para quienes confiaron y perdieron y ya están preparando la batalla judicial. Ojalá se haga justicia.

Lo mejor de todo son las declaraciones del ministro de Guindos, que realmente explican que existan Jenaros por el mundo. Dice don Luis que "El ministerio de Economía está elaborando la Ley de Financiación y la Ley de Auditoría y ahí se van a realizar las principales modificaciones que se pueden incluir para mejorar lo que son los controles”. Como no funciona lo que hay, doble ración. Más Gotham y menos sobrelegislación.


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