Godivaciones

El circo de la realidad política española

Explicaba el cantante Pedro Guerra en su canción El Circo de la Realidad que en ese lugar ficticio, “sólo hay reflejos de la realidad, se desinforma de la realidad, todo se compra, en realidad”, que “la gente piensa que la realidad es el deseo de la realidad y todo vale, en realidad”.

No se me ocurre una mejor descripción del panorama político español.

En plena pretemporada, todos los partidos tratan de cubrir todas las opciones. El resultado es un híbrido de propuestas de todo tipo, no solamente económicas, que en estos momentos son importantes, también se trata de promesas de transparencia, de moralidad, de renovación.

Y eso es peor, porque la economía no funciona por sí sola, en ningún sentido.

Es preferible plantarle cara a lo que hacemos, a lo que elegimos y a lo que no elegimos

La compleja realidad

Las medidas económicas que proponen unos y otros están fundamentadas en una visión particular de todo: del ser humano, de la vida en sociedad, de cuáles deben ser las normas y de muchas cosas más. La ética está por debajo de todo, lo sepamos o no, lo queramos o no, y la subida de un impuesto, o una medida de simple maquillaje económico, refleja de alguna manera los valores que se promocionan en la sociedad, esas normas sociales que si no se miran, reconocen y asumen tanto si se está de acuerdo con ellas como si no, te las cuelan como me colaban las verduras en el puré de legumbres para que no me diera cuenta. Vivir mirando al techo es una manera muy tonta de vivir. Es preferible plantarle cara a lo que hacemos, a lo que elegimos y a lo que no elegimos.

Por eso es importante señalar lo que no se ve de la economía: quiénes son los verdaderos beneficiarios de esa medida aparentemente bondadosa, cuál es el verdadero significado de las palabras que nos seducen porque nos quedamos en la música y no alcanzamos a oír la letra, o qué ética apoyamos cuando aplaudimos a aquellos que señalan con el dedo a los que no quieren que sus acciones salpiquen a los demás, y reclaman que el uso del dinero ajeno sea escrupuloso, no irresponsable. Porque el prójimo que paga ese euro al gestor político es un padre de familia de clase media, o de los que le cuesta llegar a fin de mes, etc.

Sin embargo, hablar de la poca ética de unos impuestos onerosos, que han de serlo por el monto de deuda que políticos manirrotos han asumido en nuestro nombre, es garantía de estigma social. Te insultan, te etiquetan y te colocan en el apartado de “peligrosos radicales insolidarios”. Y tú solamente has defendido el uso escrupuloso del euro de la señora multi empleada que va sentada a tu lado en el metro. 

La aparente realidad mola más

¿Por qué esa señora no te da las gracias sino que se une al coro de palmeros de los políticos que piden más gasto, más impuestos, y más de todo (pero financiado por los otros)? Porque la apariencia de quien lo reclama es mucho mejor que mi apariencia. Como decía el canario Pedro Guerra es una señora sabiamente desinformada de la realidad, a la que se le muestra un reflejo de la realidad. Y ella, pues bastante tiene con llegar a fin de mes con los hijos en paro o con el marido jubilado.

Además está el atractivo que tiene el segundo verso de la canción. La gente piensa que la realidad es el deseo de la realidad. Y ahí es donde los vendedores de unicornios hacen su agosto y acaban con las existencias de falsedades y de mitos de todos los tamaños y colores.

Todos prometen hacerse cargo del asunto. Y casi todos tienen esqueletos en sus armarios, y porquería bajo la alfombra

Todos los partidos políticos presentes en el circo de este año reclaman transparencia y regeneración. Todos prometen hacerse cargo del asunto. Y casi todos tienen esqueletos en sus armarios, y porquería bajo la alfombra. Es verdad que, hoy en día, la ineficiencia de la justicia permite que quien sea me impute algo que no he cometido por un indicio que puede ser falso y hasta que se lleve a término el caso en los tribunales nos dan las uvas. Pero varias veces, porque los retrasos en la justicia se cuentan ya en años. ¿Hay que bajar de las listas y de los cargos a cualquier imputado permitiendo que venga un desaprensivo y acuse adrede para eliminar a los candidatos fuertes? Es un problema que debería solventarse con leyes en la mano que penalizaran la imputación falsa. Pero mientras tanto todos los políticos deberían ser mucho más escrupulosos.

Todos los políticos van a solucionar el problema del paro y la pobreza y casi todos lo van a hacer quitándole a unos (en mayor o menor medida, más o menos directamente) para dárselo a los demás. ¿Es así como queremos educar a nuestros hijos? ¿Queremos que aprendan que se puede uno saltar las reglas de la propiedad privada por un puñado de votos en vez de tomar el camino más largo de la creación de empleo mediante la actividad de quienes de verdad generan empleo, las empresas? Porque seguimos siendo de los países donde crear empresas es más difícil y donde, como me recuerda Juan Ramón Rallo en las tertulias siempre, se penaliza a las empresas que crecen por encima de un nivel y las micro empresas no dan como era absorber todo el desempleo.

No basta con desear que baje el paro, o que acabe la corrupción, o que aparezca de la nada un sistema productivo maravilloso y hacer “cualquier cosa”. Hay que hacer lo que funciona y no lesiona la ética. Financiar mis maravillosas ideas con dinero ajeno no es lo mejor, evitar que la gente se haga responsable de sus actos tampoco. Eso sí, se ganan menos votos. Y todo se compra en realidad.


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