Godivaciones

Se busca ilustrador para España

Hace más de doscientos años, el economista francés Jean-Baptiste Say se preguntaba: "¿Podrán ser ilustrados los que gobiernan no siéndolo los gobernados?". Esa pregunta, que por desgracia sigue tan vigente, me lleva a observar a nuestros gobernantes y sus gobernados y plantear posibles respuestas.

La ilustración en el gobernante

En una semana en que los dos principales partidos han tenido masivas reuniones con todos los convencidos de un lado y de otro, sentando bases, poniendo los puntos sobre las íes y tratando de mostrar su mejor perfil, no puede una más que rasgarse las costuras de la vestimenta y, como decía Martirio en su canción, "coger la puerta y salir... ¡corriendo como las locas!".

Si la novedad de un partido socialista es que gira a la izquierda, cuando en esencia es la izquierda dominante, en vez de hacer un repaso a sus dirigentes y separar los tocados por casos de corrupción, promocionar a los "ilustrados", retirar a los "asnos" por más que tengan la sonrisa blanqueada, hay algo en la izquierda que no va. Y ese es el partido que nos gobernaba hasta hace poco y que pretende tomar el relevo. Un partido quebrado, con porquería bajo las alfombras y de cuyo rumbo solamente se sabe que ha girado a la izquierda, según dicen ellos mismos. No sabemos cuántos grados y si saben leer las estrellas en el cielo.

También hemos tenido reunión en el Partido Popular. Tampoco han entonado el "mea culpa" ni han mirado sus entrañas. No ha dicho que giran a la derecha. No han dicho nada, básicamente. No hay más novedad que el "somos los mejores" y "estamos levantando España". Y mientras, España mira perpleja los codazos que los francotiradores, expresidentes con una pensión vitalicia de infarto, dan a sus compañeros de partido, una vez que ambos, y me refiero a González y Aznar, residen en el Olimpo de los dioses políticos. ¡Qué dorado retiro!

Y la pregunta que me inquieta es si esta gente de verdad sabe qué es lo que está haciendo. Lo peor es que no sé si preferiría que la respuesta fuera afirmativa o negativa. Porque, si no lo saben, cabe un cristiano perdón de la categoría "es que no saben lo que hacen". Pero si, como gobernantes ilustrados, que es lo que todos desearíamos que fueran, saben lo que hacen, entonces dan ganas de reclamar el invento de Monsieur Guillotin para que presida la Puerta del Sol, al lado del oso y el madroño, simplemente como elemento disuasorio para políticos ilustrados pero irresponsables.

La ilustración del gobernado

Pero escuchando a la gente, leyendo lo que se dice por las redes sociales y lo que se comenta respecto a unos y otros, me doy cuenta de que tampoco los gobernados demuestran mucho interés en ilustrarse. Y ya sé que la televisión está sesgada, unas cadenas miran al PP, otras al PSOE y todas a la subvención. Pero eso no es excusa. La gente compra el mensaje que le conviene atendiendo a su situación particular, no hay una ciudadanía que tenga como objetivo una sociedad más justa, más próspera, más civilizada y que se comprometa. La cortedad en los fines que se plantean los dirigentes es la misma que la de los dirigidos. Y es muy complicado distinguir qué fue antes.

Por eso abundan los libros facilitos sobre la crisis, la recuperación y las medidas que se toman, no se toman, se anuncian o se desean. Para que haya un mensaje para cada español, como hay un calcetín por persona bajo el árbol de Navidad. En ambos casos, a la espera de que algo caiga.

Pero no todo es oscuro. Esta semana sale a la venta el segundo libro de Daniel Lacalle, "Viaje a la Libertad Económica". Es uno de esos libros de los que uno piensa que ojalá lo lean gobernantes y gobernados. Y no es un libro académico, al revés, es divulgativo. Daniel es de esos tipos directos y claros, que te habla con la verdad en la mano y los principios éticos en el corazón. Como no es un tipo siniestro, ni va de pijo por la vida, ni es muy académico, sino divertido pero riguroso, le tienen censurado en los programas de quienes se proclaman súper plurales, abiertos y objetivos. No hay quien pueda con él. Ni el chico 10.

Pero a mí me entristece su éxito. No por inmerecido. Sino porque cuando hay que escribir libros divulgativos proclamando y explicando que la libertad crea riqueza y ese mensaje, después de los 200 años que nos separan de Jean-Baptiste Say, sigue sonando tan revolucionario, me lleva a concluir que ni educación, ni siglos de pensamiento económico son suficientes. Y me da mucha pena. Siempre nos quedará Lacalle. Y el rock.


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