Godivaciones

Esto lo arreglamos entre todos... pero ¿cómo?

Después de una semana de calma chicha en la política española, con los perdedores clamando por democracia interna y unión, y los ganadores de perfil mirando al techo, podría parecer que reina cierta calma en nuestro panorama. Sin embargo, los últimos quince días han sido terribles en el ámbito de la economía europea. Mientras Rajoy calla, Merkel y Sarkozy siguen de reunión en reunión tratando de llegar a un acuerdo respecto a cómo salir de ésta.

Poco a poco nuevos bancos se aproximan a la zona de peligro y nuevos países, como Bélgica y Holanda, aparecen en las listas de “contagiados” por el terrible virus de la crisis de deuda soberana.

El escándalo financiero de la semana pasada cuando Alemania no pudo colocar toda su deuda nos heló la sangre a muchos. La idea de una Alemania fuerte tirando del carro de todos, le cayera bien o mal a los analistas de un matiz ideológico o de otro, era mucho más tranquilizadora que la visión de un líder enfermo, como todos, que no pueda ejercer su liderazgo finalmente.

Y España es uno de esos países que esperaba salir de la crisis a rebufo de los listos de la clase, aunque a cambio tuviera que acceder a tomar las medidas necesarias, le moleste a quien le moleste las exigencias y rigores de la canciller Merkel. Lo malo, como ya sabemos todos, es que las medidas se prometieron, se anunciaron y no se pusieron en marcha o se aplicaron siguiendo la “táctica del salami” (se corta un poco de aquí, un poco de allá pero no se nota nada).

Mientras algunos analistas nos emperramos en escudriñar en las causas y en señalar a los responsables de todo este desastre, con la vana esperanza de que alguien asuma las consecuencias de sus actos, otros más pragmáticos se plantean llegado a este momento, qué hacer.

Y lo cierto es que da la impresión de que nos encontramos en un punto de no retorno y que el precio de cualquier acción va a ser demasiado alto, no solamente para nosotros, sino para las futuras generaciones.

Por un lado, están los partidarios de la emisión de eurobonos. Quienes abogan por esta medida suponen que la poca credibilidad de la deuda de algunos países será compensada por la fortaleza de la de otros, como si una especie de redistribución solidaria y salvífica del riesgo fuera a entrar en funcionamiento rescatándonos a todos de la quema. Sin embargo, la realidad nos demuestra que normalmente la redistribución implica que nos igualemos todos a la baja, es decir, sucedería justo lo contrario. Tal y como explicaba en su blog Daniel Lacalle, el riesgo no se disipa por acumulación, se contagia. De ahí que Angela Merkel, que no tiene un pelo de tonta, se niegue rotundamente a la solución que muchos países europeos defienden irresponsablemente.

Por otro lado, está la creación de una liga de primera división de países cuyo euro es más euro que el de los demás. Esta es la solución que a día de hoy resulta más probable, ya que tanto Francia como Alemania parecen apoyarla, al menos según los medios de comunicación alemanes. Los miembros de este club de los super europeos someterían sus presupuestos a control supranacional y además se comprometerían a mantener sus déficits públicos a raya. Como contrapartida, recibirían ayuda del Banco Central Europeo que haría todo lo posible por mantener la deuda soberana de estos países con un tipo de interés bajo.

Pero tanto si se emiten eurobonos, como si se crea el club, y el BCE sale al rescate de los mejores de la clase, como si tiene que actuar el FMI en los países que peor se porten, hay un par de preguntas que subyacen a todas las soluciones que contemplemos y que nadie parece hacerse: ¿de dónde sacarán estas instituciones el dinero necesario para solucionar nuestras deficiencias? En algún momento habrá que ampliar el capital, y eso supondrá aumentar las aportaciones de los miembros, cargando más aún las cuentas de los países miembros, a quienes se está prestando. De ahí que también en esto Merkel sea escéptica y asocie la compra de deuda por el BCE con rigor presupuestario nacional.

La segunda pregunta es la siguiente: ¿de dónde sacaremos el dinero para pagar esta ayuda, provenga de donde provenga? Los países con una capacidad de crecimiento mayor, con una economía más sólida, lo tendrán más fácil. Pero quienes tenemos un nivel de paro, de destrucción del tejido empresarial y de empobrecimiento como el nuestro, lo pasaremos mucho peor, y no tendremos más remedio que transferir el problema a nuestros descendientes. Nuestra solución aparente es ir reestructurando la deuda con más deuda a costa de pagar unos intereses crecientes. La solución real pasa por reducir drásticamente los gastos del sector público, fomentar el ahorro y la inversión y abandonar las guerras de patio de colegio de unos y otros. Visto lo visto, el futuro no parece muy amigable para Rajoy, que debe estar redactando su carta para los Reyes Magos.


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