Godivaciones

La altura de las circunstancias

En el último artículo de Daniel Lacalle en Cotizalia, se expone una de las versiones más crudas y veraces de parte de la realidad española. En concreto, la del sistema bancario. La compara con la historia bancaria reciente de Japón y los resultados de las medidas que se tomaron en el país nipón. Viene a cuento por la moda de última hora entre “la resistencia española” frente a los rescates y los recortes.

Un espejo en el que mirarse

En España, país que mira hacia fuera y vive hacia adentro, siempre hemos tenido un enemigo y un modelo extranjeros. Estados Unidos ha sido uno de los países que supuestamente pretendía colonizarnos mediante la economía, ahora tenemos a Alemania, cuya canciller “Merkel necesita alimentar a sus dobermans y vendrá a por España” en palabras de José Carlos Díez, prestigioso economista de Intermoney, entidad muy próxima al PSOE. Por otro lado, el modelo sueco fue también el más popular y lo sigue siendo para aquellos que probablemente no han leído a Mauricio Rojas. Y ahora, tenemos un nuevo modelo, esta vez, de miseria. Miseria sostenida, digamos. Porque imitar las políticas de Japón, como explica Daniel Lacalle nos puede llevar a una situación definitivamente sin salida, que tal vez ellos soporten porque tienen una industria más sólida que la nuestra.

En resumen, la idea de los iluminados por el faro japonés defienden un Banco Central Europeo que alimente la burbuja de deuda publica, y que el estado lleve a cabo “políticas de crecimiento”, esto es, más gasto público para contrarrestar al sector privado, que permanece inane, sin fondos, con excepción del turismo. Según Lacalle, y coincido, es suicida.

Una burbuja de deuda significa que el sector financiero (español en un 70%) ha estado comprando y recomprando deuda pública española a un valor artificialmente superior al real y que ahora, momento en el que está desmontándose, ese valor se evapora y los bancos con deuda pública se quedan con las manos vacías.  Imposible no acordarse en estos momentos del slogan del Tesoro Público que vende papel estatal: “Con la garantía del Estado”. Una de las cosas que diferencian una burbuja de deuda soberana de otras burbujas es que, normalmente, los bancos no ponen pegas a los gobiernos, ni les exigen nada realmente comprometido. Es parte del compadreo banca-gobierno. El rescate bancario es la manifestación de la contraprestación por parte del gobierno.

La era de la confusión

En ese estado de cosas, nuestros gobernantes, a un mes de cumplir su primer año de mandato, no dan señales que permitan anticipar cuándo van a tomar el dinero del rescate bancario ya firmado y aceptado para lavarle la cara a la banca. El diseño del banco malo va a ser una chapuza, otra más, de un Partido Popular más centrado en las elecciones locales y el mantenimiento de sus barones autonómicos en una posición lo más fuerte posible que en otra cosa.

Incluso si la Unión Europea nos vigila para que no metamos más patas, un banco que va a comprar unos activos dañados y a basar su recuperación en la venta de los activos, que son inmobiliarios, implica que asumen que no se va a recuperar el banco malo, o que en algún momento, como señala también Daniel Lacalle, se espera una recuperación del sector inmobiliario. Y eso huele a nueva burbuja. Como no hemos tenido suficiente con una burbuja inmobiliaria vamos a programar una segunda, no perdamos la costumbre. La vida, al parecer, es el tiempo que transcurre entre burbuja y burbuja.

Según la agencia Reuters, Rajoy prevé pedir el rescate en noviembre. El mes que esperábamos, por otra parte. La rotundidad de la noticia y la afirmación de que procede de fuentes muy fiables y cercanas y de lo más seguras huele a Almunia. Con lo cual, una ya no sabe si es una treta o una pista. Como siempre, lo seguro es el dinero que los españoles no tenemos, la subida de impuestos, el trabajo que tantos millones no tienen, los candados en las empresas cerradas que ya nunca más ofrecerán esos puestos de trabajo, y el frío del invierno que se acerca ensombrecindo aún más el panorama.

La alternativa a lo que hay

¿Y qué hace el PSOE mientras tanto? Pues está de campaña, como no podía ser de otro modo. Dividido y todo, con sus guerras internas y sus caudillos locales, el PSOE trata, exactamente igual que el PP, de mantener sus piezas del tablero autonómico lo mejor posicionadas que puedan. Y entre arenga y arenga su líder suelta perlas como lunas de grandes y resplandecientes. Palabras de Rubalcaba: el que fuera ministro y vicepresidente del gobierno que llevó el paro hasta donde está ahora ha dicho que la política de Rajoy "trae hambre para hoy y más hambre para mañana", que el FMI "le ha enmendado" todas sus previsiones económicas a Rajoy y le ha pedido que trate a Merkel "con la misma dureza con la que trata a los parados y a los pensionistas" en España.

Se le olvida que fue su gobierno el que le dio el estatus de parados a esos que ahora defiende, y que en septiembre del 2011 Zapatero, recibía la absolución europea de manos de Merkel, a quien quiso llevar a lanzarote el pasado agosto.

En conclusión, la oposición está a por uvas y no entra en el tema escabroso a fondo porque sabe que Merkel recomendó por dos veces el rescate a Zapatero, y que de estar ellos en el gobierno no habrían tenido mucho más margen de maniobra. No dudo de que lo habrían hecho aún peor que el PP, lo cual tampoco es un consuelo para nadie.

Seguimos esperando que nuestros políticos estén a la altura de las circunstancias. Seguimos necesitando unos políticos con altura de miras y con pantalones suficientes como para dejar de lado el partidismo y asumir los costes de la recuperación de todos: la quiebra de los bancos que invirtieron mal.


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