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La abstención: los números invisibles

Queda muy poco más de un mes para las elecciones generales y a medida que avanza noviembre encuentro más razones para reafirmar mi opción: la abstención. Ya sé que recibiré incomprensión por parte de muchos, que algún lector me recriminará que debería vivir en la Edad Media porque no merezco vivir en una democracia que no valoro y es posible que, de nuevo, reciba insultos más o menos velados. Pero abstenerse también es actuar, exactamente igual que el silencio habla por sí solo.

Nueve votos que, a decir de los independentistas, representa a los catalanes, mientras que para los no independentistas, lleva a la tiranía de los menos sobre los más

La tiranía de los números

Los estudiosos del sistema democrático de la Escuela de Public Choice explican desde un punto de vista teórico los problemas de los diferentes sistemas de votaciones, abordan cuestiones como la paradoja del votante, la dificultad de conocer las verdaderas preferencias de los ciudadanos en los procesos de votación, etc. También estudian los diferentes tipos de mayoría (la mitad más uno, absoluta, dos tercios) y en qué casos se deberían aplicar. Obviamente, gobernar exigiendo mayoría absoluta en el Parlamento siempre puede provocar un colapso. Pero la otra cara de aceptar una mayor flexibilidad en las mayorías necesarias para según qué cosas la hemos vivido en España ayer mismo. El Parlamento autonómico catalán ha votado sí a la independencia por mayoría de 72 frente a 63. Nueve votos de diferencia que determinan algo tan relevante como la soberanía de un pueblo. Nueve votos que, a decir de los independentistas, representa a los catalanes, mientras que para los no independentistas, lleva a la tiranía de los menos sobre los más. Pero así son las reglas de juego de la democracia que todos tanto alaban. Esa democracia de la que me dicen, cuando se empeñan en convencerme de que vote, que es el menos malo de los sistemas y que hay que respetar.

Ese mismo sistema ha permitido que un Parlamento se salte la ley y que la Presidenta de ese Parlamento autonómico declare acerca del Presidente del gobierno de la nación: “No creo que se atreva a cumplir la ley”, y que se proclamen la insubordinación democrática que es como legitimar el incumplimiento de la ley.

Setenta y dos diputados regionales que han decidido acerca del futuro del país de casi cuarenta y siete millones de personas. Sinceramente, algo no cuadra desde mi punto de vista.

Curiosamente, para acercar los políticos a los ciudadanos creo que la división de las unidades de gestión político-económica es fundamental. Eso no implica necesariamente disolver España, pero tampoco va en contra de un Estado federal. 

Los números más incómodos

Sin duda los votos más incómodos para el sistema político son los que no se producen, los votos de quienes no nos acercamos a votar. Y lo que se suele hacer para convencernos de que cambiemos de actitud es insultarnos, culpabilizarnos e ignorarnos. No parece muy empático, ciertamente. Pero así funciona nuestra sociedad. Los políticos ni nos miran aunque en general, representemos la segunda o la tercera fuerza “política” en las votaciones de los principales países. Y digo “política” porque creo que quien no va a votar también se está expresando. Por supuesto que no todos los abstencionistas tenemos la misma intención y que en algunos casos se debe a ignorancia, exactamente igual que los votos a uno u otro partido político. Yo recuerdo a un amigo de la infancia explicándome que siendo él obrero de la construcción, a quién iba a votar sino al partido de los obreros. No le importaba el número de parados generado por ese partido, a pesar de que el desempleo es el principal atentado social de nuestra sociedad.

Uno de los mitos que se han desplegado entorno a la abstención es que es un fenómeno de pueblos poco civilizados

Uno de los mitos que se han desplegado entorno a la abstención es que es un fenómeno de pueblos poco civilizados. Sin embargo, los estudios muestran que entre los que pueden alardear de alta participación histórica en sus votaciones, junto a países como Liechtenstein, Australia o Canadá se encuentran Uzbekistán, Bahamas o Burundi. Por otro lado entre los que registran una mayor abstención están Camerún y Gambia pero también Francia, Irlanda, Reino Unido y España. Así pues, la idea de que una mayor participación es propia de pueblos civilizados no es cierta.

¿Realmente es tan sorprendente que haya personas responsables y preocupadas por el futuro de su país que se nieguen a participar en un sistema tan obscenamente defectuoso y sin perspectiva de que se vaya a cambiar? A mí lo que me extraña es que millones de personas se dejen atrapar por el miedo en el cuerpo que los políticos nos inoculan. Porque esos mismos políticos son los que no van a mejorar el sistema, no van a aceptar eliminar las listas cerradas simplemente porque de esta manera les resulta más fácil vivir de la defensa de su partido, no de los ciudadanos, ni siquiera de sus afiliados, me refiero a la estructura esclerótica de los partidos. La mejor prueba es comprobar la cantidad de viejas glorias que siguen ahí pie al cañón pagando facturas a costa de un sistema en el que no voy a participar tampoco esta vez. Y que me lluevan piedras.


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