Godivaciones

Varoufakis: el dios griego de la comunicación (dual)

El pasado fin de semana, el programa Salvados de La Sexta nos brindó una larga entrevista a Varoufakis que, con toda seguridad, sorprendió a unos y a otros. A mí me sorprendió la maravillosa voz que tiene, que no es mérito suyo exactamente, pero no por ello resulta menos seductora. Comunica mucho mejor que el 70% de los profesores de economía que conozco (y conozco muchos) y, a buen seguro, sus clases deben ser muy entretenidas.

Como político, también sabe navegar en el proceloso mar de la entrevista periodística. De ahí que, mientras muestra un estilismo de “rock star”, abomina de los políticos que aparecen como rock stars y, mirando  los ojos del periodista, le echa la culpa a la prensa.

Defender “A” y “no-A” en la misma frase es más que posible, pero venderlo como hace Yanis Varoufakis no es fácil

El Hades: la deuda griega

Que la deuda griega es impagable era claro y notorio. Que todos los políticos juegan a hacer como que no lo saben, también. Y que no se trata solamente de la griega sino que todos sabemos que la nuestra, que casi representaba al cierre del 2014 el 98% del PIB de la nación, tampoco será devuelta totalmente, eso también es sabido. El juego consiste en que si tienes suficiente dinero como para ir pagando los intereses te siguen renovando eternamente, a plazos más o menos largos y a tipos más o menos altos. Pero te renuevan. ¿Qué hizo mal Grecia? No era capaz de pagar ni eso. Y está quebrada.

Lo que propone Varoufakis es reconocer ese impago mediante una quita. La lógica es: “¡Qué más dará! Si no vamos a pagar nunca y sencillamente se trata de reestructurar, pues reestructuremos sobre una deuda menor”. Porque hay varias maneras de reducir una deuda por la vía tremenda. Se puede dejar de pagar parte del principal, se puede pagar más tarde, o se pueden pagar menos intereses. Y luego está el super-combo, que consiste en hacer las tres cosas a la vez. El pasado mes de enero, en plena campaña electoral, los titulares contaban que Alexis Tsipras pedía una "moratoria para todos los países, con intereses nulos hasta que la ratio de deuda haya bajado hasta el 20% del PIB". El domingo, Varoufakis incidía en la idea de que el impago estaba cantado y que piden restructurar la deuda para evitar el desastre social en el que está sumido su país. Como si cada plato de comida que NO puede llevarse a la boca ese vendedor de periódicos ambulante, con quien estuvo hablando, estuviera desconectado de la situación pasada, de los votos pasados, de los fraudes pasados… sin mencionar la rendición de cuentas de todo eso.

La comunicación confusa

Defender “A” y “no-A” en la misma frase es más que posible, pero venderlo como hace Yanis Varoufakis no es fácil.

Jordi . “Hay gente que cree que en los discursos de las reuniones de ministros europeos solamente se piensa en los votos, en qué quieren oír los votantes para mantenerse en el sillón. ¿Es verdad?”.

Yanis. “Yo no pienso en mis votantes. Me dan igual. No pienso en ellos en absoluto”.

(Silencio elocuente)

Jordi. “¿Y en qué piensa?”

Yanis. “Pienso en las personas. Como por ejemplo, en el vendedor de periódicos ambulante que me dijo: “Yo estoy acabado, pero piense en esa gente que está a punto de caer por el precipicio de la miseria”. Y le hago caso, pienso en ellos, y en los trabajadores que no llegan a fin de mes: alemanes, o españoles… “.

Y ahí, en ese preciso instante, vi el brillo del político en la mirada del economista. Vi el postureo. Ese que él mismo reconocía haber mostrado durante la campaña, en una famosa entrevista en la BBC nada más ser elegido ministro de economía. Simplemente lo vi.

Una pena. Porque oírle decir que para los ciudadanos griegos el Estado es el enemigo del pueblo (como en las camisetas de mis amigos rothbarianos); que hay que privatizar los bancos una vez saneado; o que al igual que debería suceder con los presidentes del gobierno y con los ministros, también en las universidades, aquel que se postule como director de departamento o como decano debería ser inmediatamente expulsado, pues me llenó de gozo. Casi me convence y todo. Como el vendedor de crecepelo. Uy.


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