Godivaciones

Palabras de espuma, líderes vacíos

A falta de un año de las elecciones generales y menos aún de las municipales y autonómicas, los políticos mueven ficha y despliegan sus armas. A cada cual más triunfalista, todos se presentan como la solución y recriminan a los demás, en muchas ocasiones los mismos errores en que ellos incurren.

Los medios y las redes sociales se han convertido en un bazar en el que cada cual anuncia su mercancía. A menudo burdas copias de propuestas que ellos no pueden ofrecer pero han tenido éxito en otros países, otras veces dando gato por liebre mostrando opciones que al segundo de ser elegidas se desmontan y aparecen tal cual son, falsas o irrealizables.

¿Cuál va a ser la actitud de la sociedad electora española? ¿La de los compradores compulsivos que se llevan cualquier cosa que tenga colores brillantes aunque sea una baratija? ¿O la de los compradores responsables que aseguran cada euro que gastan?

La falta de agua amarga el gusto

Una de las características de nuestro panorama político es la falta de líderes. No me refiero a líderes carismáticos, sino simplemente a líderes naturales. Hombres de paja hay en todos sitios, yo hablo de gente involucrada con un proyecto que despierte confianza y pasión en sus seguidores. Para eso tiene que tener seguidores, no apoyos de los barones de uno u otro partido, no el beneplácito de quienes están atornillados a su puesto para que sea él (o ella) quien frene los golpes y se queme en cuatro años. O en dos.

En españa faltan líderes; no líderes carismáticos, sino naturales. Hombres de paja hay en todos los sitios

Estamos saturados de líderes de pacotilla, convenientes, especialmente de cara al aparato, a la nomenklatura de cada uno de las opciones políticas. Y esto es como el agua en el desierto, que su escasez hace que su sabor sea más amargo. La que hay es la que hay, y como no corre el agua, la que bebemos es sucia, está viciada y sabe mal. Pero es eso o nada.

Los votantes nos hemos dejado convencer de que lo que necesitan los partidos son técnicos, gente de la organización de toda la vida porque supuestamente tienen vocación de servicio público. Todos sabemos, sobre todo por sus actos, que ese pretendido "servicio público" es en realidad servicio al partido y que el civil servant es más bien un apparátchik. Esa diferencia indica que el objetivo último no es ya la sociedad sino el partido, y que "tu gente" no son tus paisanos sino tus compañeros de partido. No estoy deduciendo mala intención en todo ello. Simplemente, el civil servant ha delegado sus funciones en la organización, y se supone que es el partido el que mira por la sociedad, mientras yo lo hago por el partido. Pero, si en unos casos es fruto de la ingenuidad, en otros muchos es una excusa para obtener cargos, rentas, poder, a través de servilismo político. La diferencia es notable cuando atendemos a la formación. Mientras que para ser un buen economista del Estado hace falta años de formación, unas oposiciones, etc, para llevar tal o cual área dentro del partido no tienes que hacer nada, excepto estar dispuesto a obedecer las consignas.

Todo esto es tan amargo como el agua del desierto.

Las palabras de espuma electorales

Y como estamos en pleno fragor de las campañas electorales del 2015, estos no-líderes ya andan blandiendo sus discursos tan vacuos como falsos. La renta universal, la exigencia de transparencia política y el pacto ciudadano son tres de los ejemplos más dolorosos.

Porque ¿a quién no le gustaría que todo el mundo pudiera tener una renta básica para poder salir adelante, sobre todo con lo dura que está siendo esta mala situación económica sostenida durante tanto tiempo? Pero ¿es factible, es algo real? NO.

Y ¿a quién le disgustaría que los partidos políticos, las instituciones públicas y todos los organismos del Estado dieran un paso al frente y extirparan el cáncer de la corrupción de cuajo? Pero ¿es una situación creíble? NO.

Y ¿quién puede estar en contra de un pacto ciudadano? Pues es que no se sabe qué es exactamente eso. Si Pedro Sánchez, el que lo ha propuesto, quiere decir crear una subcomisión de la comisión para reunirse y discutir acerca de la reforma constitucional y seguir meneando el mismo caldero pero poniéndose la medalla de ser el autor de un "pacto ciudadano" pues creo que derrocha recursos y equivoca el tiro. Porque tal vez de lo que se trata es de saber si los españoles queremos reformar la Constitución preguntando en un referéndum. Que cada partido presente sus propuestas de reforma antes de las elecciones para que los españoles que votan voten a sabiendas, y finalmente, que se reforme la Constitución. Eso me parece que se acerca más a un "pacto ciudadano" que otra pelea de gallitos de corral. 


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