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Monago, a la búsqueda de empresas

Ayer, el nuevo presidente de Extremadura, José Antonio Monago, tras 100 días de su legislatura, afirmaba en el diario Expansión que ser liberal es fácil en Madrid ero no en Extremadura. Y añadía: “Ojalá yo pudiera fomentar la libertad de empresa en mi región, pero es que no tengo empresas para hacerlo”. Así argumentaba que cuando el sector frutero está muy disperso, el Gobierno ha de ayudarle a agruparse.

Las declaraciones de Monago encierran varias trampas. Por supuesto que sin empresas no hay libertad de empresas... y sin libertad de empresas lo que hay es una institución sucedánea dirigida por un compinche del Estado o directamente por el Estado, es decir, por los políticos o por los adláteres. ¿Un ejemplo? Las cajas de ahorro. Y ahí las tienen, cayendo en picado y lastrando al país. Ser liberal en Madrid o en la Conchinchina significa lo mismo: defender la libertad individual que implica, además, que cada cual asume la responsabilidad de sus actos. Ni lo que se está haciendo con las cajas es liberal, ni asumir los costes de los empresarios con dinero de todos los demás tampoco. Y eso es lo que significa “ayudar” a evitar la dispersión de los empresarios fruteros con el dinero de los demás, como apunta Monagos, alias “el barón rojo”. No es la única región en la que hubo dispersión mientras no aparecieron empresarios que consideraron rentable eliminarla. Y en esas regiones no siempre estaba el Estado, o un político dispuesto a salir elegido, que se hizo cargo de la situación. Tal y como lo plantea Monago si no hay iniciativa del político, el empresario no es capaz de sacarse las castañas del fuego. Es esa condescendencia con que los socialistas de todos los partidos acostumbran a tratar a los ciudadanos. Eso sí, le hace mucha gracia cuando le llaman “intervencionista”.

Por otra parte, para “dinamizar el débil tejido empresarial”, tal y como demuestra la experiencia, el Impuesto de Patrimonio no es lo mejor. Además de, en algunos casos, gravar dos veces las mismas pertenencias, emite la señal de alarma para quienes acumulan e invierten: los empresarios. Esos empresarios que parece echar tanto en falta el presidente de Extremadura.

Estoy de acuerdo con él en que no hay que demonizar palabras. Y pone como ejemplo la palabra “recorte” y aclara que no quiere recortar en bisturís y sí en corbatas. Tiene razón, pero debería empezar por ver la viga en su ojo y quitarse ese complejo que tiene parte de la población de este país, y no demonizar las palabras beneficio, lucro, ganancia. Las empresas tienen ánimo de lucro y si se penaliza el patrimonio, y no se puede canalizar el beneficio, no hay más que instalarse en otro lugar. Por eso las políticas liberales proponen dar facilidades, sin subvencionar pero sin poner trabas a que las empresas tengan ganancias. A lo mejor la libertad de empresa no es una consecuencia de que existan empresas en la Comunidad de Madrid, sino al revés: la libertad de empresa es la causa de que en Madrid haya un parque empresarial más dinámico que en Extremadura.

Consciente de la diferencia entre unas Comunidades Autónomas y otras, Monago defiende que el Impuesto de Patrimonio sea exigible en toda la nación... claro, y así se evita tener que competir con las demás. Lo que no se da cuenta es de que la competencia existe también a nivel nacional, y saldrían capitales a invertir en otros países donde no fuera tan oneroso.

No es casualidad tampoco que la tasa de paro siga subiendo en Extremadura, que el PIB extremeño siga en recesión y que esta comunidad autónoma lidere el riesgo de población de caer en la pobreza con un 38,2 % frente al 20,7 % nacional. El único consuelo es el turismo, sector vulnerable en épocas de crisis internacionales.

La renovación del tejido empresarial extremeño no se producirá a golpe de empujoncitos políticos, sino abriendo puertas a la iniciativa empresarial auténtica, la guiada por ingenio no subvencionado.


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