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Liderar la alternativa en Cataluña

Esta semana se abre con las declaraciones cruzadas de dos destacadas dirigentes del Partido Popular, Alicia Sánchez Camacho y María Dolores de Cospedal. Una representa los intereses del PP en Cataluña, la otra es secretaria general del partido. El tema no puede ser más candente: la financiación autonómica.

A río revuelto, ganancia de votantes

El detonante ha sido la amenaza independentista de Artur Mas. Como si fuera la primera vez que Mas lanza un órdago a la democracia, o que se plantea el tema de la independencia, o se pisa manifiestamente la cabeza de los catalanes que no tienen tan claro lo de ser independientes y se habla en su nombre como si todos los ellos sintieran como Mas.

Pero, esta vez, Sánchez Camacho se ha erigido en la lideresa de la alternativa. ¿De cuál? De la misma alternativa de siempre: un modelo asimétrico de financiación para Cataluña. Porque, tal y como explica la jefa del PP catalán, Cataluña no puede ser más solidaria que el resto y hay que compensar.

Ya sé que soy muy arisca políticamente y que se me sale el escepticismo por las orejas, pero a mí eso de liderar la salvación me suena a búsqueda de votos casi a la desesperada. Ella, Alicia, se ofrece para reunir a los 'barones' autonómicos y llegar a una solución que comprometa a todos y, de esta manera, conseguir hacer frente al terror de los mares independentistas: Artur Mas. Rival que, como decía antes, lleva ya un tiempo tocando a las puertas del Estado de la nación reclamando referéndums, consultas y, sobre todo, reclamando dinero.

¿Qué ha cambiado? ¿Por qué ahora y no antes, Alicia? Porque ahora ve un filón en el miedo de la gente y de los políticos a la determinación y el descaro con que Mas enseña los dientes. Y eso que Mas, para mi gusto, llega a traspasar la frontera del ridículo. Las autoridades europeas deben estar hasta el gorro de este político de una región española que intenta, por todos los medios, arrancarles una palabra que pueda ser tergiversada y mostrada como un sí a una Cataluña europea, más que española.

La división del liderazgo político

Pero la respuesta de María Dolores de Cospedal no ha sido de extrema alegría. Más bien ha sido prudente y distante. Que cada cual puede pensar lo que quiera y decírselo a sus votantes, oiga. Pero, mucho ojo con elevar a categoría de "propuesta de partido" lo que no es sino un intento local.

Y ese cruce de miradas y palabras no hace sino subrayar la manifiesta división entre el PP y el PP-C. La misma grieta de siempre. Y la misma que existe casi clonada entre el Partido Socialista Obrero Español y su 'filial' catalana, que es realmente un partido diferente de facto.

A mí eso de liderar la salvación me suena a búsqueda de votos casi a la desesperada

Con un poco de perspectiva, quienes observamos el panorama político español nos damos cuenta de que la tela de araña de nuestro espectro político se ha hecho, merced al ansia de sillón presidencial autonómico, mucho más compleja. Los intereses autonómicos chocan con los locales y con los de los partidos nacionales. La búsqueda del voto indeciso, cautivo o desencantado está plagando el panorama de batallitas, disputas y, a veces, puñaladas traperas, entre miembros del mismo partido. Y en medio, el votante, que paga la fiesta.

Porque, al final, hay que recordar el oscuro objeto de deseo que mueve todo: la financiación autonómica, ese pozo sin fondo a donde van a parar los euros ganados con tanto esfuerzo por todos nosotros.

Liderar la confianza imposible

No por casualidad, también se abre la semana con los resultados de la encuesta del CIS que nos muestran que el español confía más en la posibilidad de una recuperación económica que en la solución del desgastado y raído sistema político español. Cada vez menos gente cree que la política española puede regenerarse. Los casos de corrupción, pero también la sensación de que no hay líderes de verdad, explican estos resultados.

Y con razón. Una miradita a los dos partidos que se reparten el pastel basta. Rubalcaba aparece cada semana con críticas que suenan ya muy manidas, sin relevo visible.

Mariano Rajoy se mantiene sujeto por unos datos que son menos alarmantes pero siguen siendo preocupantes, agarrándose a cualquier cifra, manipulada o reinterpretada, que pueda justificar todo lo que no hace.

Los reinos de taifas autonómicos tiran cada cual de su esquina de la manta para no perder su parte del pastel o para lograr alguna prebenda más.

Pero es inimaginable una situación en la que nuestros políticos dejen de representar a sus partidos y nos representen a los españoles, exhaustos, deprimidos por los impuestos, la corrupción, la falta de rendición de cuentas y el cachondeo generalizado al que nos han acostumbrado.

Lo peor, para mi gusto, es que no hay un plante general ante esta situación, sino un disidente abandono, una bajada de brazos nacional, como el perro que ante la perspectiva de ser apaleado simplemente se queda quieto, incapaz de defenderse o de huir. Así, el pueblo español, renuncia a encontrar por sí mismo la alternativa. Y lo pagaremos.


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