Godivaciones

González y Botella: la otra vergonzosa herencia recibida

Esta semana hay un nuevo rifi-rafe en el patio del colegio en el que se ha convertido la convivencia entre ayuntamiento y gobierno autonómico de Madrid. Aguirre dice que muy mal, Botella dice que peor es lo del Hospital de la Princesa y González remata diciendo que Botella no se ha enterado.

Para cualquier madrileño estamos con lo de siempre. Porque estas disputas son habituales –y hasta divertidas- desde hace muchos años. No hay que olvidar que tanto Ignacio González como Ana Botella están donde están sin que nadie les haya votado directamente, sino que estaban de número dos, uno de la Presidencia de la Comunidad de Madrid y la otra del Ayuntamiento de Madrid. Pero antes, sus antecesores, Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón ya habían dado el espectáculo en varias ocasiones. Además de las rencillas hacia la Comunidad de Madrid, Botella heredó una deuda multiplicada por cinco en el consistorio por obra y gracia de Ruíz Gallardón y su magnífico despacho que incluía a un mayordomo cuya única función es servir café a ella y a sus invitados. Lo que no ha heredado la señora de Aznar es la habilidad para comunicarse con los medios del actual Ministro de Justicia. Cuando era alcalde, al menos, Gallardón no fue exactamente un dios de la oratoria, pero tampoco metió la pata notoriamente. Sin embargo, Ana Botella empezó por hablar de peras y manzanas y ha terminado de manera desastrosa ofreciendo una rueda de prensa en la que no ha dejado claro nada, excepto que no va a dimitir.

Por su parte, Ignacio González tiene una larga trayectoria “aguirrista” y de servicio al partido desde que sacó sus oposiciones a Técnico Superior del Ayuntamiento de Madrid en 1984. Desde entonces, 20 años entre unos cargos y otros. Desde ese punto de vista es un digno heredero del bastón de mando de Esperanza Aguirre, quien le ha hecho un flaco favor abandonando el rinconcito a la sombra de su puesto en Turismo para enmendarle la plana a Botella. Y es que entre mujeres no se puede.

No tendría mayor importancia si no fuera porque el tema clama al cielo. Se trata de una catástrofe en la que no se sabe quién tiene las manos limpias y quién no, en la que ha habido muertos, heridos, irregularidades flagrantes. Y en vez de tomar decisiones con determinación, se lanzan la pelota de la responsabilidad los unos a los otros, salen a la luz turbios pasados, relaciones medio ocultas, amistades peligrosas. La típica situación en la que una alcaldesa, una líder política, debería haber estado a la altura de las circunstancias, y haber dejado claro desde el primer momento que se van a depurar responsabilidades también políticas. ¡Qué ocasión perdida la de las dos! La de la señora Aguirre para callarse y no emponzoñar desde la sombra, la de la señora Botella para diferenciarse de otros políticos de otros partidos pero también del suyo propio que, en casos de posible corrupción o delito, han mirado al techo e intentado guardar las apariencias hasta el último momento. Con lo fácil que habría sido explicar: “Con los datos que tengo, que son muy pocos solamente puedo decir que caerá quien tenga que caer. Vamos a ver qué dice la investigación policial”. Y no decantarse por la propiedad, por la policía, ni por nadie… más que por las víctimas inocentes y sus familias, que no tienen consuelo.

Y luego está el famoso viaje a Sintra, o viajes, porque al parecer estuvo yendo y viniendo. Que dicho así, parece que Sintra está en Alcalá de Henares, y no, está mucho más lejos. Si es tu aniversario de boda, como tu marido tiene experiencia política y por tanto es muy fácil que te entienda, y dado que probablemente no os vais a divorciar ipso facto y habrá más aniversarios que celebrar, te quedas en Madrid a mirar el teléfono por si suena. A acompañar a los afectados. A seguir de cerca los acontecimientos. O simplemente a hacer el paripé. Pero te quedas. Por pudor político. Eso de lo que carecemos en este país.

Las divisiones internas del Partido Popular en el gobierno y del Partido Socialista Obrero Español en la oposición son una muestra más de hasta qué punto no existe la responsabilidad política ni se sabe qué es. ¿Podemos esperar de semejantes actores un pacto económico o de cualquier otro tipo? No. Podemos esperar que se azuce la crispación, se alimenten las huelgas, las algaradas, los “rebotes” personalistas de políticos mediocres. Una vergüenza.

Solamente queda esperar que la marea de la crisis sistémica purgue también este tipo de gestores de cuarta regional, y que los votantes españoles se responsabilicen de la categoría profesional de “sus elegidos”.


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